El Niño de 2023-24 fue el quinto más intenso registrado, generó daños estimados en 103.300 millones de dólares y fue uno de los factores que convirtieron a 2024 en el año más cálido de la serie histórica. Ahora, con el verano de 2026 apenas comenzando, la Organización Meteorológica Mundial confirmó que el próximo episodio no solo está en camino, sino que va más rápido de lo que nadie esperaba. Y los datos de fondo son los más preocupantes en décadas.
El anuncio de la OMM: 80% de probabilidades de fase cálida antes del verano

El 2 de junio, Celeste Saulo, secretaria general de la Organización Meteorológica Mundial, confirmó en declaraciones a medios internacionales que hay un 80% de probabilidades de que se entre en fase cálida de El Niño antes del verano boreal, y que el fenómeno está avanzando a una velocidad inusualmente rápida para esta época del año. Las lecturas del Pacífico Tropical muestran anomalías subsuperficiales de la Onda Kelvin de hasta 6 grados por encima de la media, un indicador que precede a los eventos más intensos del fenómeno.
Aunque la OMM no usa el término «SuperNiño» en su terminología oficial, los datos hablan por sí solos: el índice del Niño 3.4 ya marcaba 0,9 en un contexto de fase neutral reciente. Junio es el mes clave para los modelos de predicción porque, superada la primavera, la llamada barrera de predicción de primavera, los modelos ganan fiabilidad de forma súbita. Y el cuadro que ofrecen es considerablemente más preocupante de lo que se anticipaba hace apenas semanas.
El impacto global: agricultura, energía, agua y cadenas de suministro

Saulo fue explícita sobre el alcance del fenómeno: «El impacto de El Niño viajará mucho más allá del océano Pacífico y afectará a la agricultura, la energía, el comercio, los recursos hídricos, las cadenas de suministro y los medios de vida de regiones enteras«. Los efectos más documentados de episodios anteriores incluyen sequías severas en Australia, Indonesia y el sur de África; inundaciones en California, Ecuador y Perú; temporadas de huracanes más activas en el Pacífico Este; y alteraciones en los monzones asiáticos.
El episodio de 2023-24, siendo el quinto más intenso registrado, ofrece una referencia directa: los 103.300 millones de dólares en daños documentados se distribuyeron por múltiples continentes. Un episodio de mayor intensidad que ese multiplicaría esos impactos de forma no lineal, especialmente en regiones que ya acumulan estrés hídrico o agrícola por el calentamiento de fondo.
Qué dice AEMET sobre el impacto en España: sin correlación directa en verano
La Agencia Estatal de Meteorología española salió al paso el mismo día del anuncio de la OMM confirmando que «es muy probable que El Niño se manifieste en estos próximos meses» y que podría alcanzar «intensidad moderada o fuerte después de verano». Pero añadió un matiz relevante para el territorio español: «No hay una correlación clara y directa entre la ocurrencia de El Niño y efectos en» España, especialmente en los meses de verano, en los que El Niño «no tendría apenas influencia».
Para el otoño-invierno, algunos estudios apuntan a un final de otoño o inicio de invierno algo más lluvioso en España, pero la propia AEMET subraya que esa relación «no siempre es así» y que no hay correspondencia sistemática. El mensaje de la agencia no es de tranquilidad absoluta sino de enfoque: los impactos directos sobre España en verano son improbables, pero en un mundo interconectado los efectos indirectos, sobre alimentos, energía y cadenas de suministro, llegarán de todas formas.