Puede que sea una de las obras maestras de la generación de PlayStation 2, pero 13 años después de su lanzamiento original la versión de Shadow of the Colossus para PlayStation 4 se siente como la definitiva. Un clásico que ha vuelto mejor que nunca, con el apartado visual que siempre debió tener. Así es el remake de Shadow of the Colossus.

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La palabra “remake” ha sido muy utilizada en los cuatro años que lleva la generación actual de consolas, y es un poco insólito que todavía la sigamos escuchando tanto. Sin embargo, en la mayoría de casos esos “remakes” en realidad eran el mismo juego que vimos en PlayStation 3 y Xbox 360 pero con un poco más de luz, mejores sombreados y algún que otro detalle adicional. El termino se empleó muy mal por el hecho de poder re–vender un mismo juego en una nueva consola, algo de lo que ya me quejé en su momento.

Sin embargo, el caso de Shadow of the Colossus es diferente. El juego ha sido reconstruido desde cero por primera vez (a diferencia de la “versión HD” que salió para PlayStation 3). Estamos hablando de un juego del año 2005, era imposible maquillarlo para relanzarlo en PS4. Los estudios de Bluepoint Games tuvieron la ardua tarea de dar vida a una nueva versión de la obra maestra de Fumito Ueda, y el resultado habla por sí solo.

Sí, el juego tiene los mismos fallos o molestias que el original, incluyendo esos controles incómodos y molestos (aunque hay un nuevo modo que mejora un poco), pero eso es parte de lo que hace al juego lo que es. Una aventura difícil, un reto por superar, un aparente cuento de hadas que termina siendo mucho más... Quizás una historia macabra.

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Shadow of the Colossus (al que a partir de ahora llamaré SotC) no es un juego como cualquier otro, al igual que ninguna de las creaciones de Fumito Ueda lo es (si jugaste The Last Guardian, sabes de lo que hablo). Al comienzo del juego no tenemos idea de lo que está pasando, solo sabemos lo básico: un chico recorre un largo camino llevando en su caballo el cadáver de una chica, hasta cruzar un puente gigantesco y llegar a un templo en ruinas. Allí, coloca a la chica en un altar y una voz misteriosa le dice que para intentar revivirla debe matar a 16 colosos. Ahí comienza nuestra “aventura”.

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Pero no todo es lo que parece a simple vista. No sabemos quién es la chica (¿su hermana? ¿su esposa? ¿su amada de toda la vida?), tampoco sabemos a quién pertenece la voz que nos habla (¿es un ángel, un dios o quizás un demonio?) y lo más importante, no estamos seguro de que lo que haremos funcionará. Vamos a recorrer un mundo completamente vacío para matar a sus únicos habitantes, un grupo de colosos que solo quieren estar en paz, que nadie los moleste. Criaturas gigantescas y majestuosas, cada una única en su tipo, que caminan sin rumbo y no amenazan a nadie.

Al igual que nosotros, Wander, el protagonista de SotC, tampoco tiene claro lo que está pasando, solo podemos sentir desde el primer instante su desespero por revivir a la chica, para eso ha viajado un camino tan largo y hará lo que sea por lograrlo. A partir de entonces lo único que haremos, como jugadores, será recorrer largos trayectos a caballo iluminando el sendero con la luz que refleja nuestra espada, hasta encontrar a los colosos. Al encontrarlos, es imposible no preguntarse: ¿qué ha hecho esta criatura para merecer la muerte? La respuesta es sencilla: nada. Esto no es el villano de un juego común, no es un Ganon que amenaza al mundo, ni un Alduin de Skyrim, por solo mencionar a algunos, son criaturas que viven en paz y que tu vas a atacarlas, así que deben defenderse.

El modo foto de SotC permite usar filtros y sacar imágenes como estas.

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Así se ve el juego en PS4 Pro.

El aspecto moral del juego se va tornando cada vez más complicado, más oscuro. A medida que eliminas (es decir, matas) uno a uno a los colosos, regresas de manera automática a las ruinas solo para ver cómo se destruye una estatua que lo representaba. Una pieza más hacia un objetivo con el que soñamos, pero que no estamos seguros si sucederá. Los combates pueden ser complicados, aunque siempre tienen el mismo objetivo: escalar el cuerpo del coloso hasta encontrar un punto débil, el problema y lo difícil será llegar hasta ahí mientras el coloso te ataca y se mueve para defenderse.

La historia la vas descubriendo por ti mismo mientras que el juego te da detalles con un gotero, y durante el final de la campaña, después de recorrer este solitario mundo y dejarlo aún más vacío, todo será diferente para ti como jugador, y para Wander como héroe. Las acciones siempre tienen consecuencias.

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SotC es un juego diferente y genial. No por nada ha sido tan elogiado durante tanto tiempo. La gran diferencia es que ahora, más de una década después, se ve como siempre mereció verse.