Representación artística de un megalodón persiguiendo orcas
Illustration: Tobyv23 (Monster Wikia / CC)

El gran tibur√≥n blanco es un aut√©ntico monstruo que puede alcanzar los 7,5 metros de largo. Ahora imagina eso mismo, pero de 18 metros (dos autobuses urbanos medianos uno detr√°s de otro). Esa criatura es el megalod√≥n, y se extingui√≥ hace 2,6 millones de a√Īos, pero ¬Ņc√≥mo estamos tan seguros?

El megalod√≥n (Carcharodon Megalodon) es el pez de la familia de los tiburones m√°s grande que se conoce. Se cree que los ejemplares adultos m√°s peque√Īos ten√≠an alrededor de 10,5 metros, y los m√°s grandes 17 o 18. Su peso oscilaba entre las 12,6 y las 59,4 toneladas, y sus dientes alcanzaban los 18 cent√≠metros de longitud.

Un diente fosilizado de megalodón, junto a dos dientes de tiburón blanco
Photo: Kalan / CC

Aunque pertenece al mismo género que el gran tiburón blanco (Carcharodon Carcharius), ambas especies no están directamente emparentadas y los biólogos no tienen claro si el megalodón tenia un aspecto similar a la de los tiburones blancos o era más como los tiburones peregrinos. Sea como fuere, lo que está claro por sus dientes es que era un depredador, y que verlo en directo debía ser un espectáculo sencillamente terrorífico.

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El poder del megalodón ha inspirado numerosos relatos de entre los que sobresale MEG, de Steve Alten. Su novela sobre un megalodón que ha sobrevivido todo este tiempo en una región oculta del fondo del océano ha inspirado también una película protagonizada por Jason Statham.

Cómo sabemos que no queda ninguno vivo

Circulan interminables leyendas urbanas y documentales con imágenes falsas sobre la existencia de ejemplares de este tiburón primitivo en nuestros días. La realidad, por tercos que se pongan con los montajes de Photoshop, es que nunca se ha encontrado ninguna evidencia científica de que queden megalodones vivos. Ni una. Todos los dientes hallados son fósiles. No ha habido avistamientos comprobados ni se han encontrado restos de sus presas.

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Reconstrucción de una mandíbula de megalodón realizada por Bashford Dean en 1909
Photo: Museo Americano

Y no, los famosos documentales Megalodon: The Monster Shark Lives y Megalodon: The New Evidence no son ninguna prueba de nada. Ambos son puro espect√°culo falso a mayor gloria de la semana del tibur√≥n de Discovery Channel. Sus supuestos cient√≠ficos son actores comprobados y el ‚Äúaterrador y espeluznante‚ÄĚv√≠deo del megalod√≥n en la fosa de las Marianas en realidad muestra un tibur√≥n de apenas tres metros.

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Por supuesto, una cosa es que no podamos demostrar que existe, y otra muy diferente demostrar que no existe. Esta √ļltima parte es m√°s complicada, pero hay numerosos indicios que apuntan a que, si existiera aunque solo fuera uno, ya lo habr√≠amos detectado.

Un tiburón de aguas cálidas y poco profundas

La primera raz√≥n por la que la teor√≠a del Megalod√≥n oculto en las profundidades es imposible es porque no podr√≠a sobrevivir a esa profundidad. La distribuci√≥n de los dientes de megalod√≥n f√≥siles que hemos encontrado indica que era un animal que viv√≠a en aguas c√°lidas, poco profundas y cercanas a la costa. Su cuerpo no estaba dise√Īado para sobrevivir en aguas fr√≠as, y menos a√ļn abisales. En aguas poco profundas hace tiempo ya que lo habr√≠amos avistado de alguna forma.

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Un megalodón, cazando ballenas en el Plioceno.
Illustration: Alberto Collareta/Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology

Sin comida suficiente para sobrevivir

La segunda razón es que un depredador de 18 metros con ese tipo de dientes se alimenta de presas muy grandes y deja una huella muy profunda en el ecosistema. Incluso un ejemplar solitario hubiera dejado a su paso un rastro descomunal de cadáveres y restos cuyas heridas son tan características que no se pueden atribuir a otros animales o a las hélices de un barco.

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Esas marcas de dientes de megalod√≥n en los huesos son precisamente el dato que permiti√≥ al paleont√≥logo Alberto Collareta averiguar cu√°l fue la causa de la extinci√≥n del megalod√≥n. Aquel escualo prehist√≥rico se alimentaba de dos especies de ballenas: la Piscobalaena nana y la Piscophoca pacifica. La poblaci√≥n de ambas especies sufri√≥ un colapso en alg√ļn momento hace entre 5,3 y 2,58 millones de a√Īos. Los indicios apuntan a que los megalodones se extinguieron porque se quedaron sin su presa habitual y no lograron encontrar reemplazo.

Distribución de los dientes fósiles de megalodón hallados hasta la fecha
Illustration: Wikipedia

No habría uno solo. Habría cientos

No conocemos animales vertebrados que hayan logrado vivir durante millones de a√Īos. Lo m√°s parecido que conocemos son bacterias que han permanecido congeladas en permafrost durante miles de a√Īos. En otras palabras, que para que hoy en d√≠a exista alg√ļn megalod√≥n vivo tiene que ser un ejemplar nacido de una poblaci√≥n de megalodones lo bastante grande como para que sea estable a nivel gen√©tico y ecol√≥gico. Hablamos de cientos de individuos como poco, probablemente miles. No hay ecosistema que resista eso sin que nos enter√°ramos.

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Ni dientes ni restos de presas

¬ŅPodr√≠a un solo megalod√≥n alimentarse de ballenas, delfines y peces grandes sin que lo supi√©ramos? La respuesta es no. La mayor parte de los animales lo bastante grandes viven a profundidades de menos de 100 metros. Ni siquiera los calamares gigantes son tan abundantes como para servir de alimento a un animal de 50 toneladas que necesita cantidades ingentes de comida. Har√≠a falta un ed√©n de las profundidades completamente desconocido para el hombre como el que esbozan en la pel√≠cula The Meg para soportar semejante depredador.

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Un tiburón blanco
Photo: Terry Goss / CC

Otro detalle importante son los dientes. Los tiburones pierden dientes todo el rato, pero su cuerpo los repone. Si hubiera un megalodón suelto ya tendríamos que haber encontrado sus dientes o fragmentos de ellos clavados en restos de ballenas o en otras presas.

Los cuentos de monstruos marinos son fascinantes e invitan a imaginar que hay criaturas imposibles más allá de donde alcanza nuestra vista, pero hasta la fecha nada indica que el megalodón sea una de ellas.