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Ciencia

El James Webb fotografió estrellas que tienen 3 millones de años y descubrió por qué nacen en pulsos y no de forma continua: las brechas en sus chorros de gas lo revelanEl James Webb fotografió estrellas que tienen 3 millones de años y descubrió por qué nacen en pulsos y no de forma continua: las brechas en sus chorros de gas lo revelan

La NASA publicó el 2 de julio de 2026 una nueva imagen del James Webb del sistema FS Tau, a 450 años luz en la Nube Molecular de Tauro. El instrumento NIRCam atravesó el polvo que bloqueaba la visión de Hubble y reveló protoestrellas de 1 a 3 millones de años, chorros de gas naranja y rojo, crestas azules de polvo comprimido y, lo más importante científicamente, brechas en los chorros que confirman que las estrellas no acumulan masa de forma continua sino en episodios discretos separados por períodos de relativa calma
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Nuestro Sol tiene 4.600 millones de años. En comparación, las protoestrellas que el James Webb acaba de fotografiar en el sistema FS Tau tienen entre 1 y 3 millones de años. Son objetos tan jóvenes en escala cósmica que todavía no han terminado de formarse: siguen acumulando gas y polvo de la nube molecular que las rodea, aún no han encendido la fusión nuclear estable de hidrógeno, y ya están modificando violentamente el entorno que las rodea con chorros de material expulsado a cientos de kilómetros por segundo.

La NASA y la ESA publicaron el 2 de julio de 2026 la nueva imagen obtenida con el instrumento NIRCam del James Webb, procesada por Alyssa Pagan del Space Telescope Science Institute. Es la vista más detallada jamás obtenida de FS Tau, y revela estructuras que el telescopio Hubble no podía ver porque el polvo que rodea al sistema es opaco en luz visible pero transparente en infrarrojo. El resultado no es solo una imagen más espectacular: hay un descubrimiento científico dentro de ella.

Lo que Hubble no podía ver y Webb sí: atravesar el polvo con infrarrojo

Protoestrella
© By NASA, ESA, and the Hubble Heritage Team (STScI/AURA)-ESA/Hubble Collaboration – HubbleSite: gallery, NewsCenter, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1489643

FS Tau es un sistema estelar múltiple en la Nube Molecular de Tauro, una de las regiones de formación estelar más cercanas a la Tierra, a unos 450 años luz de distancia. El sistema contiene al menos dos objetos principales: FS Tau A, un par de protoestrellas en órbita mutua que juntas pesan aproximadamente la mitad de la masa de nuestro Sol, y FS Tau B, una protoestrella solitaria todavía envuelta en una densa envoltura de gas y polvo.

El telescopio Hubble había observado el sistema antes, pero la mayor parte del entorno permanecía bloqueada por el polvo. El NIRCam del James Webb opera en longitudes de onda infrarrojas cercanas (entre 0,9 y 5 micrómetros) donde los mismos granos de polvo que bloquean la luz visible son mucho más transparentes. El polvo absorbe y dispersa la luz azul con eficiencia; la luz infrarroja simplemente la atraviesa. El resultado es que lo que para Hubble era una pared opaca, para el Webb es casi transparente.

La comparación entre las dos imágenes, publicada junto con la imagen principal en el sitio de la ESA/Webb, es llamativa: donde Hubble veía una nebulosa oscurecida con apenas algunas estructuras visibles, el Webb revela en detalle tridimensional los chorros de gas, las crestas de polvo comprimido, el disco de acreción y cientos de galaxias de fondo que antes eran completamente invisibles a través del polvo.

Chorros naranja, crestas azules y un disco oscuro: lo que ve la imagen

Filtros Nircam
© By NASA/StSCi – https://jwst-docs.stsci.edu/jwst-near-infrared-camera/nircam-instrumentation/nircam-filters, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=121446617

Los colores de la imagen no son arbitrarios ni decorativos. Cada tono corresponde a emisiones de moléculas específicas que el NIRCam registra en diferentes filtros. Los flujos naranja y rojo que se extienden desde FS Tau B en direcciones opuestas son chorros de materia expulsada por la protoestrella mientras se alimenta: el naranja corresponde a moléculas de hidrocarburo aromático policíclico (similares al hollín), y el rojo a hidrógeno molecular. Esos chorros viajan a cientos de kilómetros por segundo y golpean el gas circundante con suficiente fuerza para comprimirlo y calentarlo.

Donde los chorros chocan contra el gas circundante y lo comprimen, aparecen las crestas de color azul claro que son visibles claramente en la imagen. Esas crestas más densas reflejan la luz de la propia protoestrella, lo que las hace brillantes. Cruzando el sistema en diagonal a unos 30 grados, hay una banda oscura: el disco de acreción visto de canto, la estructura en forma de disco donde el polvo y el gas se acumulan en espiral antes de caer hacia la protoestrella central.

El descubrimiento: las brechas en los chorros revelan que las estrellas crecen en pulsos

La observación más importante científicamente no es la más llamativa visualmente. Al analizar los chorros de gas de FS Tau B con la resolución que permite el Webb, los astrónomos encontraron brechas: interrupciones en el flujo de material expulsado que indican que los chorros no son continuos sino que se emiten en episodios discretos separados por períodos de menor actividad.

Esas brechas son la firma física de lo que los astrofísicos llaman acreción episódica: la hipótesis de que las protoestrellas no acumulan masa de forma suave y continua, sino en pulsos de acreción intensa separados por intervalos más tranquilos. El modelo lleva décadas siendo teóricamente favorecido, y hay evidencia indirecta de él en otras regiones de formación estelar, pero verlo impreso directamente en la estructura de los chorros de gas con esta claridad es diferente. La posición y el espaciado de las brechas funcionan como un registro fósil: los astrónomos pueden reconstruir cuándo ocurrió cada episodio de acreción intensa y cuánto material expulsó.

Como documenta la nota de prensa oficial de NASA Science, entender el proceso de acreción en protoestrellas de baja masa como las de FS Tau no es solo una curiosidad académica: estrellas como el Sol se formaron exactamente en estas condiciones. Las protoestrellas de FS Tau son, en cierta medida, una foto de cómo era nuestro propio Sol hace 4.600 millones de años, antes de que pudiera llamarse Sol.

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