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Ciencia

La ráfaga de radio más potente jamás detectada ya tiene origen confirmado. Los astrónomos lograron rastrearla hasta una galaxia a 130 millones de años luz

En marzo de 2025 la Tierra recibió una FRB que liberó en milisegundos la energía de cuatro días del Sol. Por primera vez, los astrónomos lograron rastrear una señal no repetitiva hasta su galaxia de origen, un hallazgo que redefine cómo estudiamos estos misteriosos destellos cósmicos.
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Las ondas de radio viajan por el universo como huellas invisibles de eventos extremos. A veces, esas huellas llegan a la Tierra en forma de FRB, breves pero intensas ráfagas que desconciertan a la ciencia desde hace más de una década. El más reciente de ellos no solo batió récords de potencia, sino que también permitió, por primera vez, seguir la pista de un destello único hasta el corazón de una galaxia lejana.

Una señal breve con energía descomunal

La ráfaga de radio que estremeció al cosmos y reveló su origen
© fernandoneirapaz.

Este fenómeno fue registrado en marzo del año 2025 y recibió el nombre de RBFLOAT. Duró apenas unos milisegundos, pero en ese instante liberó tanta energía como el Sol en cuatro días completos. Lo extraordinario no es solo su intensidad, sino que se trataba de una fuente no repetidora, un tipo de señal cuya localización había resultado casi imposible hasta ahora.

El radiotelescopio CHIME, en Canadá, fue clave en la detección inicial, mientras una red de estaciones llamadas Outriggers ayudó a triangular la señal. Luego, telescopios ópticos y de rayos X confirmaron la ubicación exacta: un brazo de la galaxia espiral NGC 4141, situada a unos 130 millones de años luz, en dirección a la constelación de la Osa Mayor.

La incógnita detrás del estallido

La ráfaga de radio que estremeció al cosmos y reveló su origen
© NASA/JPL-CALTECH.

Los astrónomos aún no saben con certeza qué produce las FRB, pero la evidencia apunta a escenarios cósmicos extremos. Fusiones de estrellas de neutrones, magnetars o púlsares son los candidatos más probables. En el caso de RBFLOAT, su localización en una región activa de formación estelar sugiere que podría provenir de un magnetar, una estrella de neutrones con un campo magnético descomunal.

“RBFLOAT fue la primera fuente no repetidora localizada con tal precisión”, explicó Sunil Simha, coautor del estudio. El logro es un punto de inflexión: hasta ahora, solo las fuentes repetitivas habían permitido rastreos detallados.

Un futuro con cientos de detecciones

El avance técnico abre la posibilidad de multiplicar la velocidad y precisión en el estudio de estos fenómenos. Según los investigadores, CHIME podría llegar a ubicar unas 200 FRB al año con esta metodología, lo que transformará la comprensión de su origen y permitirá vincularlas directamente a galaxias concretas.

“Durante años sabíamos que los FRB estaban por todo el cielo, pero fijarlos era desesperadamente lento. Ahora podemos seguirlos a sus vecindarios galácticos”, añadió la investigadora Yuxin Dong.

Lo que antes era un destello fugaz e inasible ahora se convierte en una ventana: la promesa de descifrar uno de los enigmas más intensos y efímeros del universo.

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