Lo que parecía un simple terreno cubierto de matorrales resultó esconder una de las obras de ingeniería más asombrosas de la naturaleza. En una vasta extensión del desierto brasileño, un hallazgo dejó boquiabiertos a los científicos: gigantescas estructuras construidas por termitas que han desafiado el tiempo y la lógica.
Un hormiguero de proporciones colosales

Investigadores de la Universidad de Salford y la Universidade Estadual de Feira de Santana confirmaron la existencia de una red de alrededor de 200 millones de montículos, extendidos sobre más de 88.000 millas cuadradas en el noreste de Brasil. A primera vista, parecían formaciones naturales sin importancia… hasta que las imágenes satelitales revelaron un patrón tan vasto como milenario.
Estas colinas de tierra fueron construidas por la especie Syntermes dirus, según explica EFE Verde, que extrajo más de 2,4 millas cúbicas de suelo para edificar sus ciudades subterráneas sin seguir ningún plano maestro. Cada estructura mide 2,5 metros de alto y 9 metros de ancho, y su función es mucho más que estética: permiten a las termitas sobrevivir en condiciones extremas, donde el calor, la sequía y la escasez de alimento son la norma.
Arquitectura subterránea sin igual

Durante el día, las termitas se refugian bajo tierra y sellan sus entradas para evitar el calor y los depredadores. Por la noche, emergen a través de túneles que conectan con una red central ramificada, parecida a un sistema de raíces. Esta red les permite acceder a hojas frescas sin exponerse al exterior abrasador.
Lo increíble es que toda esta infraestructura ha estado allí durante siglos, sin ser detectada en su totalidad hasta hace poco.
Más antiguas que muchos monumentos humanos
Para fechar los montículos, los científicos utilizaron una técnica conocida como luminiscencia estimulada ópticamente. Los resultados fueron tan sorprendentes como reveladores: algunos conos tienen casi 4.000 años de antigüedad, mientras que los más “jóvenes” datan de hace unos 690 años.
Eso significa que estas estructuras naturales son anteriores a muchos de los monumentos de piedra construidos por civilizaciones humanas, lo que eleva aún más su valor científico y ecológico. Las termitas, pequeñas e invisibles durante el día, resultaron ser maestras de la ingeniería a una escala que ni siquiera imaginábamos.