Mercurio está a una distancia relativamente pequeña de la Tierra si se compara con los confines del Sistema Solar. Sin embargo, llegar hasta allí puede resultar más complicado que viajar hasta Plutón. Después de casi ocho años de travesía, nueve asistencias gravitatorias y miles de millones de kilómetros recorridos, la misión BepiColombo acaba de superar una de sus maniobras más delicadas.
La Agencia Espacial Europea confirmó este 3 de septiembre que el módulo de transferencia MTM se separó correctamente del resto de la nave. Las estaciones de espacio profundo de Cebreros, en España, y Malargüe, en Argentina, recibieron la señal que permitió comprobar que todos los sistemas funcionaban con normalidad.
No significa que BepiColombo ya esté orbitando Mercurio. Significa que acaba de desprenderse de la pieza que la impulsó durante casi todo el viaje y ha comenzado una secuencia de aproximación que se prolongará durante meses.
Mercurio está cerca, pero la gravedad del Sol lo convierte en una trampa

Cerca no significa fácil. Una nave que se dirige hacia el interior del Sistema Solar es acelerada por la enorme gravedad del Sol. El problema no consiste únicamente en alcanzar Mercurio, sino en llegar con una velocidad lo bastante baja como para que la débil gravedad del planeta pueda capturarla.
Un trayecto directo habría provocado que BepiColombo pasara de largo o necesitara una cantidad descomunal de combustible para frenar. Los ingenieros diseñaron entonces una ruta que parece un rodeo absurdo: un sobrevuelo de la Tierra, dos de Venus y seis del propio Mercurio.
Cada encuentro planetario permitió modificar gradualmente la velocidad y la trayectoria de la nave. La ESA explica que esta combinación de asistencias gravitatorias, propulsión eléctrica y pequeños motores químicos es la que permitirá que la misión termine siendo capturada en una órbita polar.
El motor ya terminó su trabajo. El MTM utilizaba cuatro propulsores iónicos alimentados con energía solar. Estos motores aceleraban gas xenón y producían un empuje muy pequeño, pero podían permanecer encendidos durante largos periodos. Ahora que el módulo fue descartado, el orbitador europeo MPO se encargará de controlar el conjunto mediante su sistema de propulsión química.
La nave todavía debe dejarse atrapar por Mercurio

La fecha decisiva será el 21 de noviembre. Ese día, MPO y Mio (todavía unidos) intentarán entrar en una órbita polar alrededor de Mercurio. La operación requerirá una secuencia de maniobras cuidadosamente calculadas para impedir que la nave escape o se aproxime demasiado al planeta.
Si todo funciona según lo previsto, los dos orbitadores se separarán entre el 9 y el 10 de diciembre. Mio, desarrollado por la agencia espacial japonesa JAXA, quedará en una órbita elíptica desde la que analizará el campo magnético y el entorno de plasma. MPO continuará descendiendo hasta alcanzar su propia órbita científica en marzo de 2027.
La fase científica comenzará en abril de 2027. Hasta entonces, los equipos deberán desplegar componentes, comprobar los instrumentos y ajustar las órbitas de ambas sondas.
El premio es comprender un planeta que parece no encajar
Mercurio esconde varios enigmas. Posee un núcleo de hierro desproporcionadamente grande, un campo magnético global (algo que ningún otro planeta rocoso salvo la Tierra conserva) y depósitos de hielo en cráteres polares permanentemente ocultos del Sol.
Las sondas tendrán que investigarlo soportando temperaturas que pueden oscilar entre los 180 grados bajo cero y aproximadamente 450 grados, además de una radiación solar hasta diez veces más intensa que la recibida por la Tierra.
MPO estudiará la superficie, la composición y el interior del planeta. Mio analizará su magnetosfera y cómo interactúa con el viento solar. Las mediciones precisas de la órbita también servirán para poner a prueba la relatividad general de Einstein en uno de los entornos gravitatorios más extremos accesibles mediante una nave.
BepiColombo aún no ha llegado definitivamente a Mercurio. Pero, después de ocho años frenando contra la gravedad del Sol, acaba de desprenderse del motor que la trajo hasta aquí. Ahora debe conseguir algo todavía más difícil: que el planeta más pequeño del Sistema Solar no la deje escapar.