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Por qué el tren de alta velocidad es en realidad un fiasco económico

El tren de alta velocidad se ha vendido en muchos países como un milagro económico sinónimo de la modernidad. España presume de ser el líder mundial en kilómetros por habitante. ¿Un orgullo? Nuevos datos apuntan a que la alta velocidad es en realidad un gran fiasco económico, social y medioambiental.

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"Se ha generado una burbuja de expectativas alimentada por los intereses de constructoras, directivos del sector ferroviario, consultoras, políticos... vendiendo la modernidad y el beneficio económico, cuando la realidad es que, en la mayor parte de los casos, es un enorme fiasco". Así de rotundo lo explica al teléfono Germà Bel, catedrático de economía de la Universidad de Barcelona quien, junto al profesor Daniel Albalate, acaba de publicar un detallado informe en el que desmonta los mitos sobre alta velocidad ferroviaria. No tiene desperdicio.

Brutal inversión sin retorno económico

Foto: tren de alta velocidad entre Pekín y Shanghái. AP

Las conclusiones del informe son demoledoras. De los 14 países que tienen hoy en día redes ferroviarias de alta velocidad, con decenas de líneas en marcha, solo dos, la que comunica Tokio y Osaka en Japón, y la de París-Lyon, son rentables financieramente. El resto, asegura Bel, son proyectos al calor de los intereses de compañías y políticos que, no solo son un pozo de tragar miles de millones de inversión, sino que lejos de generar beneficios económicos, sociales y medioambientales, pueden hacer todo lo contrario: agravar la situación. En palabras de Bel:

Las líneas de alta velocidad generan lo que se conoce como un efecto túnel: conectan dos grandes nudos de población, pero el resto alrededor no obtiene ningún beneficio económico a medio y largo plazo. Es más, entre esos dos grandes núcleos, siempre hay uno que acaba absorbiendo la actividad del otro, por lo que el efecto neto total en la actividad económica se ha demostrado que es irrelevante y, en muchos casos, negativo.

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Pese a lo que se puede creer, no existe ningún informe detallado que haya podido demostrar tampoco un impacto positivo en la actividad económica proveniente del turismo. "El número de turistas en las ciudades enlazadas tiende a aumentar, pero el número de pernoctaciones tiende a reducirse. Pasado el aumento derivado de la novedad en la fase inicial del servicio, los efectos a más largo plazo son, cuando existen, marginales", explica el informe.

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Y peor: genera desigualdad social

Tal vez la conclusión más preocupante del informe de Bel y Albalate es que, lejos de generar cohesión social, como se nos vende, el transporte en tren de alta velocidad parece que acaba favoreciendo a la gente con más recursos económicos y perjudicando a las familias más modestas. ¿Por qué?

El perfil de viajero más frecuente, en gran parte por los precios de la alta velocidad, es el de usuarios de negocio de grandes empresas (no pequeñas y medianas), o usuarios individuales con un renta superior a la media. Además, se produce un efecto degradación sobre el transporte ferroviario convencional, de cercanías y otras modalidades, que es el que utiliza gente con menos recursos económicos. Y no son percepciones. En Francia se ha demostrado por primera vez en un amplio estudio que, efectivamente, los usuarios perjudicados por la instauración de la alta velocidad eran los de menor renta de las poblaciones colindantes a los grandes núcleos urbanos.

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El informe contradice otro mito sobre la alta velocidad ferroviaria: contaminar menos. Comparativamente (teniendo en cuenta el número de pasajeros), es cierto, un tren contamina menos que un avión. Pero para que la puesta en marcha de la alta velocidad resulte en una menor contaminación agregada, señala la investigación, se necesitan mover grandes cantidades de pasajeros y que, además, se reduzca fuertemente el número de vuelos. Es algo que no ocurre ni en España ni en ninguno de los otros países analizados.

Del desastre de España, ¿al de EE.UU.?

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Foto: Línea de tren entre Tokio y Osaka. AP

Frente al caso de "éxito" que se intenta vender internacionalmente, Bel no duda en calificar el AVE español como un "desastre":

La inversión del AVE en España no se ha realizado para beneficiar a la gente. Ha sido una decisión política con una idea administrativa detrás: unir todas las capitales de provincia con Madrid. Mucha gente veía eso hasta ahora como un sinónimo de igualdad, pero desde el punto de vista práctico, de sentido económico, ha sido un fiasco. Y más teniendo en cuenta la crisis económica desde el 2007.

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Europa y Asia han invertido fuertemente en la alta velocidad ferroviaria y EE.UU. quiere empezar a hacer lo mismo en California. El proyecto de unir San Francisco con Los Ángeles lleva años y años de retraso, pero no parece que vaya a aprender de los errores de otros países. "Lo de crear 11 estaciones en Los Ángeles creo que lo tendrán que repensar. Y Los Ángeles no es una ciudad compacta. Lo que hace un tren de alta velocidad es disgregar aún más una ciudad. Sin antes no la has compactado con ferrocarriles metropolitanos y política urbanística, no irá por el buen camino", avisa Bel.

Puedes leer el informe completo "La experiencia internacional en alta velocidad ferroviaria" y el análisis de Bel en otros medios como El Confidencial. Es también autor del libro "The Economics and Politics of High-Speed".

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Foto de portada: nuevo tren de alta velocidad entre Shanghai y Hangzhou, en China. AP

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