Marte es uno de los planetas mejor vigilados del sistema solar. Sin embargo, incluso en este entorno hipercontrolado, siguen ocurriendo episodios inesperados. A principios de diciembre, la NASA perdió contacto con una de sus sondas más importantes en órbita marciana: MAVEN. El suceso, aparentemente técnico, tiene implicaciones científicas, operativas y estratégicas, justo cuando el planeta rojo estaba siendo observado desde múltiples puntos del espacio.
Una sonda clave que quedó en silencio
La nave MAVEN (Mars Atmosphere and Volatile Evolution) orbita Marte desde 2014 con una misión clara: estudiar cómo el planeta perdió gran parte de su atmósfera a lo largo del tiempo. Ese proceso es clave para entender por qué Marte pasó de ser un mundo potencialmente habitable a un desierto helado.
El 6 de diciembre, durante una maniobra rutinaria en la que la sonda quedó oculta tras el planeta, la comunicación con la Tierra se interrumpió. Lo preocupante es que, al reaparecer, no volvió a enviar señal alguna, pese a que la telemetría previa indicaba que todos los sistemas funcionaban con normalidad.

Por qué MAVEN es mucho más que una sonda científica
Además de su valor científico, MAVEN cumple una función esencial como nodo de comunicaciones. Los rovers que recorren la superficie marciana, como Perseverance o Curiosity, dependen en gran medida de orbitadores como MAVEN para enviar grandes volúmenes de datos a la Tierra.
Sin esta retransmisión, la capacidad de comunicación con Marte se reduce notablemente. No es que los rovers queden completamente aislados, pero sí “limitados”, obligados a usar enlaces más lentos y menos eficientes.
La coincidencia con un cometa interestelar
El momento del fallo ha alimentado especulaciones. Días antes, MAVEN había participado en la observación del cometa 3I/ATLAS, el tercer objeto interestelar detectado atravesando el sistema solar. La sonda captó datos en el espectro ultravioleta durante el paso del cometa cerca de Marte.
Aunque la NASA no ha establecido ninguna relación entre ambos hechos, la coincidencia temporal ha contribuido a la atención mediática. Desde la agencia insisten en que no hay indicios de que el cometa haya provocado la anomalía.
We've just released the latest images of the interstellar comet 3I/ATLAS, as observed by eight different spacecraft, satellites, and telescopes.
Here's what we've learned about the comet — and how we're studying it across the solar system: https://t.co/ZIt1Qq6DSp pic.twitter.com/ITD6BqVlGn
— NASA (@NASA) November 19, 2025
Qué pudo haber ocurrido realmente
Las causas más probables apuntan a un fallo en el sistema de comunicaciones, en la antena de alta ganancia o en el suministro eléctrico. MAVEN lleva más de diez años en funcionamiento, superando con creces su vida útil original, lo que incrementa el riesgo de fallos por envejecimiento de componentes.
Los ingenieros están intentando reactivar la nave mediante comandos enviados en distintas frecuencias y ventanas orbitales. No es la primera vez que una sonda entra en “modo silencio”, y en misiones anteriores se han logrado recuperaciones incluso tras semanas sin contacto.
Marte sigue siendo imprevisible
Este episodio recuerda que, pese a décadas de exploración, Marte sigue siendo un entorno hostil y tecnológicamente desafiante. Cada misión depende de una delicada cadena de sistemas que operan a millones de kilómetros de distancia.
Si MAVEN no logra restablecer el contacto, la ciencia marciana perdería una pieza fundamental. Si lo hace, el incidente se sumará a la larga lista de recordatorios de que, incluso en la exploración espacial moderna, nada está completamente bajo control.
Fuente: Meteored.