El arte de Van Gogh ha sido analizado por décadas, pero pocos imaginaban que sus obras pudieran albergar secretos relacionados con la física de la turbulencia. Este fenómeno, presente en la naturaleza, ha resultado ser tan difícil de describir matemáticamente como fascinante de observar. Sin embargo, los estudios recientes revelan que el pintor capturó algo más que emociones: representó patrones científicos universales.
La turbulencia: más que un fenómeno natural

La turbulencia es un proceso caótico que puede observarse en fenómenos como el movimiento de las nubes, las corrientes oceánicas o el flujo de gases en las estrellas. Matemáticamente, este fenómeno ha desafiado a científicos durante décadas. En 1922, Lewis Fry Richardson describió la turbulencia como un sistema donde grandes remolinos transfieren energía a otros más pequeños, siguiendo patrones que Andrey Kolmogórov formalizó en 1941 con su teoría de escalado.
El reto de aplicar estos conceptos a una obra de arte está en cómo medir el flujo en una pintura estática. Sin embargo, un equipo de físicos se aventuró a analizar los patrones de luminancia en La noche estrellada, descubriendo una sorprendente conexión entre sus trazos y los principios de la turbulencia.
Un experimento que desafió las matemáticas

En el año 2000, los físicos José Luis Aragón y Manuel Torres aplicaron un análisis matemático a las pinturas de Van Gogh. Al medir las variaciones de brillo entre los píxeles de La noche estrellada, encontraron que los remolinos de la obra seguían las mismas reglas estadísticas que los flujos turbulentos en la naturaleza.
Años más tarde, el astrofísico James Beattie confirmó estos hallazgos al analizar los remolinos de la pintura y descubrir patrones relacionados con la turbulencia supersónica, similar a la que da origen a las estrellas. Beattie incluso creó una simulación digital para reemplazar el cielo de la obra con un modelo computacional, encontrando similitudes sorprendentes.
Nuevas perspectivas y debates

Aunque algunos estudios han cuestionado si Van Gogh representó la turbulencia de forma matemática, investigaciones recientes han reforzado esta conexión. Yongxiang Huang y su equipo analizaron manualmente los remolinos de la pintura, encontrando que seguían las leyes físicas descritas por Kolmogórov y George Batchelor. Lo más extraordinario fue observar dos tipos de escalado de turbulencia en una misma obra, algo inusual incluso en experimentos de laboratorio.
Un legado científico y artístico

Para los expertos, Van Gogh no comprendía las matemáticas detrás de la turbulencia, pero su habilidad para observar los patrones naturales lo llevó a capturarlos con una precisión sorprendente. Según Beattie, el encanto de La noche estrellada radica en cómo combina arte y ciencia, atrayendo tanto a expertos como al público general.
La universalidad de la turbulencia que Van Gogh inmortalizó en su pintura sigue siendo un puente entre el arte y la ciencia, demostrando que los límites entre disciplinas a menudo se difuminan cuando se trata de comprender la belleza del mundo.
Fuente: Carolyn Y. Johnson (Infobae).