Hatshepsut fue una de las pocas mujeres en convertirse en faraón del Antiguo Egipto. Tras su muerte, gran parte de sus estatuas fueron halladas rotas o dañadas, lo que llevó a muchos historiadores a pensar que su sucesor intentó eliminarla de la historia por completo. Sin embargo, una nueva investigación ofrece una perspectiva más matizada sobre lo ocurrido y cuestiona la idea de una simple venganza política.
Una faraona poderosa cuya imagen fue mutilada
Hatshepsut asumió el poder como regente en 1479 a.C., en representación de su joven sobrino Tutmosis III. Pero en 1473 a.C. comenzó a reinar como faraón con plena autoridad, convirtiéndose en una de las pocas soberanas femeninas del Antiguo Egipto. Más de tres mil años después, arqueólogos desenterraron miles de fragmentos de sus estatuas cerca de su templo mortuorio en Deir el-Bahari. En ese momento, muchos expertos, como el arqueólogo Herbert Winlock del Museo Metropolitano de Arte, interpretaron el hallazgo como prueba del resentimiento de Tutmosis III, calificando los restos como “reliquias desesperantes del desprecio de Tutmosis”.
No obstante, el egiptólogo Jun Yi Wong, de la Universidad de Toronto, propone una explicación más compleja. Según su estudio publicado en Antiquity, parte de los daños a las estatuas de Hatshepsut se deben a rituales de “desactivación” utilizados por los antiguos egipcios para neutralizar el poder espiritual de las imágenes. Estos rituales, lejos de ser actos de odio, eran prácticas comunes incluso para faraones varones.
Wong destaca que, aunque tras la muerte de Hatshepsut se ejecutó una campaña sistemática de borrado de su nombre e imagen, muchos de sus monumentos presentan daños parciales y no una destrucción total. Este hallazgo cuestiona la idea de que su sucesor intentó eliminar todo vestigio de su existencia por simple animosidad.
¿Ritual, reutilización o venganza política?
Analizando notas de campo, dibujos y fotografías de las excavaciones del siglo XX, Wong descubrió que muchas estatuas conservaban los rostros intactos. Si Tutmosis III hubiera querido borrar a Hatshepsut por completo, se habría asegurado de destruir todos sus rasgos faciales. Además, fragmentos rotos en puntos específicos como cuellos, rodillas o tobillos podrían corresponder a rituales simbólicos para “neutralizar” su energía, un tratamiento común también para otros faraones.
Por otro lado, algunas estatuas de Hatshepsut fueron reutilizadas como materiales de construcción, lo cual también explica parte del deterioro. Este tipo de reciclaje arquitectónico era habitual en Egipto, y no siempre implicaba un rechazo deliberado a la figura representada.

Sin embargo, Wong no descarta por completo el componente político. A diferencia de otros faraones, Hatshepsut sí sufrió una persecución simbólica, cuyo impacto en la memoria histórica fue significativo. Pero añade que las acciones de Tutmosis III podrían haber estado motivadas tanto por rituales religiosos como por presiones políticas, y no exclusivamente por enemistad personal.
En última instancia, considerar que Hatshepsut fue tratada de forma similar a otros faraones tras su muerte —a pesar del castigo simbólico que recibió— hace que su ascenso al poder como mujer sea aún más notable. Su legado, fragmentado pero persistente, continúa revelando secretos que desafían las versiones simplistas de la historia.