Samsung Galaxy S5, primeras impresiones: las apariencias engañan

Ya está aquí. Samsung ha presentado hoy el Galaxy S5, el smartphone que está llamado a continuar el liderazgo mundial de la coreana en móviles. En Gizmodo en Español te hemos contado en directo las novedades y las diferencias con respecto al S4, pero también lo hemos probado. ¿Primeras impresiones? Suele ocurrir con Samsung, pero ahora más que nunca: hay que probarlo. A primera vista parece el móvil más horroroso jamás diseñado. Basta cogerlo para darse cuenta que las apariencias engañan.

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A medida que Samsung iba desvelando los detalles del Galaxy S5, se mascaba la tragedia. ¿Cubierta trasera de plástico? ¿Con agujeritos? ¿Nada de modelo de aluminio premium? ¿Misma resolución de pantalla que el S4? El mensaje fue encajando poco a poco, a fuego lento. Cámara ultra-rápida, lector de huellas dactilares, fuerte foco en aplicaciones de salud (con sensor cardíaco integrado)... Luego, al cogerlo, se disiparon el resto de dudas sobre el sentido de este smartphone, aunque la principal impresión se mantenía. Samsung, nuevamente, ha jugado a asegurar. El Galaxy S5 es solo un poco mejor, una pizca más original. El problema es que esperábamos algo más rompedor y excitante. No va a poder ser.

Diseño y hardware

Pese a que el cambio en diseño sabe a poco respecto al rumoreado modelo de aluminio, hay que decir que la variación se nota. Para bien y para mal. La principal novedad está en su carcasa trasera que a primera vista parece piel acolchada, pero que en realidad es policarbonato rígido con pequeños agujeros. Hay que decirlo ya: no es elegante. El color negro es aburrido, el azul demasiado chillón y el marrón sí, parece una tirita. De eso hasta se burlaban en Twitter, y desde el WSJ (debajo). Sin embargo, la sensación al cogerlo es totalmente diferente. Es cómodo, el material evita que se resbale entre las manos y es resistente.

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Siendo algo más grueso y pesado que el S4, apenas se percibe la diferencia. Al fin y al cabo hablamos solo de 0,2 milímetros extra de grosor y 15 gramos más de peso. Samsung ha apostado por mantener casi invariable el tamaño de pantalla: 5,1 pulgadas (frente a las 5 pulgadas del S4).

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Desafortunadamente no tuvimos tiempo para probar su resistencia al agua, pero sí el sensor de ritmo cardíaco situado en la parte trasera del teléfono, justo debajo del flash LED. Para contar tus latidos por minuto, solo tendrás que abrir la renovada aplicación S Health, situar tu dedo sobre el sensor y, en teoría, esperar unos segundos. En nuestro caso llevó al menos tres pruebas hasta que nos leyó correctamente el pulso, pero normal que ocurra con los modelos de prueba durante los lanzamientos después de haber pasado por miles de manos.

Tal vez la mayor decepción en el frente del hardware es la pantalla Super AMOLED, que mantiene la misma resolución 1920 x 1080 respecto al S4. Nada de pantalla 2K. Una pena. Aún así, sigue siendo una de las pantallas más nítidas y espectaculares de los smartphones de gama alta.

Otra de las novedades, aunque esperada, es el lector de huellas dactilares, integrado en el botón de inicio. Con solo pasar levemente el dedo por encima se activa (admite hasta 3 usuarios diferentes). No lo pudimos probar porque hay que configurarlo, pero será interesante compararlo a fondo con el TouchID.

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La cámara también ha mejorado, especialmente en la velocidad del autofoco. En las pruebas que pudimos hacer (algunas en el vídeo de arriba), la velocidad del autofoco es mucho mayor. No pudimos medir si exactamente 0,3 segundos, pero desde luego parece instantáneo. La duda es si es más rápido que otras cámaras de smartphones de gama alta. Habrá que verlo.

Software

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Samsung ha reorganizado y simplificado considerablemente el interfaz TouchWiz y es una mejora importante que se agradece. Ahora es más limpio, aunque sigue adoleciendo de excesivas aplicaciones de Samsung que al final casi nadie utiliza. Ahí sigue S Voice, S Pen... Falta aún mayor simplicidad.

En el frente de la cámara hay también novedades interesantes de software. Por ejemplo, la función Selective Refocus te permite enfocar algo en primer plano o el fondo después de haber tomado la foto, lo que consigue mayor profundidad de campo. Otra función, Shot & More, une diferentes fotos seguidas en una.

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Una novedad adicional es el vídeo HDR; según Samsung, el primer smartphone en tenerlo. Cuando das al botón de HDR, la imagen al momento aparece más limpia y clara. Funciona bastante bien cuando estás mirando en la pantalla para ver los cambios de imagen, pero no pudimos comparar directamente archivos de vídeo con y sin HDR. Pronto lo haremos con calma. Quizás lo peor del software de la cámara es el interfaz de manejo. Podría ser más sencillo. Se echa de menos aplicaciones de cámara tan pulidas como la del Nokia Lumia 1020 y compañía.

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En definitiva, el Galaxy S5 es como uno de esos caramelos ácidos por fuera y dulces por dentro. Las apariencias engañan. Combina una potente cámara, aplicaciones de salud, sensor biométrico y la posibilidad de emparejarlo con un nuevo invento, el medidor-pulsera Gear Fit. ¿Lo malo? El Galaxy S5 debería haber entusiasmado. De momento solo despierta interés.

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