Cuando los incendios forestales se propagan y llegan a zonas pobladas queman toda clase de materiales que están en construcciones y objetos: dispositivos electrónicos, pintura, plástico, muebles, etc.
Los trabajos científicos muestran que la mezcla de químicos que se liberan al quemarse estas cosas es distinta a la que emite el incendio de vegetación, y que potencialmente es más tóxica. El humo y las cenizas pueden entrar por debajo de las puertas o alrededor de las ventanas, y los químicos quedan en los muebles, paredes y otras superficies, prolongando su efecto tóxico durante semanas o meses.
Elevados niveles de metales y COV
En 2021 tras el incendio que arrasó con barrios cercanos a Boulder, Colorado, mis colegas y yo trabajamos en universidades y laboratorios con consultas de muchos residentes preocupados porque las cenizas y el olor permanecían dentro de sus hogares aunque hubieran sobrevivido a las llamas.
Pudimos acudir rápidamente a esas casas para analizar esos residuos y encontramos niveles elevados de metales, HAP – hidrocarbonos aromáticos policíclicos en las cenizas, y COV, compuestos orgánicos volátiles en el aire. Estos últimos incluyen dioxinas, benceno, formaldehido y HAP, todos ellos potencialmente tóxicos para los humanos. El benceno es cancerígeno, además.
En ese momento no hallamos información sobre consecuencias en la salud física de las personas que habían regresado a sus hogares tras un incendio forestal. De modo que para buscar patrones encuestamos a residentes afectados por el incendio seis meses, un año, y dos años después.
Incluso a seis meses del incendio encontramos que muchas personas informaban que sufrían síntomas relacionados con los riesgos para la salud que causan el humo y las cenizas de los incendios.
Más de la mitad (55%) informó que sufría al menos un síntoma seis meses después del incendio Marshall. Los síntomas más comunes eran ojos llorosos o con picazón (33%), dolores de cabeza (30%), tos seca ( 27%), estornudos (26%) y molestias en la garganta (23%).

Todos estos síntomas, sumados al sabor extraño en la boca, tenían relación con el hecho de que sus casas olían diferente cuando volvieron allí una semana después del incendio.
Muchos de los encuestados dijeron que los olores disminuyeron con el tiempo y la mayoría atribuyó esa mejora al paso del tiempo, la limpieza de superficies y conductos de ventilación, el reemplazo de filtros, alfombras, textiles y muebles. Pero a pesar de ello, muchos seguían con síntomas.
También hallamos que vivir cerca de muchas estructuras quemadas tenía relación con estos síntomas. Por cada 10 edificios adicionales destruidos a 250 metros del hogar de la persona había un aumento de 21% en los dolores de cabeza y un 26% en el sabor extraño que sentían en la boca.
Son síntomas que están en línea con lo que se esperaría tras la exposición a los químicos que hallamos en las cenizas y el aire de las pocas casas dañadas por el humo que pudimos analizar en profundidad.
Cómo protegerse después de los incendios forestales
Si tu casa sobrevive a un incendio forestal cercano, aquí tienes algunos consejos antes de empezar a limpiar.
– Cuando te dispongas a limpiar, comienza por protegerte: usa máscara N95 o KN95, guantes, gafas y ropa protectora.
– Mantén alejadas a las personas con enfermedades cardíacas o respiratorias, a los adultos mayores, las mujeres embarazadas, los niños y las mascotas.
– Aspira pisos, textiles y muebles. Limpiar todas las superficies puede reducir los reservorios de COV y las concentraciones en el aire interior de la casa. Cuando el aire exterior ya huela bien, ventila la casa.
– Evita usar limpiadores químicos fuertes porque podrían reaccionar con los químicos de las cenizas.
– Limpia los filtros y ductos de ventilación, y cambia los filtros una vez al mes hasta que ya no haya olores. Usa filtros portátiles de carbono.
– Si tu automóvil huele a humo, considera cambiar el filtro de aire.
Actualización del artículo publicado el 23 de diciembre de 2024.
Colleen E. Reid, Profesora Adjunta de Geografía, University of Colorado Boulder