Iluminar zonas concretas de la Tierra durante la noche utilizando espejos instalados en el espacio parece una idea propia de la ciencia ficción, pero una empresa estadounidense ya está avanzando hacia una prueba real.
Reflect Orbital recibió autorización de la Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos para experimentar con Eärendil-1, un satélite diseñado para reflejar luz solar hacia la superficie terrestre. La compañía asegura que su tecnología podría utilizarse para mantener funcionando plantas fotovoltaicas después de la puesta del Sol o aportar iluminación en situaciones de emergencia.
La propuesta, sin embargo, ha generado una fuerte preocupación entre astrónomos y otros especialistas, especialmente porque el proyecto contempla en el futuro una constelación que podría alcanzar decenas de miles de satélites.
El problema no es mirar el satélite a simple vista
Uno de los riesgos más llamativos tiene que ver con la astronomía.
Estos satélites estarían diseñados precisamente para reflejar grandes cantidades de luz. A simple vista, observarlos no tendría por qué provocar lesiones, pero la situación cambia cuando se utiliza un telescopio.
Los telescopios concentran la luz mediante espejos o lentes y la dirigen hacia el ojo del observador. Según especialistas consultados sobre el proyecto, un telescopio de unos 30 centímetros de apertura, un tamaño relativamente habitual entre aficionados avanzados, podría concentrar suficiente luz como para provocar daño retinal si uno de estos satélites extremadamente brillantes atravesara accidentalmente su campo de visión.

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El problema se agrava porque todavía no existe un sistema específico que permita a los astrónomos conocer con precisión cuándo y por dónde pasará el satélite durante las pruebas.
No es la primera vez que alguien intenta iluminar la Tierra desde el espacio
La idea tiene antecedentes.
Durante la década de 1990, Rusia desarrolló el programa Znamya, cuyo objetivo era desplegar grandes reflectores espaciales capaces de dirigir luz solar hacia determinadas zonas del planeta.
Aquellos experimentos nunca derivaron en una infraestructura comercial, pero ya entonces algunos investigadores alertaron sobre los posibles riesgos asociados con objetos orbitales extremadamente luminosos.
Reflect Orbital asegura que está trabajando con científicos y especialistas para minimizar esos problemas antes de comenzar sus ensayos.
Pilotos y expertos en sueño también plantean dudas
Las preocupaciones no se limitan a la astronomía.
La Air Line Pilots Association ha planteado interrogantes sobre cómo podrían afectar estos destellos a los pilotos, especialmente durante fases delicadas del vuelo como aproximaciones y aterrizajes.
También existe preocupación entre especialistas en cronobiología. La alternancia natural entre luz y oscuridad regula los ritmos circadianos de seres humanos y animales. Una alteración artificial del cielo nocturno a gran escala podría afectar el sueño, la migración, la reproducción o el comportamiento de diversas especies.
Reflect Orbital sostiene que podrá controlar la intensidad y duración de la iluminación para mantenerla dentro de niveles seguros. Sin embargo, algunos expertos recuerdan que factores como las nubes, la dispersión atmosférica o las condiciones locales pueden modificar la cantidad de luz que finalmente alcanza la superficie.
Un cielo cada vez más ocupado
El debate aparece además en un momento en que la astronomía ya enfrenta dificultades por el rápido crecimiento de las constelaciones de satélites en órbita baja.
Hasta ahora, buena parte del esfuerzo se ha centrado en hacer que estos objetos sean menos visibles. Reflect Orbital propone prácticamente lo contrario: construir satélites cuya función consiste precisamente en reflejar grandes cantidades de luz.
La primera prueba servirá para determinar si esa tecnología puede controlarse de forma segura. Pero si el proyecto escala hasta decenas de miles de satélites, la discusión dejará de centrarse únicamente en cómo generar energía durante la noche y pasará a una cuestión mucho mayor: cuánto estamos dispuestos a transformar artificialmente el cielo nocturno.