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La escena que vemos tuvo lugar el pasado domingo. A diferencia de las iglesias en Estados Unidos que alteraron sus servicios para cumplir con las órdenes de cierre, el pastor Tony Spell congregó a 1.800 fieles en Louisiana al tiempo que imploraba que “Jesús acabaría con la pandemia”. No es un caso único. Hoy Spell está detenido, hay 34 infectados por asistir a una sola misa, y una mujer ha fallecido.

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Lo cierto es que cuesta entender hasta donde llega la fe de algunas personas. Supongo que será por aquello de “la fe mueve montañas”, el mantra al que puede agarrarse un cura para, por ejemplo, literalmente subirse al tejado de la Iglesia para que “el Santísimo” les ayude a combatir el coronavirus. Esto ocurrió esta semana en un pueblo de Cáceres (España).

El sentido común de gran parte de la población nos dice que debemos quedarnos en casa para no propagar los contagios y aplanar la curva. Sin embargo, hay iglesias que se resisten a ello con mensajes tremendamente peligrosos.

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En Estados Unidos, donde desde hace unas horas se han convertido en el país con el mayor número de casos de Covid-19 en el planeta, están teniendo serios problemas para detener a las iglesias (y sus fieles) de reunirse y rezar a su dios para que los salve de la pandemia.

A la mayoría de estadounidenses se les ha instado a mantener el distanciamiento social durante la pandemia, y muchos estados tienen órdenes vigentes de no permitir reuniones de iglesias, pero no todas las congregaciones están dispuestas a hacer caso.

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Tony Spell es uno de esos ejemplos. El pastor se negó en rotundo a cerrar su iglesia. De hecho, dijo que continuaría celebrando reuniones y que Jesús era la forma de manejar la pandemia. También decía que la reacción del país al virus era un ataque contra la iglesia, un mensaje repetido en otras congregaciones.

Finalmente, el pasado domingo desafió a las autoridades que habían prohibido reuniones de más de 50 personas congregando a esas 1.800 fieles en su iglesia de Louisiana. Spell dijo que el gobierno no podía detener un evento al aire libre al tiempo que lanzaba el siguiente mensaje:

¡Seguid yendo a la iglesia! ¡Seguid adorando a Dios! ... ¡La iglesia es un hospital para los enfermos! Es un lugar de curación para los quebrantados de corazón. La forma de manejar una pandemia es a través de la mano sanadora de Jesús.

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Más tarde afirmó que los feligreses se habían curado en ocasiones de enfermedades mortales como resultado de ir a sus servicios. Fue tal la acogida, que muchas parroquias en Louisiana llegaron en autobús para asistir al servicio de Spell:

Spell fue detenido tras la celebración de la misa y durante su arresto alegó que “hay tiendas minoristas abiertas, incluidas Target y Walmart, y mi parroquia es más esencial que esas tiendas”.

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Ocurrió algo parecido el pasado domingo, aunque con menos asistentes, en una iglesia de Pensilvania. Allí se congregaron unas 200 personas al reclamo del pastor Tom Walters, quien dijo que la iglesia permanecería abierta y según lo programado porque la reacción del país a COVID-19 “podría ser, disfrazado en todo lo demás, un ataque directo a la iglesia”.

La iglesia también compartió un streaming en vivo del servicio. Además, el pastor predicó en su sermón sobre la curación de personas con coronavirus:

Si hay una persona en este lugar, o dos, tres, las que sean, que puedan estar infectadas de coronavirus, declaramos que están curado en el nombre de Jesús. Aleluya.

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Desde Pensilvania saltamos a Cincinnati. El mismo día que el gobernador de Ohio, Mike DeWine, ordenó a los residentes que se quedaran en casa, una iglesia del área celebró dos servicios. En este caso, se pedía la participación del público asistente y los fieles se paraban unos frente a otros compartiendo micrófonos.

Ilustración para el artículo titulado
Imagen: JamieBrown2011 (CC0)
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Hay muchos otros casos, como la iglesia de Buffalo, Nueva York, que celebró otra misa después de saberse que el estado es el epicentro de la pandemia en el país. Para alejar los “espíritus y los virus” a la entrada se rociaba a fieles con agua bendita. El pastor de la iglesia dijo que confiaban en Dios y que “sentimos que estamos cubiertos y protegidos por el Señor”.

Pero sin duda, el mayor acto de irresponsabilidad de todas estas congregaciones tiene que ver con los hechos ya conocidos antes de sus sermones.

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William Barton murió hace poco más de una semana, la segunda muerte relacionada con Covid-19 en Arkansas. Barton había sido uno de los 34 infectados detectados tras una misa celebrada en una iglesia a comienzos del mes de marzo. De hecho, fue el pastor de esta iglesia, Mark Palenske, el primero en alertar al país de la seria amenaza del virus si seguían celebrando misas. Palenske y su esposa habían dado positivo por coronavirus.

Es imposible saber todavía cuántas de estas personas que han acudido a la llamada del señor pueden haberse contagiado y a su vez extender la propagación hasta que tengan los primeros síntomas (o incluso sin ellos, si son asintomáticos), pero diríamos, viendo lo que ha ocurrido en España o Italia con manifestaciones antes de, que serán muchos.

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El tiempo dará o quitará razones, pero mientras tanto, nosotros nos sumamos al mensaje del pastor Barton y la ciencia: dejemos la fe en casa y, sobre todo, dejemos de organizar misas. [Independent,CNN, BuffaloNews]

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