Image: Jackson durante un concierto en 1984 (AP)

A la pasmosa e inusual facilidad que tenía Michael Jackson para escribir canciones mediante la construcción de cada elemento de una pista con su voz, lo que se conoce como Beatboxing, había que añadirle un segundo “truco” que hacía de sus temas tan eternos como contagiosos para quien los escuchaba.

Para ello hay que retroceder en el tiempo a agosto de 1979, seguramente el punto de inflexión para el que iba a pasar de ser una estrella infantil a la estrella de la música pop más importante de la historia.

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Ocurrió antes de sus temas más emblemáticos como Thriller, Beat It, Billie Jean o Smooth Criminal, incluso cuatro años antes de que mostrara al público el tipo de artista que era cuando realizó el moonwalk en Motown 25. Ese momento en la historia se dio justamente 10 años después de I Want You Back con The Jackson 5.

Tras su periplo con los hermanos, Jackson lanzó cuatro álbumes en solitario con los que intentaba cerrar la brecha de sus raíces Motown a lo que se suponía que vendría después. Todo ello iba a pasar a finales de los 70, cuando el pop de Jackson ni siquiera era una posibilidad y detrás de la escena se estaba prestando atención a otras tendencias cambiantes en la industria, y de todas ellas, el disco.

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En 1977, la subcultura disco pasó a jugar en las grandes ligas con el estreno de Saturday Night Fever después de co-existir durante casi 10 años al amparo de la música soul y funk. Un año más tarde de ver a Travolta bailando los Bee Gees, Jackson y sus hermanos tuvieron un éxito con Shake Your Body Down To The Ground, y en ese momento preciso todo estaba listo para lo que se convertiría en la nueva llegada de Michael como artista solitario en agosto de 1979.

Michael lanzó Off The Wall, la primera de sus tres asociaciones con Quincy Jones. El primer sencillo del álbum fue Do not Stop Till You Get Enough, una canción que escribió y coprodujo el propio Jackson, su primer número uno en siete años.

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La canción fue un éxito mundial, una que todavía tiene cuerda para rato cuarenta años después y a la que resulta difícil encontrar a alguien que no la haya escuchado y bailado alguna vez. ¿Por qué? Ahí está el secreto…

Este tema fue el éxito que lo cambió todo en su carrera, fue número uno en las listas de soul siendo un tema pop, aunque inspirado claramente en el disco y el funk. Y es que, como explica el profesor de música N. Danielson: “En la imaginación popular, Do not Stop es pura música de baile”.

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Y hay razones para ello más allá del innegable carisma de Jackson como intérprete. Si se observa más de cerca el ADN musical de Do not Stop, uno puede observar por qué la canción tiene tanto atractivo y resulta tan contagiosa desde que arranca. En primer lugar, por ese ritmo basado en el bombo y el bajo apoyado a su vez con tambores, guitarra y lo que parece Jackson golpeando una botella de cristal.

Ese inicio es el que hace que uno empiece a mover ligeramente la punta de las pies si está sentado; acaba de iniciarse, pero parece estar pidiendo a gritos que te levantes a bailar. Como señala Danielson, el ritmo, a priori pop, toma prestadas muchas de las señas de la música Funk, la cual enfatiza el primer beat en cada compás de 4. Algo que James Brown ya había popularizado en el pasado. Este énfasis de inicio es lo que hace que la canción tengan mayor atracción física para el baile.

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En segundo lugar: la síncopa, un elemento que perturba el flujo regular del ritmo. Definida como una contradicción rítmica que consiste en desplazar el acento natural de un compás produciendo una nota en un tiempo débil de ese mismo compás o del anterior, y prolongándola hasta un tempo más fuerte, esta crea una tensión en la música que el que la escucha solo desea resolverla con el cuerpo.

En el caso del funk, esa sincopación puede ser muy compleja y extraordinariamente notable. Pero con Do not Stop Till You Get Enough, Jackson minimiza la distancia entre el ritmo y el sonido sincopado, el cual viene solo un puñado de milisegundos antes.

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El profesor llama a esto micro ritmo. El compás aún tiene funk, pero se registra en el subconsciente, lo que resulta en un sonido de sensación más limpia, algo que atrae a un público pop convencional, es decir, a las grandes masas. El sonido más limpio también es una característica de la música disco y el ritmo de Do not Stop también incorpora esos elementos.

Image: Jackson con Jane Fonda y amigos en 1979 (AP)

Este primer tema en la discografía de Jackson iba a marcar la pauta de toda su carrera. Además de este trasfondo en el ritmo que equilibraba las características del funk y el disco, Jackson difunde un tapiz de sonidos que llenan los espacios entre los beats y ayudan a alisar todo lo que se refiere a cuerdas, piano eléctrico y resto de instrumentos.

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Y por último, por supuesto, vuelve a aparecer en escena la armonía y el falsete que le imprime Michael Jackson. Como señala el musicólogo Ethan Hein:

La canción realmente solo tiene dos acordes: A y B, que se alternan para crear un ritmo modal parecido al trance; algo más asociado con la música oriental que a la occidental y, por encima de esto, Jackson canta una melodía marcada por las dos primeras notas en las dos primeras sílabas de cada línea.

Estas notas son D nítidas y A, y el intervalo entre ellas es lo que se llama un tritono. La relación entre estas notas es algo desordenada y tu mente lo nota y eso infunde la canción con una urgencia que de otra manera no tendría. El carisma de Jackson aquí es inconfundible.

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Así que la próxima vez que alguien te hable de Michael Jackson y empiece por Thriller o Billie Jean, recuérdale que para que estas existieran primero estaba Do not Stop, el temazo que explica en gran medida cómo y por qué sucedió esa estrella llamada Michael Jackson. [Nerdwriter, Ethan Hein Blog, Wikipedia]