La noche llegará a España antes de tiempo el próximo 12 de agosto. Durante unos instantes, la Luna cubrirá completamente el Sol cuando este ya se encuentre muy cerca del horizonte, dejando visible una corona blanquecina que normalmente permanece escondida detrás del resplandor solar.
Para millones de personas será un espectáculo que apenas durará unos minutos. Para la NASA, en cambio, será un laboratorio que cruzará el planeta a enorme velocidad.
La agencia estadounidense prepara una operación formada por un avión capaz de volar en la estratosfera, cuatro cámaras multiespectrales y 86 globos científicos distribuidos entre Islandia y España. El objetivo no consiste únicamente en fotografiar el eclipse, sino en perseguir literalmente la sombra lunar y medir qué sucede tanto alrededor del Sol como dentro de nuestra propia atmósfera cuando el día se apaga de forma repentina.
La NASA quiere correr detrás de una sombra que atraviesa el planeta

La totalidad recorrerá el norte de Rusia, Groenlandia, Islandia, el océano Atlántico, buena parte de España y un pequeño extremo de Portugal. En territorio español llegará al final de la tarde, poco antes de la puesta de sol, lo que obligará a encontrar un horizonte occidental despejado para contemplarla correctamente.
La NASA evitará ese problema observando desde unos 15.000 metros de altura. Uno de sus aviones WB-57 despegará con el instrumento SAMI instalado en el cono de la nariz y volará siguiendo la trayectoria de la sombra lunar a aproximadamente 740 kilómetros por hora. Desde allí estará por encima de las nubes, de gran parte del polvo atmosférico y de buena parte del vapor de agua que podría distorsionar o bloquear las imágenes obtenidas desde el suelo.
La maniobra tendrá una recompensa especialmente valiosa para los científicos: tiempo.
Desde el mejor punto terrestre, la corona podrá observarse durante un máximo de dos minutos y 18 segundos. El avión, al moverse en la misma dirección que la sombra, prolongará esa ventana hasta casi tres minutos. Cuarenta segundos adicionales parecen poco, pero permitirán capturar cientos de imágenes más de una estructura solar que cambia constantemente y que solo puede estudiarse con semejante claridad durante la totalidad.
Cuatro cámaras intentarán resolver por qué la atmósfera del Sol está tan caliente

El conjunto instalado en el WB-57 tomará al menos 20 fotografías por segundo en diferentes longitudes de onda visibles e infrarrojas. Los investigadores esperan registrar corrientes de partículas, cambios rápidos dentro de la corona y protuberancias solares, enormes estructuras de material que quedan suspendidas sobre la superficie de nuestra estrella.
La altitud también permitirá observar algunas bandas infrarrojas que quedan absorbidas por las capas inferiores de la atmósfera y rara vez han podido utilizarse para estudiar la corona. No se trata simplemente de conseguir una fotografía más limpia: cada longitud de onda revela temperaturas, movimientos y regiones diferentes del plasma solar.
Uno de los grandes misterios que persigue el experimento es por qué la corona alcanza temperaturas cercanas al millón de grados, mientras la superficie visible del Sol es muchísimo más fría. También se analizará cómo el material de esa región termina incorporándose al viento solar, la corriente de partículas que atraviesa el sistema solar y que puede afectar satélites, comunicaciones y astronautas.
Las mismas cámaras ya volaron durante el eclipse norteamericano de abril de 2024. Esta vez, el equipo dirigido por Amir Caspi, del Southwest Research Institute, modificará los tiempos de exposición para evitar que las estructuras más brillantes vuelvan a aparecer quemadas en las imágenes. Un nuevo software permitirá además procesar los datos con mayor rapidez.
Mientras el avión mira hacia arriba, 86 globos vigilarán lo que ocurre debajo
El eclipse también provocará un experimento atmosférico imposible de reproducir a escala planetaria. Cuando desaparezca la radiación solar, el suelo comenzará a enfriarse y la capa de aire en contacto con la superficie podrá reducir rápidamente su espesor, casi como si la atmósfera interpretara que ha comenzado la noche.
En Islandia, dos equipos universitarios lanzarán 80 globos desde 18 horas antes del eclipse hasta ocho horas después. Las mediciones permitirán comprobar si la llamada capa límite vuelve a “colapsar”, algo que ya se observó durante los eclipses de 2023 y 2024 en lugares despejados, pero no en regiones cubiertas por nubes. El caso islandés resulta especial porque en agosto sus noches son muy cortas y la atmósfera todavía mantiene el ritmo de los largos días estivales.
En España, otros tres equipos lanzarán seis globos equipados con cámaras de 360 grados e instrumentos para medir el ozono. Desde las alturas podrán registrar la sombra lunar desplazándose sobre la superficie y estudiar si la reducción momentánea de luz altera la formación de ese gas atmosférico, como ocurrió durante la totalidad de abril de 2024.
Para quienes permanezcan en tierra, habrá una regla que no admite experimentos: únicamente se podrá mirar directamente al Sol sin protección durante los breves segundos de totalidad. Antes y después será obligatorio utilizar gafas certificadas o filtros solares adecuados; las gafas de sol comunes no sirven, por oscuras que parezcan.
El público verá desaparecer el Sol. La NASA, mientras tanto, intentará observar todo lo que aparece cuando su luz deja de ocultarlo.