Para comprender mejor Marte, la NASA está mirando hacia un lugar mucho más cercano: las costas rocosas del norte de Escocia.
Investigadores del Goddard Space Flight Center viajaron este verano a la región de Clachtoll para estudiar afloramientos de la formación Stoer, cuyas rocas tienen alrededor de 1.200 millones de años. El interés está en que se formaron en ambientes que guardan similitudes con antiguos paisajes marcianos dominados por lagos y ríos.
Pero hay otra razón todavía más interesante: algunas de esas rocas conservan señales compatibles con antigua actividad microbiana.
Rocas terrestres que pueden ayudar a leer Marte
Marte es hoy un planeta frío y seco, pero su superficie conserva abundantes evidencias de un pasado en el que hubo agua líquida.
En lugares como el cráter Jezero, el rover Perseverance ha encontrado rocas sedimentarias, arcillas y estructuras químicas que podrían contener información sobre la antigua habitabilidad del planeta.
La formación Stoer ofrece una oportunidad para comparar esos datos con un entorno terrestre donde sí sabemos que existió vida.
Los científicos están especialmente interesados en unas manchas de reducción de color gris verdoso presentes en las rocas. En la Tierra, estas estructuras pueden aparecer cuando microorganismos alteran químicamente los minerales, aunque también pueden generarse mediante procesos no biológicos.
Precisamente esa ambigüedad es lo que las hace útiles.

Perseverance encontró algo parecido en Marte
La expedición está relacionada con preguntas surgidas después de que Perseverance detectara estructuras similares en el cráter Jezero. Determinar cómo distinguir entre una verdadera biofirma y una reacción puramente geológica es uno de los principales retos de la astrobiología.
Por eso, el equipo tomó muestras y realizó análisis directamente en los acantilados utilizando instrumentos portátiles capaces de estudiar la composición química y mineral de las rocas.
Trabajar en Escocia también tiene sus dificultades
El terreno no es precisamente sencillo.
Los investigadores tuvieron que coordinar sus jornadas con las mareas, que pueden modificar el nivel del agua entre aproximadamente 3,3 y 4,6 metros, y trabajar sobre pendientes húmedas características del clima de las Highlands.
Las muestras ya fueron trasladadas a laboratorios, donde podrán analizarse con instrumentos demasiado grandes o complejos para llevar al campo.

Un laboratorio terrestre para futuras misiones
La investigación forma parte de lo que se conoce como estudio de análogos planetarios: utilizar ambientes terrestres para comprender paisajes presentes en otros mundos. En el proyecto participan, además de NASA Goddard, el Johnson Space Center y universidades como Glasgow, Purdue, Cambridge, Maryland y Stony Brook.
El objetivo final no es demostrar que existió vida en Marte a partir de unas rocas escocesas.
Es aprender qué huellas deja la vida en sedimentos antiguos y, sobre todo, cómo distinguirlas de procesos geológicos que pueden producir señales parecidas. Escocia podría convertirse así en una especie de manual terrestre para interpretar algunas de las pistas más intrigantes que Marte está enviando desde hace miles de millones de años.