En una remota región de Siberia, donde hace más de 5.000 años grupos de cazadores y recolectores vivían rodeados de abundantes recursos naturales, los arqueólogos encontraron un enigma que permaneció sin resolver durante décadas. Un número inusual de niños y adolescentes aparecía enterrado en antiguos cementerios sin señales de violencia ni causas evidentes de muerte. Ahora, gracias a los avances en el análisis de ADN antiguo, los científicos han descubierto una explicación que reescribe parte de la historia de las enfermedades humanas.
Un hallazgo inesperado en una sociedad prehistórica
Las orillas del lago Baikal, situadas en el sur de Siberia y cerca de la actual Mongolia, fueron hogar de comunidades nómadas que subsistían mediante la pesca, la caza y la recolección. Durante mucho tiempo, los investigadores consideraron que estos grupos estaban relativamente protegidos de algunos de los grandes problemas que acompañaron el nacimiento de las primeras civilizaciones, como las epidemias asociadas a las concentraciones urbanas.
Sin embargo, un estudio reciente ha demostrado que esa idea estaba equivocada. Los investigadores analizaron restos humanos procedentes de varios cementerios antiguos de la región y detectaron evidencias del brote de peste más antiguo identificado hasta ahora.
La atención de los científicos se centró especialmente en un yacimiento conocido como Ust’-Ida. Allí encontraron una característica llamativa: una cantidad extraordinariamente elevada de niños y adolescentes fallecidos. Como los esqueletos no mostraban señales de heridas ni traumatismos que explicaran esas muertes tempranas, el misterio permaneció abierto durante años.

El ADN reveló la presencia de un viejo enemigo
Para intentar resolver el enigma, los investigadores extrajeron ADN de las raíces dentales de unas cincuenta personas que vivieron hace aproximadamente 5.500 años. El procedimiento permitió recuperar material genético conservado durante milenios en las piezas dentales.
Los resultados sorprendieron incluso a los especialistas. Cerca del 39% de las muestras contenían rastros de Yersinia pestis, la bacteria responsable de la peste. La cifra era extraordinariamente elevada y sugería la existencia de un auténtico brote epidémico.
Además, el análisis genético permitió identificar la cepa de peste más antigua conocida hasta la fecha. Los descubrimientos anteriores procedían del norte de Europa y eran varios siglos más recientes. Por primera vez, los científicos podían relacionar directamente la presencia de la bacteria con una mortalidad masiva dentro de una misma comunidad.
El hallazgo también cuestiona una teoría ampliamente aceptada. Durante años se creyó que las grandes enfermedades infecciosas surgieron principalmente gracias a las condiciones creadas por la agricultura y los asentamientos permanentes. Sin embargo, la evidencia encontrada en Baikal demuestra que grupos de cazadores-recolectores también podían sufrir epidemias devastadoras.
La clave que explica por qué murieron tantos niños
Uno de los aspectos más intrigantes del descubrimiento fue la elevada proporción de víctimas infantiles. La respuesta apareció al examinar con detalle el genoma de la bacteria.
Los investigadores comprobaron que aquella antigua variante carecía de un gen llamado ymt. Este componente genético fue fundamental en la evolución posterior de la peste porque permitió que las pulgas se convirtieran en eficientes transmisoras de la enfermedad.
En épocas posteriores, las pulgas actuaron como vectores ideales, propagando la bacteria entre roedores y seres humanos. Gracias a este mecanismo surgió la peste bubónica, responsable de algunas de las pandemias más devastadoras de la historia.
Pero la cepa hallada en Siberia era diferente. Al no disponer de ese gen, probablemente no utilizaba a las pulgas como principal vía de transmisión. Los expertos creen que el contagio pudo producirse inicialmente a través del contacto con marmotas infectadas, animales que formaban parte de la vida cotidiana de estas comunidades, y después propagarse entre personas por vía respiratoria.
Una enfermedad distinta a la que asoló Europa siglos después
La evidencia apunta a que esta antigua variante se comportaba de manera más cercana a la peste neumónica, una forma extremadamente agresiva de la enfermedad que puede transmitirse por el aire.
Los científicos también identificaron otro gen denominado ypm, relacionado con una intensa reacción del sistema inmunitario. Este elemento está presente en una bacteria emparentada con Yersinia pestis y se asocia a enfermedades que afectan especialmente a los niños.
Esta característica podría ayudar a explicar por qué los menores parecían ser particularmente vulnerables durante aquel brote prehistórico. Aunque todavía quedan incógnitas por resolver, los datos sugieren que la interacción entre la bacteria y el sistema inmunitario infantil pudo desempeñar un papel importante en la elevada mortalidad observada.
Un descubrimiento que abre nuevas preguntas
Los especialistas consideran que este hallazgo representa un punto de inflexión para comprender la evolución de las enfermedades infecciosas. No solo retrasa varios siglos la evidencia más antigua de peste en humanos, sino que además demuestra que la enfermedad ya circulaba en regiones muy alejadas de los centros agrícolas donde tradicionalmente se situaba su origen.
Aun así, la investigación está lejos de cerrar el caso. Los expertos recuerdan que la separación evolutiva entre Yersinia pestis y sus antepasados ocurrió decenas de miles de años antes de este brote siberiano. Eso significa que todavía existe un enorme vacío en la historia temprana de la bacteria.
Cada nuevo análisis de ADN antiguo ayuda a completar ese rompecabezas. Y, mientras los científicos continúan explorando los secretos ocultos en antiguos cementerios, el hallazgo de Baikal demuestra que algunas de las amenazas más temidas de la humanidad comenzaron mucho antes de lo que nadie imaginaba.
[Fuente: El País]