El Samsung Gear Fit tiene todos los ingredientes para ser el mejor medidor de actividad del año. No lo es. Y no hay nada más triste que ver un aparato con tanto potencial desaprovechado por completo.

¿Qué es?

Es un híbrido entre medidor de actividad y smartwatch. Todo depende de cómo quieras denominar a esta categoría de producto que aún no tiene un nombre muy extendido entre el público. Cuenta los pasos, monitoriza nuestros ciclos de sueño, y muestra las notificaciones del smartphone Samsung con el que lo emparejemos. Sí, solo funciona con dispositivos Samsung.

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¿Por qué es importante?

Es la nueva moda. Hoy no hay fabricante tecnológico que se precie de serlo que no esté trabajando en un dispositivo para llevar puesto, un wearable. El Gear Fit es, con mucho, el más llamativo de este mercado creciente. Asimismo, promete lo mejor de ambos mundos: los relojes inteligentes y los medidores de actividad. ¿Qué podría ir mal?

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Diseño

El diseño es simple y agradable a la vista. Cuenta con una pantalla táctil Super AMOLED de 1,84 pulgadas en diagonal. Sus negros son tan puros como los del Samsung Galaxy S5. A su alrededor encontramos un marco metalizado brillante, la familiar aportación al diseño de la coreana.

Un único botón es el encargado de asumir las funciones de despertar el dispositivo, volver a la pantalla inicial o apagar el Fit. Simple.

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La correa está confeccionada en goma, pero es cómoda de llevar y está bien rematada. Un sencillo sistema de dos enganches a insertar en dos huecos de la hilera constituyen el único cierre físico del Gear Fit alrededor de la muñeca. Es muy sencillo pero, pese a ello, nunca he tenido un problema de agarre, o se me ha soltado el dispositivo. Es fácil de poner y quitar.

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En la parte inferior del dispositivo encontramos el sensor responsable de medir nuestro pulso cardíaco. El Gear Fit cuenta con una certificación IP67. En teoría, esto significa que puedes sumergirlo a un metro de profundidad durante media hora. En la práctica, sin embargo, y en nuestra experiencia, eso significa que puedes ducharte con el Gear Fit puesto, mojarlo en el lavabo, o llevarlo bajo una lluvia intensa. No recomendamos nadar con él mucho rato. Su conexión con los terminales Samsung, por cierto, se establece mediante Bluetooth 4.0 de bajo consumo.

Utilizando el Gear Fit

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Sobre el papel, el Gear Fit pinta fantástico. Parece un eficaz podómetro para nuestras sesiones de ejercicio que, además, trabaja con los datos extra de la aplicación S-Health. Para rematar, muestra las notificaciones que llegan a nuestro teléfono Samsung. Sería el medidor de actividad perfecto si hiciera mínimamente bien alguna de las cosas que promete.

Para ser justos, hay que reconocer que el Gear Fit funciona bien mostrando las notificaciones. Es muy conveniente poder chequear si tenemos correos nuevos con solo echar un vistazo a la muñeca. Lo hemos configurado para recibir notificaciones de Gmail, Google Voice, Hangouts, Calendario, Twitter y Facebook.

Cuando aparece una de estas notificaciones, pulsamos sobre su icono y nos muestra las primeras líneas del mensaje. Si queremos leer más hay una opción llamada "mostrar en dispositivo" que activa la aplicación correspondiente en el smartphone, pero no lleva a ese mensaje concreto. Sólo abre la aplicación.

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La sincronización entre el Gear Fit y el smartphone es buena, pero la peculiar forma apaisada de la pantalla convierte la lectura de notificaciones en un ejercicio de infinita paciencia y frustración.

Independientemente de si mantenemos su orientación original, o la cambiamos en la configuración, el Gear Fit nos obliga a contorsionar el codo o el cuello en posturas bastante incómodas para leer las notificaciones.

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Como muchos ya sabréis, Samsung ha escuchado las quejas de los usuarios en este sentido y ha liberado una actualización de software para el Gear Fit, que introduce un modo vertical mucho más natural y cómodo. El problema es que leer el texto de la notificación con una anchura de párrafo tan limitada roza la interpretación de jeroglíficos.

Hasta aquí todo lo que funciona del Samsung Gear Fit. ¿Y el resto? Pues no funciona muy bien. El podómetro, por ejemplo, es altamente impreciso. Salí a dar una vuelta y me puse a contar los pasos mentalmente. Di exactamente 500 pasos. El Gear Fit calculó 700. La diferencia es demasiado grande como para pasarla por alto. Por otra parte, hay que activar el podómetro manualmente, no está siempre activo, algo bastante increíble en los medidores de actividad.

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Los problemas no han hecho más que empezar. El Samsung Galaxy S5 al que conectamos el Gear Fit también tiene un podómetro. Estupendo, ¿no? Así pueden sincronizarse entre ellos. En teoría sí, pero en la práctica va a ser que no. No importa cómo hagas la sincronización. El Gear Fit siempre cuenta más pasos que el smartphone, y las lecturas nunca coinciden.

Esta falta de acuerdo entre dos dispositivos, que se supone que alguien ha diseñado para que trabajen juntos, se pone aún más de manifiesto si salimos a correr. En teoría, lo ideal es que la aplicación S-Health nos enviara datos al Gear Fit para que pudiéramos ver las pulsaciones o el ritmo mientras corremos ¿no? Pues tampoco. El modo deportivo del Gear Fit y de S-Healt trabajan cada uno por su lado, y hasta recomiendan cosas diferentes. Al terminar el ejercicio, cada uno te ofrecerá un informe distinto con datos completamente diferentes, y por un margen bastante amplio.

Llegamos al sistema para monitorizar el sueño, que también hay que activar manualmente. No es el fin del mundo, pero es fácil que se nos olvide, y los dispositivos que compiten con el Gear, como la Basis Band, o muchos otros, hacen esto automáticamente. Sea como fuere, el principal problema es que los datos de esta medición no van, literalmente, a ninguna parte. Ni siquiera se pueden ver en la aplicación S-Health. Cuando despertamos, el Gear Fit nos muestra los resultados y después desaparecen. El único rastro es una gráfica semanal completamente inútil.

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El Fit tampoco es lo suficientemente listo como para entender que tal vez no quieras recibir notificaciones mientras duermes. No puedes desactivarlas en el reloj, o simplemente silenciarlas. Tienes que ir a la app del Gear Fit Manager en el móvil y desactivar las notificaciones por completo, cada noche, para luego volver a activarlas por la mañana. Cada mañana. Ugh.

La aplicación Gear Fit Manager es útil para ciertas cosas, como cambiar el fondo de pantalla, el estilo del reloj o controlar cómo aparecen las notificaciones. Lo confuso es que en el apartado de S Health dentro de la app Gear Fit Manager hay una opción para instalar más aplicaciones. Ahora mismo solo hay tres programas a escoger. Los instalé todos. Sin embargo, ninguno aparecía en la pulsera o se conectaba a ella de ninguna forma. Hay una opción en el menú del Fit llamada "App Connect". Si haces clic, lo único que encontrarás es un pequeño botón táctil de on/off para la app Strava. Pero tampoco: Strava no interactúa en absoluto con el Gear Fit. No hay ninguna app que te la muestre una vez la activas. Nada.

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En resumen: el software en el Gear Fit está totalmente por cocinar, tanto que convierte uno de los equipos de hardware más prometedores que hemos visto en mucho tiempo básicamente en un aparato inútil. Incluso el hardware tiene algunos aspectos molestos. La pantalla es preciosa, pero como no hay sensor de luz exterior, siempre aparece o demasiado brillante o demasiado oscura. Si dejas encendido el gesto de activar el Fit (el gesto para ver la hora del reloj), un destello te despertará en mitad de la noche cada vez que te revuelvas en la cama. Lo bueno: la batería dura hasta cuatro días en una sola carga. No está nada mal.

Nos gusta

El hardware es casi perfecto. En serio, lo único que le falta es un sensor de luz exterior para ajustar el brillo de la pantalla y tal vez un micrófono para responder rápidamente a los emails. Por lo demás, la pantalla es espectacular, la pulsera cómoda y, en general, queda fantástica. Cuatro días de duración de batería es muy aceptable. Ver un breve resumen de emails, mensajes, menciones en Twitter o en Facebook a medida que las recibes puede ser tan útil como estresante, pero tienes control sobre ello. Y otro punto a favor: es muy cómodo controlar el reproductor de música desde la muñeca.

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No nos gusta

El software es imperdonablemente malo. Es como si los equipos de desarrollo del Gear Fit y S Health apenas hubieran hablado. Lo cuál es aún más sonrojante si se tiene en cuenta que Samsung ha escogido vender un wearable que *solo* funciona con sus propios productos. Al menos, cuando Apple te encierra en su jardín las cosas (generalmente) funcionan.

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El podómetro del Fit es impreciso y la app para hacer ejercicio realmente no se integra con S Health. Los datos de tus hábitos de sueño son también imprecisos e insuficientes. Otros detalles negativos: cuando estás en la calle tienes que ajustar al máximo el brillo de la pantalla, pero solo durará cinco minutos antes de que vuela al punto intermedio. Muy frustrante si vas a correr durante más de cinco minutos. Los controles táctiles suelen responder también bastante mal.

¿Merece la pena comprarlo?

No. Absolutamente no. El software del Fit arruina todo lo prometedor que tiene este aparato. Además, no es muy caro, pero tampoco barato (199 euros/dólares). Si Samsung reescribe por completo el software - y decimos por completo - entonces podría acabar siendo lo que promete, un gran híbrido entre medidor y smartwatch. Pero, de momento, el hecho de que solo funcione con móviles Samsung y que, encima, funcione mal, hace que la decisión sea bastante clara: ni se te ocurra comprarlo.

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Especificaciones

  • Conectividad: Bluetooth 4.0
  • Pantalla: 1,84 pulgadas Super AMOLED
  • Procesador: 180MHz ST-Microelectronics STM32F439
  • Batería: 210 mAh
  • Peso: 27 gramos
  • Precio: 199 euros/dólares

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