Saltar al contenido

Roma descubre que bajo varios de sus edificios y carreteras hay mucho más que ruinas antiguas. Una red de túneles de al menos 15 kilómetros obliga a vigilar el subsuelo por riesgo de hundimientos y socavones

Lo que parecía una simple obra de reparación terminó destapando algo mucho más inquietante. Bajo varias calles del este de Roma se extiende un entramado subterráneo de origen antiguo que hoy complica la vida urbana y mantiene a las autoridades en alerta permanente.

Roma lleva siglos excavando su propio pasado, pero esta vez el problema no apareció en forma de templo, mosaico o estatua. Surgió como una amenaza mucho más incómoda: un entramado de túneles ocultos bajo calles, edificios e infraestructuras modernas que obliga a mirar el subsuelo de la capital italiana con bastante más preocupación que romanticismo.

El hallazgo más reciente se produjo bajo Via degli Angeli, donde unas obras para reparar una tubería dejaron al descubierto una sucesión de cavidades excavadas históricamente para extraer puzolana, un material volcánico muy utilizado desde la Antigüedad. Lo llamativo no fue solo el descubrimiento en sí, sino su escala: forma parte de una red subterránea de al menos 15 kilómetros que ya está bajo seguimiento periódico.

Roma no solo está construida sobre historia: también sobre huecos

La ciudad eterna siempre ha convivido con varias capas de sí misma. Debajo de plazas, avenidas y bloques residenciales suelen aparecer restos del Imperio romano, cisternas, catacumbas o antiguas estructuras. Pero en este caso no se trata solo de patrimonio oculto, sino de vacíos subterráneos con capacidad real de afectar la vida diaria en la superficie.

Y ahí está la diferencia importante. Estos túneles no son una curiosidad arqueológica más, sino una amenaza urbana tangible. Varias calles del Municipio V, en el este de Roma, llevan años sufriendo cierres, inspecciones y retrasos por la aparición de cavidades que pueden comprometer la estabilidad del terreno. De hecho, la zona es tan conocida por este fenómeno que ya se la considera internamente como el “municipio de las cavidades”.

El problema ya afecta carreteras, obras y barrios enteros

El impacto no es teórico. Se traduce en calles cerradas durante meses o incluso años, intervenciones de emergencia, obras que nunca terminan cuando deberían y vecinos que viven con la sensación de que el suelo puede volver a ceder.

Via degli Angeli, por ejemplo, permanece cerrada desde febrero de 2025, después de que se detectaran anomalías y se confirmara la existencia de nuevas cavidades a unos nueve metros de profundidad. Las obras, gestionadas por Acea y supervisadas por Sotterranei di Roma, siguen pendientes de informes técnicos definitivos.

Pero no es el único caso. En Via Buie d’Istria, un socavón provocó el cierre de la vía hace más de una década. Las excavaciones posteriores revelaron una red de túneles en mal estado, lo que obligó a realizar estudios geofísicos y espeleológicos para cartografiar, sellar y rellenar las cavidades. Solo esas intervenciones supusieron una inversión cercana a los 360.000 euros.

Y en Via Sestio Menas, el problema fue todavía más visible: un socavón llegó a tragarse dos coches, obligando a asegurar el subsuelo antes de reabrir la carretera en abril de 2025.

La explicación está en la propia geología de Roma

Roma descubre que bajo varios de sus edificios y carreteras hay mucho más que ruinas antiguas. Una red de túneles de al menos 15 kilómetros obliga a vigilar el subsuelo por riesgo de hundimientos y socavones
© Amigos de la Historia de Calahorra,

Lo más inquietante de todo es que esta situación no responde a una anomalía aislada, sino a una combinación bastante lógica de historia, geología y ciudad moderna.

Gran parte del subsuelo de esta zona de Roma está formado por materiales de origen volcánico. Entre ellos destaca la puzolana, muy apreciada desde la antigüedad por sus propiedades constructivas. Durante siglos se excavaron galerías para extraerla, dejando tras de sí una red de espacios huecos que, con el paso del tiempo, han ido degradándose.

A eso se suma otro factor muy actual: las vibraciones del tráfico urbano, el peso de las infraestructuras y el envejecimiento de las redes de agua y saneamiento. Todo ello acelera el deterioro del subsuelo y aumenta la probabilidad de hundimientos.

Dicho de otra manera: la Roma moderna circula, aparca, construye y vibra sobre una ciudad que en algunos puntos está literalmente vacía por debajo.

Roma ya está intentando adelantarse al próximo hundimiento

Ante este escenario, las autoridades locales han puesto en marcha una estrategia preventiva que mezcla geología, ingeniería y gestión del riesgo urbano. En el Municipio V ya opera un comité técnico interinstitucional denominado “Socavones y Cavidades Subterráneas”, encargado de coordinar inspecciones, seguimientos y actuaciones prioritarias.

El objetivo no es menor: identificar antes de tiempo las calles con mayor riesgo de colapso, elaborar mapas detallados de vulnerabilidad y decidir qué zonas necesitan intervención urgente o limitaciones de acceso.

Eso cambia bastante la forma de mirar la ciudad. Porque en Roma el problema ya no es solo lo que aparece cuando se excava, sino lo que todavía no ha aparecido.

La ciudad eterna sigue escondiendo más de lo que parece

Lo fascinante de Roma siempre ha sido su capacidad para superponer épocas. Pero este hallazgo recuerda que no todo lo enterrado pertenece únicamente al relato monumental de la ciudad. A veces, también forma parte de sus fragilidades.

La red de túneles descubierta en el este de la capital italiana no solo revela una herencia geológica e histórica poco visible. También expone una verdad bastante menos turística: que algunas de las ciudades más antiguas de Europa no solo conservan el pasado bajo tierra, sino también problemas que siguen creciendo en silencio. Y en una ciudad construida capa sobre capa durante más de dos mil años, eso significa una cosa bastante clara: todavía puede haber mucho más ahí abajo.

También te puede interesar