Los barcos científicos pueden abrirse paso entre aguas difíciles, pero incluso ellos tienen un límite. En los fiordos del este de Groenlandia, el hielo marino, los icebergs y una geografía extremadamente compleja obligan a suspender campañas y dejan enormes zonas sin apenas mediciones. Los narvales, en cambio, continúan avanzando.
Seis ejemplares de Scoresby Sound hicieron durante meses el trabajo que ningún buque podía completar. Equipados con pequeños sensores, se sumergieron en algunas de las aguas más inaccesibles del planeta y reunieron 2.060 perfiles de temperatura, salinidad y profundidad. Algunos descendieron a más de 1.500 metros.
Lo que encontraron bajo la superficie es una mala noticia para Groenlandia: el agua cálida del Atlántico ya penetra hasta cuencas situadas frente a los glaciares, unos 300 kilómetros hacia el interior del sistema de fiordos.
Los sensores acompañaron a los narvales durante casi un año

Entre 2017 y 2020, los investigadores instalaron dispositivos CTD sobre seis animales. Estos instrumentos registran conductividad eléctrica, temperatura y profundidad. La conductividad permite calcular la salinidad y distinguir las diferentes masas de agua que ocupan el océano.
Los sensores permanecieron adheridos durante periodos de entre 85 y 332 días. Así acompañaron a los narvales mientras atravesaban canales cubiertos de hielo y realizaban sus inmersiones habituales, llegando a lugares que las campañas oceanográficas tradicionales apenas habían observado.
El estudio publicado en Science Advances no se apoyó únicamente en esos animales. Los científicos combinaron sus registros con más de 2.200 perfiles históricos de la base de datos mundial del océano, algunos obtenidos desde 1891. Eso permitió situar las nuevas mediciones dentro de una transformación que lleva décadas desarrollándose.
El agua polar retrocede y el Atlántico ocupa su lugar

Los fiordos orientales están organizados en capas. Cerca de la superficie se encuentra el agua polar procedente del Ártico, más fría y menos salina. Por debajo circula el agua intermedia atlántica, comparativamente más cálida y salada.
Los modelos indican que esta segunda capa se está haciendo más gruesa mientras la cobertura de agua polar se vuelve más fina. En la cuenca de Blosseville, la influencia atlántica ya domina por debajo de unos 250 metros. Además, entre 1960 y 2021 las temperaturas de las aguas situadas por encima de los 500 metros aumentaron alrededor de 0,047 °C anuales.
La sorpresa no consiste únicamente en encontrar agua atlántica cerca de la costa. Los registros demuestran que puede recorrer cientos de kilómetros por los canales profundos de Scoresby Sound y alcanzar las cuencas situadas ante glaciares que desembocan directamente en el mar.
El calor está llegando hasta la parte sumergida de los glaciares

Cuando esa masa de agua entra en contacto con los frentes glaciares, transporta calor hacia el hielo situado bajo la superficie. Allí puede aumentar el deshielo submarino, desestabilizar el frente y acelerar la pérdida de masa del glaciar.
El hallazgo también puede mejorar los modelos climáticos. La pérdida de hielo de Groenlandia eleva el nivel del mar e introduce grandes cantidades de agua dulce en el océano, con posibles efectos sobre la circulación marina mucho más allá del Ártico.
Como explica la Universidad de Copenhague, los narvales permitieron completar uno de los mayores puntos ciegos oceanográficos de la región. Allí donde los barcos tuvieron que detenerse, ellos siguieron nadando. Y terminaron revelando que la barrera de agua fría que protegía a los glaciares está perdiendo terreno.