Las ciudades modernas suelen ocultar capas enteras de historia bajo sus calles. En Constanza, en la costa del mar Negro, una excavación previa a la ampliación de un hospital ha revelado uno de esos pasados enterrados. Bajo el terreno apareció una necrópolis romana que perteneció a Tomis, la antigua ciudad portuaria donde vivió exiliado el poeta Ovidio. Lo que comenzó como un trámite arqueológico obligatorio terminó convirtiéndose en un hallazgo notable.
Una necrópolis romana escondida bajo la ciudad actual

El descubrimiento, explica National Gepgraphic, se produjo en un solar destinado a ampliar el Hospital Municipal de Constanza. La ley obliga a realizar excavaciones arqueológicas preventivas en zonas protegidas antes de iniciar obras, y gracias a ese procedimiento se pudo documentar un conjunto funerario excepcional.
Las excavaciones se desarrollaron entre septiembre de 2025 y febrero de 2026, aunque el trabajo efectivo se concentró en 39 jornadas de excavación dentro de un periodo total de 114 días. Las labores se vieron interrumpidas en varias ocasiones por riesgos de derrumbe y por la presencia de estructuras inestables procedentes de demoliciones previas.
A pesar de esas dificultades, los arqueólogos lograron identificar 34 complejos funerarios romanos datados entre los siglos III y IV d.C.. Las tumbas no seguían un único patrón. Algunas correspondían a enterramientos individuales, mientras que otras estaban organizadas en catacumbas con múltiples inhumaciones.
Este detalle es especialmente revelador. Las catacumbas con varios enterramientos indican que el espacio funerario fue utilizado durante un periodo prolongado, lo que sugiere la existencia de una comunidad organizada que mantenía memoria de sus muertos y reutilizaba el mismo lugar para generaciones sucesivas.
Objetos funerarios que hablan de comercio y estatus
Varias de las tumbas contenían ajuares funerarios relativamente ricos, algo habitual en muchas prácticas funerarias romanas. Los arqueólogos recuperaron adornos personales, accesorios de vestimenta, recipientes de vidrio, abundante cerámica y un conjunto notable de monedas. Estos objetos permiten reconstruir aspectos importantes de la vida cotidiana y del estatus social de quienes fueron enterrados en la necrópolis.
Entre todos los hallazgos destacan unas piezas especialmente reveladoras: ánforas procedentes del norte de África. En el mundo romano, las ánforas funcionaban como los contenedores logísticos de larga distancia. En ellas se transportaban productos como aceite, vino o salsas de pescado.
Su presencia en Tomis confirma que este puerto del mar Negro estaba integrado en redes comerciales que conectaban distintas regiones del Imperio romano, incluyendo rutas que atravesaban todo el Mediterráneo.
El hecho de que estas ánforas aparezcan en contextos funerarios sugiere que no eran simples objetos utilitarios. También podían tener un valor simbólico o social, relacionado con el prestigio o la identidad cultural de quienes eran enterrados.
Una inscripción griega poco común en Rumanía

Uno de los hallazgos más llamativos del yacimiento es una inscripción en lengua griega fechada en el siglo III d.C. Este tipo de testimonios epigráficos es relativamente raro en el territorio de la actual Rumanía, lo que aumenta su importancia histórica.
Los análisis preliminares indican que la inscripción podría hacer referencia a una asociación religiosa activa en la ciudad. Tomis fue originalmente una colonia griega y, aunque posteriormente quedó integrada en el Imperio romano, el griego siguió siendo una lengua muy presente en la vida cultural y urbana del área del mar Negro.
Este hallazgo aporta nuevas pistas sobre la diversidad religiosa y cultural de la ciudad durante la Antigüedad tardía.
El objeto más misterioso: un escudo ceremonial
Entre todos los materiales recuperados hay uno que ha despertado especial interés entre los especialistas. Se trata de un umbo, la pieza metálica central que sobresale en la parte frontal de un escudo. En este caso, los investigadores creen que pertenecía a un escudo ceremonial o de parada, más relacionado con exhibiciones o actos oficiales que con el combate.
Este tipo de objetos es extremadamente raro en contextos funerarios provinciales. Su presencia plantea varias hipótesis. Podría haber sido enterrado junto a un militar condecorado, un miembro de alguna milicia urbana o incluso una figura local con cierto rango o prestigio. Por ahora, la interpretación sigue abierta.
Lo que sí está claro es que la combinación de tumbas, objetos funerarios, inscripciones y elementos militares convierte esta necrópolis en una fuente extraordinaria para entender cómo vivían —y cómo enterraban a sus muertos— los habitantes de Tomis hace casi dos mil años.