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Ciencia

¿Qué pasaría si un objeto intentara acercarse demasiado al Sol?

Desde sondas espaciales hasta cometas que prácticamente rozan la superficie solar, algunos objetos han sobrevivido a encuentros extremos con nuestra estrella. No existe una distancia exacta a partir de la cual todo se destruye: la composición, la velocidad y el tiempo de exposición pueden cambiar por completo el resultado.
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Acercarse al Sol parece tener un desenlace evidente: cuanto menor es la distancia, mayor es el calor y, en algún momento, cualquier objeto debería quedar destruido. Sin embargo, la realidad es bastante más compleja.

Mercurio, el planeta más próximo al Sol, puede parecer una primera referencia. Completa una órbita en apenas 88 días y durante su perihelio se encuentra a unos 46 millones de kilómetros de la superficie solar. Pero asteroides, sondas y especialmente cometas han llegado muchísimo más cerca.

Hay objetos que se acercan mucho más que Mercurio

Las órbitas alrededor del Sol no tienen por qué ser circulares. Muchos objetos siguen trayectorias muy elípticas que los llevan desde regiones remotas del Sistema Solar hasta distancias extremadamente pequeñas de nuestra estrella.

Algunos asteroides incluso atraviesan la órbita de Mercurio. Sus trayectorias pueden modificarse por las interacciones gravitatorias con otros cuerpos y terminar llevándolos hacia las regiones interiores del Sistema Solar.

Pero uno de los ejemplos más extremos construidos por el ser humano es la Parker Solar Probe de la NASA. La nave llegó a aproximadamente 6,1 millones de kilómetros de la superficie visible del Sol, penetrando en su corona.

Su supervivencia demuestra que temperatura y transferencia de calor no son exactamente lo mismo. Aunque la corona alcanza temperaturas superiores al millón de grados, su densidad es extremadamente baja. Además, Parker utiliza un escudo térmico de compuesto de carbono que mantiene protegidos sus instrumentos.

¿Qué pasaría si un objeto intentara acercarse demasiado al Sol?
© NASA Goddard
– Youtube.

Los cometas llevan la resistencia al extremo

Los cometas rasantes protagonizan encuentros todavía más impresionantes. Al contener hielos y materiales relativamente poco cohesionados, son especialmente vulnerables.

Cuando se aproximan al Sol, los hielos subliman, los cambios extremos de temperatura generan tensiones en su estructura y las fuerzas de marea pueden contribuir a fragmentarlos.

Sin embargo, algunos sobreviven.

Uno de los casos más extraordinarios ocurrió en 1887, cuando el Gran Cometa Austral pasó a unos 718.000 kilómetros del centro del Sol. Como el radio solar ronda los 696.000 kilómetros, eso significa que atravesó el perihelio a apenas unas decenas de miles de kilómetros por encima de la fotosfera. Y consiguió continuar su trayectoria.

Entonces, ¿dónde está el límite?

No existe una distancia exterior universal a partir de la cual cualquier objeto quede automáticamente destruido.

Un asteroide rocoso compacto, una nave protegida térmicamente y un cometa formado por hielos y materiales poco cohesionados pueden experimentar resultados completamente diferentes aunque alcancen distancias similares.

También influyen la velocidad, la rotación, la composición, el tamaño, la cohesión estructural y el tiempo durante el cual el objeto permanece expuesto a la radiación solar.

La situación cambia radicalmente cuando la trayectoria penetra directamente en la fotosfera. En ese caso, el objeto ya no estaría simplemente pasando cerca del Sol, sino entrando en capas cada vez más densas de la estrella, donde el calentamiento y la interacción con el material solar harían mucho más extrema su destrucción. 

Por eso, la pregunta “¿cuánto puede acercarse algo al Sol?” no tiene una única cifra como respuesta. La cuestión correcta es qué tipo de objeto se aproxima, a qué velocidad, durante cuánto tiempo y de qué está hecho. Cerca del Sol, sobrevivir depende tanto de la distancia como de las características del viajero.

 

 

Fuente: Muy Interesante.

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