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Ciencia

Por qué los días se alargan tan rápido después del equinoccio de primavera

El aumento de las horas de luz no ocurre al mismo ritmo durante todo el año. La inclinación de la Tierra y la geometría de su órbita hacen que el cambio sea especialmente rápido alrededor de los equinoccios.
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Con la llegada de la primavera hay un cambio que se vuelve evidente en cuestión de semanas: cada día parece durar un poco más que el anterior. Amanece antes, el atardecer se retrasa y las horas de luz aumentan rápidamente.

No es una simple percepción. La duración del día cambia a distintas velocidades durante el año y es alrededor de los equinoccios cuando esa variación se produce con mayor rapidez.

La inclinación de la Tierra tiene la explicación

El fenómeno comienza con la inclinación del eje terrestre. La Tierra gira con un eje inclinado aproximadamente 23,5 grados respecto al plano de su órbita alrededor del Sol.

Esta característica es responsable de las estaciones y provoca que la cantidad de luz recibida por cada hemisferio vaya cambiando durante el año.

En los solsticios, uno de los hemisferios alcanza su máxima inclinación hacia el Sol y el otro, la máxima en sentido contrario. En los equinoccios, en cambio, ninguno está especialmente inclinado hacia nuestra estrella.

Es precisamente durante esta transición cuando la posición aparente del Sol cambia con mayor rapidez.

Por qué los días se alargan tan rápido después del equinoccio de primavera
© Magnific

Una curva explica por qué ocurre

Los astrónomos pueden representar este movimiento mediante la declinación solar, que indica la posición angular del Sol respecto al ecuador celeste.

A lo largo del año, esta variable dibuja aproximadamente una curva sinusoidal. En los solsticios alcanza sus valores extremos, mientras que en los equinoccios cruza el valor cero. La matemática de esa curva permite entender lo que observamos.

Cerca de sus extremos, correspondientes aproximadamente a los solsticios, la pendiente se aplana. Esto significa que la posición del Sol cambia lentamente y, por lo tanto, la duración del día varía poco de una jornada a otra.

Alrededor de los equinoccios ocurre lo contrario: la pendiente alcanza su mayor magnitud y las horas de luz cambian más rápidamente.

La latitud cambia considerablemente el efecto

El fenómeno ocurre en todo el planeta, pero no se percibe igual en todas partes.

Cerca del ecuador, los días permanecen próximos a las 12 horas durante prácticamente todo el año. A medida que aumenta la latitud, las diferencias estacionales se vuelven mucho más pronunciadas.

Por eso, en ciudades situadas en latitudes medias, como Buenos Aires o Madrid, alrededor de los equinoccios pueden ganarse o perderse varios minutos de luz de un día al siguiente. En regiones próximas a los polos, el cambio puede ser todavía más rápido.

En el hemisferio sur, después del equinoccio de septiembre, los días comienzan a alargarse camino al verano. En el hemisferio norte ocurre lo mismo después del equinoccio de marzo.

El equinoccio no tiene exactamente 12 horas de día

Aunque su nombre suele asociarse con una división exacta entre 12 horas de luz y 12 de oscuridad, en la práctica existe una pequeña diferencia.

La refracción atmosférica hace que podamos observar el Sol cuando geométricamente todavía se encuentra ligeramente por debajo del horizonte. Además, el amanecer y el atardecer se calculan utilizando el borde superior del disco solar.

Por eso existe otro concepto, el equilux, que describe el día en que las horas de luz y oscuridad son aproximadamente iguales y que no necesariamente coincide con el equinoccio.

Así, esas tardes que parecen alargarse rápidamente durante la primavera responden a un mecanismo astronómico muy concreto: estamos atravesando precisamente la parte del año en la que la duración del día cambia a mayor velocidad.

 

 

Fuente: Meteored.

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