La historia del cometa 41P/Tuttle-Giacobini-Kresák es bastante inusual. Un siglo se tardó en identificarlo, se lo conoce porque produce llamaradas fulgurantes, y cuando pasó cerca de la Tierra en abril de 2017 los astrónomos vieron que su rotación era mucho más lenta que antes.
No es inusual que cambie la velocidad y el rumbo de giro de un cometa, pero se trataba de la reducción en velocidad más drástica que se hubiera visto. Ahora un astrónomo miró con mayor detenimiento las imágenes del 41P que tomó el telescopio espacial Hubble en diciembre de 2017 después de su acercamiento al sol. Y su nuevo análisis sugiere que la rotación del cometa en realidad es ahora en sentido contrario.
“Hemos visto cambios en el sentido de rotación, pero no tan grandes y tan abruptos”, le dijo al New York Times David Jewitt, autor del trabajo que se posteó en el servidor pre-impresión arXiv el 6 de febrero.
Un cometa pequeño, un gran cambio
Los astrónomos del mundo entero observaron al 41P cuando pasó junto a la Tierra hace nueve años. Un equipo de la Universidad de Maryland luego determinó que la velocidad de su rotación se había hecho más lenta, de una cada 20 horas en marzo a una cada 46 horas en mayo.
“El registro anterior de un cometa con rotación más lenta había sido el del 103P/Hartley 2, que pasó de rotar cada 17 horas a rotar cada 19, en 90 días”, dijo Dennis Bodewits, científicos investigador adjunto del Departamento de Astronomía de la UMD, y autor principal del trabajo de 2019. “Pero el 41P redujo su velocidad más de 10 veces en solo 60 días, por lo que la tasa y alcance de este cambio es algo que nunca antes se ha visto”.
Hace poco, el análisis de datos del Hubble que efectuó Jewitt buscó medir el tamaño del núcleo del 41P, su núcleo de hielo sólido, para estudiar de qué modo cambiaba la curva de luz del cometa después de su aproximación al sol.
Basándose en las mediciones del brillo y aceleración no gravitacional del cometa, Jewitt determinó que el núcleo del 41º es pequeño, con un radio de 0,5 kilómetros apenas. El análisis de la curva de luz reveló que la rotación del núcleo probablemente se revirtió entre su acercamiento máximo al sol en abril de 2017 y diciembre de 2017, como resultado del torque de la pérdida de gases.
Cuando un cometa se acerca al sol el calor hace que se sublime el hielo volátil que hay en su núcleo, es decir que pasa directamente del estado sólido al gaseoso. La pérdida de gas no se da de manera pareja en toda la superficie del núcleo y la investigación que publicó Jewitt en 2021 sugiere que las áreas que más gas emiten pueden ejercer el torque suficiente como para hacer que la rotación del cometa cambie de sentido. El 41P es el primero en el que se ha observado directamente este fenómeno.
Potencial respuesta al misterio del cometa
Al observar el sistema solar los astrónomos ven menos cometas del tamaño del 41P de lo que sugerirían los modelos, y lo que descubrió Jewitt podría explicar por qué.
Al perder gases los cometas de menos de un kilómetro de radio pueden sufrir cambios en el sentido de rotación, según el estudio de Jewitt de 2021. El 41P lo demostró en 2017 cuando el sentido de su rotación cambió a pocos meses de acercarse al sol. Eso fortaleció la idea de Jewitt de que los cometas de ese tamaño pueden producir chorros de gas que dan lugar a rápidos aumentos en la velocidad de su rotación, que pueden hacer que “terminen destruidos por su propio giro”, según le dijo al NYT.
“La evidencia muestra que los cometas no viven demasiado”, afirmó. “Hay otros procesos que destruyen a los cometas, y en mi opinión la rotación es la causa”.
Los astrónomos volverán a tener oportunidad de observar a 41P cuando se acerque otra vez al sol en 2028. Será fascinante ver si el cometa ha sufrido algún otro cambio importante, porque eso brindará datos poco frecuentes sobre la evolución de los cometas pequeños a lo largo del tiempo.