La luna de miel entre Donald Trump y Elon Musk parece tener un límite claro: la seguridad de Estados Unidos. A pesar del papel protagónico del magnate en el gobierno, el presidente dejó claro que hay temas que no compartirá con él. El motivo: sus vínculos empresariales con China. ¿Se está resquebrajando una de las alianzas más polémicas del gobierno? Aquí los detalles.
Musk, el aliado empresarial con acceso restringido

Durante una reunión en la Oficina Oval sobre un nuevo avión de combate, Trump respondió a rumores sobre la participación de Musk en decisiones militares. Fue tajante: “Elon tiene negocios en China, y eso podría hacerlo susceptible”, dijo. Con esas palabras, reconoció públicamente —por primera vez— que el papel de Musk como asesor tendrá límites.
Musk dirige Tesla, empresa que no solo vende en China, sino que tiene plantas de producción en ese país. En un contexto geopolítico cada vez más tenso con Pekín, Trump consideró que sería un error compartir con Musk planes sobre un posible conflicto militar con China.
Sin embargo, no todo fue crítica. El presidente también elogió a Musk por su papel en la búsqueda de eficiencia dentro del gobierno. De hecho, esa misma mañana, el empresario visitó el Pentágono en representación del Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE), una iniciativa del gobierno para reducir costes operativos.
Entre la eficiencia radical y el riesgo estratégico

Según el secretario de Defensa, Pete Hegseth, Musk estuvo en el Pentágono “para hablar sobre eficiencias e innovaciones”. A su salida, el empresario se limitó a decir que haría “todo lo que pudiera ser útil”, sin confirmar si tuvo acceso a información sensible.
Pese a las restricciones impuestas por Trump, el papel de Musk en la administración sigue siendo significativo. Ha sido una figura central en la reducción masiva de la infraestructura gubernamental. Su enfoque, basado en el despido de decenas de miles de empleados y la cancelación de programas, ha sido celebrado por los partidarios de Trump, aunque duramente criticado por sectores políticos y sociales.
Un funcionario del Departamento de Defensa confirmó esta semana que entre 50.000 y 60.000 empleos civiles serán eliminados como parte de esta reestructuración impulsada por Musk y respaldada por el presidente.
La situación revela un equilibrio delicado: mientras Musk es valorado por su eficiencia y visión empresarial, Trump parece decidido a mantener el control sobre lo que considera información sensible, especialmente cuando los intereses económicos cruzan fronteras.