La Antártida, el continente blanco que regula el clima global, esconde una red de volcanes dormidos que podrían despertar con el derretimiento del hielo. Si este proceso continúa, no solo enfrentaremos un aumento en el nivel del mar, sino también erupciones que podrían alterar profundamente los ecosistemas.
Un ciclo destructivo

La Antártida pierde aproximadamente 150,000 millones de toneladas de hielo cada año. Este cambio disminuye la presión sobre la corteza terrestre, donde se encuentran cámaras de magma. Al reducirse esta presión, se genera un efecto similar al de destapar una olla a presión, aumentando las probabilidades de erupciones volcánicas.
Las erupciones subglaciales, aunque no visibles, son especialmente preocupantes. El calor del magma derrite la capa de hielo desde abajo, acelerando su desaparición. Este ciclo de retroalimentación convierte al continente en un reloj que avanza sin pausa hacia una mayor pérdida de hielo.
Por qué importa ahora

Estudios recientes han encontrado una relación directa entre la pérdida de hielo y el aumento de la actividad volcánica. La capa de hielo no solo regula el nivel del mar, sino que también estabiliza la región. La Antártida Occidental, la más vulnerable por su tamaño, enfrenta el mayor riesgo de colapso si no se toman medidas urgentes.
Las simulaciones lideradas por la geoquímica Allie Coonin, de la Universidad de Brown, han mostrado que el deshielo acelerará este proceso. Las erupciones liberarían aún más calor, intensificando la pérdida de hielo y agravando las consecuencias del cambio climático.
Un futuro incierto
Mt Erebus 3794m, southernmost active volcano on Earth, from C-17 returning to Christchurch. Inner Crater, containing one of only a handful of long-lived lava lakes in the world, rises above Main Crater; at left, Erebus ice tongue floats in McMurdo Sound; pic 304th EAS @usairforce pic.twitter.com/SDBQ6wVfxW
— The Antarctic Report (@AntarcticReport) October 21, 2019
Más de 100 volcanes permanecen ocultos bajo la capa de hielo antártica. A medida que el magma interactúa con el hielo, también libera dióxido de carbono y burbujas de gas que aumentan la presión, elevando el riesgo de nuevas erupciones.
Este fenómeno no se detendría fácilmente. Según los expertos, una vez que el ciclo comienza, podría durar siglos, amplificando el daño a lo largo del tiempo.
La urgencia de actuar

La investigación, publicada en noviembre de 2024, subraya la necesidad de incluir el factor volcánico en los modelos climáticos actuales. Aunque este proceso ocurre lentamente, sus efectos se intensificarán si no reducimos el calentamiento global de origen humano.
Por ahora, los volcanes bajo la Antártida permanecen en silencio. Sin embargo, entender mejor estos mecanismos ocultos será crucial para mitigar el impacto del cambio climático en las próximas décadas.