Una fecha para recordar y mirar con otros ojos
Cada 30 de marzo se conmemora el Día Internacional del Trastorno Bipolar, con el propósito de generar mayor visibilidad y conocimiento sobre este trastorno del estado de ánimo que continúa siendo fuente de confusión social. Aunque figuras como Van Gogh, Hemingway o Poe vivieron con esta condición, aún hay mucho que no se comprende sobre ella.
La psicóloga Beatriz Pacheco señala que el trastorno bipolar implica “fases o ciclos” en los que las emociones cambian intensamente, alternando entre episodios de euforia (manía) y tristeza profunda (depresión). Su origen es afectivo, y esto es clave para entender cómo se manifiesta y se maneja.
Diagnóstico más rápido, pero aún desafiante
El proceso diagnóstico ha mejorado en los últimos años: si antes una persona podía tardar hasta una década en recibirlo, hoy ese tiempo se ha reducido a unos cinco años. Sin embargo, sigue siendo complejo por la variedad de síntomas.
Existen distintos tipos: el tipo I se caracteriza por fases maníacas intensas, mientras que en el tipo II predominan los episodios depresivos con manías más leves. Según Pacheco, la manía implica un aumento de energía, dificultad para dormir y habla acelerada, mientras que la fase depresiva se presenta con apatía, falta de motivación y aislamiento.
El abordaje integral es la clave del equilibrio
Pacheco destaca la importancia de una estrategia terapéutica integral que combine medicación, psicoeducación y gestión emocional. El uso de estabilizadores del ánimo como el litio sigue siendo fundamental.
La psicoeducación —que ella describe como un “manual de instrucciones”— ayuda a que el paciente reconozca qué es parte de su personalidad y qué responde a la enfermedad. Además, trabajar el plano emocional permite una mayor adherencia al tratamiento y mejora la calidad de vida.
El objetivo, asegura, no es la cura, ya que se trata de una condición crónica, sino alcanzar estabilidad para desarrollarse a nivel laboral y personal.
El estigma social, un enemigo silencioso
Uno de los retos más grandes que enfrentan quienes viven con este diagnóstico es el estigma. Muchas personas prefieren no hablar de ello por miedo al juicio o al rechazo. La especialista insiste en la necesidad de recurrir a información fiable que desmonte los mitos.
Los medios de comunicación, dice, tienen un papel crucial en ofrecer contenidos veraces. Y la familia también: puede ser un gran soporte en momentos críticos. Aunque el paciente debe estar al mando, contar con un entorno comprensivo hace la diferencia.
Hábitos saludables y ciencia en camino
Evitar recaídas es posible si se mantienen buenos hábitos: dormir bien, evitar sustancias que interfieran con la medicación y mantener la estabilidad emocional son algunas de las recomendaciones.
Pacheco subraya que la adherencia al tratamiento farmacológico es el factor de prevención más importante. Paralelamente, la investigación genética y los avances en neurociencia abren la puerta a tratamientos más personalizados y con menos efectos secundarios.
Finalmente, insiste en seguir trabajando por una sociedad más informada, que acompañe y normalice, en lugar de señalar. Solo así se podrá hablar de bienestar real para quienes conviven con esta condición.
Fuente: Infobae.