Poner centros de datos en el espacio tiene una lógica económica aparentemente simple: la energía solar en órbita es gratuita, ilimitada y disponible las 24 horas si el satélite vuela en una órbita heliosíncrona que evita las sombras de la Tierra. El calor residual puede disiparse hacia el espacio mediante radiadores. No hay costos de terreno, agua de refrigeración ni conexión a la red eléctrica. El problema es que primero hay que poner esos centros de datos ahí arriba, y eso cuesta.
SpaceX lleva meses refinando su propuesta para hacerlo. El 7 de julio de 2026 presentó el nombre definitivo del proyecto, Starmind, y los detalles técnicos de la primera serie de satélites, denominada AI1. El anuncio llega en paralelo a una solicitud ante la Comisión Federal de Comunicaciones de EE.UU. (FCC) para operar hasta 100.000 satélites Starlink de tercera generación, casi diez veces los que tiene actualmente en órbita.
Qué son los Starmind AI1: paneles de 70 metros y radiadores de 110 m²
Los satélites Starmind AI1 están diseñados alrededor de dos restricciones físicas fundamentales: la generación de energía y la disipación de calor. Para lo primero, cada satélite desplegará dos paneles solares con una envergadura total de 70 metros, capaces de generar 250 vatios por metro cuadrado. La potencia eléctrica resultante será de 120 kilovatios de media y hasta 150 kilovatios en pico, suficiente para alimentar los módulos de cómputo a bordo.
Para lo segundo, el problema que Elon Musk había minimizado públicamente pero que los ingenieros no podían ignorar, el satélite lleva un radiador de 110 metros cuadrados que usa fluido refrigerante para transportar el calor de los procesadores hasta la superficie radiante y disiparlo hacia el espacio. El vacío es un excelente aislante térmico, lo que significa que el único mecanismo disponible para deshacerse del calor es la radiación infrarroja: sin contacto con el aire ni con agua líquida, todo el calor generado por las GPUs tiene que irse por esa ruta.
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— Elon Musk (@elonmusk) July 9, 2026
Cada satélite albergará hasta doce módulos de cómputo independientes, según los renders publicados por SpaceX, que usarán procesadores de varios fabricantes de chips especializados en IA, incluida Nvidia. Los satélites volarán en órbita polar heliosíncrona (SSO) para recibir iluminación solar constante y estarán interconectados mediante enlaces láser, la misma tecnología que ya usa la constelación Starlink para transmitir datos entre satélites sin pasar por tierra.
100.000 Starlink de tercera generación: ¿para qué tantos?
En paralelo al anuncio de Starmind, SpaceX presentó ante la FCC una solicitud para operar una constelación de hasta 100.000 satélites de tercera generación, denominada en los documentos simplemente como «Gen3 NGSO» (Non-Geostationary Orbit). Aunque la solicitud no menciona explícitamente el nombre Starlink, se asume que se refiere a los futuros Starlink v3 que serán lanzados por la Starship.
Los datos técnicos enviados a la FCC describen satélites de entre 2 y 2,5 toneladas de masa (frente a los 800 kg de los Starlink V2 Mini actuales) y una superficie de 300 a 400 metros cuadrados, con órbitas entre 320 y 480 kilómetros de altitud. Además de las bandas de frecuencia ya aprobadas, los nuevos satélites usarán bandas W y D (92-275 GHz), lo que permitirá aumentar significativamente la capacidad de transmisión de datos.
La propia presidenta de SpaceX, Gwynne Shotwell, declaró recientemente que ve poco probable que se lancen más de 15.000 o 20.000 Starlink en total para el servicio de internet, gracias al incremento de prestaciones de la Gen3. Eso deja 80.000 satélites sin explicación inmediata en la solicitud a la FCC. La hipótesis más plausible, según el análisis del blog Eureka de Daniel Marín, es que esa capacidad adicional estaría destinada a dar soporte a la constelación Starmind, transmitiendo sus datos hacia la Tierra y entre los propios centros de datos orbitales.
La pregunta que nadie ha respondido del todo: ¿tiene sentido económico?
El argumento a favor de los centros de datos espaciales es la energía gratuita. Un centro de datos terrestre de 50 megavatios cuesta unos 1.000 millones de dólares en construcción y consume aproximadamente 60 millones de dólares anuales solo en electricidad. Si esa electricidad pudiera obtenerse del Sol directamente en órbita, sin infraestructura de generación, distribución ni refrigeración con agua, los costos operativos serían muy diferentes.
El argumento en contra es el costo de llevar los satélites ahí arriba y mantenerlos. Cada lanzamiento de Starship puede llevar varias decenas de toneladas a órbita baja, pero el costo por kilogramo en órbita, aunque se ha reducido drásticamente, sigue siendo el factor determinante. Los satélites Starmind AI1, con sus paneles de 70 metros y sus radiadores de 110 metros cuadrados, no serán objetos ligeros. La rentabilidad del sistema dependerá en gran medida de cuánto logre reducir SpaceX el costo de lanzamiento con la Starship, un proceso que todavía está en curso.
La fábrica donde se producirán los Starmind, denominada Gigasat, está en construcción en Bastrop, Texas, y se espera que esté lista el año que viene. Mientras tanto, como documenta el análisis de Daniel Marín en Eureka/Naukas, la pregunta sobre si el cielo nocturno, ya afectado por las megaconstelaciones actuales, puede absorber diez veces más satélites sin consecuencias para la astronomía seguirá siendo una de las más incómodas del proyecto.