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Tecnología

SpaceX quemó 260 satélites Starlink en la atmósfera en seis meses y los científicos detectaron el problema: no quedan fragmentos, pero sí 30 kilos de nanopartículas de aluminio por satélite

Según el informe semestral de SpaceX ante la FCC, la compañía retiró 260 satélites Starlink mediante reentradas controladas entre diciembre de 2025 y mayo de 2026, con otros 349 pendientes de eliminación. Un estudio de 2023 en PNAS detectó metales aeroespaciales en el 10% de las partículas estratosféricas analizadas. Un segundo estudio de 2024 en Geophysical Research Letters estimó que un satélite de 250 kg genera 30 kg de nanopartículas de óxido de aluminio al desintegrarse, y que las constelaciones completas podrían liberar más de 360 toneladas métricas anuales
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La solución más elegante al problema de la basura espacial consiste en hacer que los satélites viejos se destruyan solos. En lugar de dejarlos en órbita durante décadas como proyectiles potencialmente peligrosos, se les ordena que desciendan gradualmente hasta que la atmósfera los frene, los caliente y los deshaga. Ningún fragmento grande alcanza el suelo. El satélite desaparece. El problema se resuelve.

Salvo que no desaparece del todo. Entre diciembre de 2025 y mayo de 2026, SpaceX retiró 260 satélites Starlink mediante reentradas controladas, según el informe semestral que la compañía presentó ante la Comisión Federal de Comunicaciones de EE.UU. (FCC). Otros 349 estaban dados de baja y programados para seguir el mismo camino en los próximos meses. Y mientras esos satélites se desintegran, dos estudios científicos publicados en los últimos años documentaron que cada uno de ellos deja atrás algo que nadie ve: decenas de kilos de nanopartículas metálicas varadas en capas altas de la atmósfera.

Por qué la reentrada controlada era la solución correcta al problema equivocado

Reentrada Cygnus
Reentrada del Cygnus, vista desde la Estación Espacial Internacional © By NASA – https://www.flickr.com/photos/nasa2explore/14786254440/, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=36220233

El razonamiento detrás de las reentradas controladas es sólido. Un satélite que deja de funcionar en órbita baja se convierte en un objeto inerte que puede colisionar con otros satélites operativos y generar más fragmentos, que a su vez generan más riesgo de colisión en un proceso conocido como síndrome de Kessler. La FCC aprobó en 2022 una norma que obliga a los operadores de satélites en órbita baja a deshacerse de ellos en un plazo máximo de cinco años tras el final de la misión. SpaceX cumple esa norma y, de hecho, la supera en velocidad.

La lógica también funciona en términos de masa: un satélite de 300 kilos que se desintegra en la atmósfera convierte esa masa en partículas microscópicas distribuidas en un volumen enorme de atmósfera. En términos de riesgo de impacto con seres humanos o infraestructura terrestre, la diferencia con un satélite que cae intacto es enorme. El problema es que los físicos y químicos de la atmósfera están empezando a hacer preguntas sobre qué pasa exactamente con esas partículas.

Estudio 1 (PNAS, 2023): metales aeroespaciales en la estratosfera

Basura Espacial
© Dabarti CGI – Shutterstock

En 2023, investigadores de la NOAA publicaron en PNAS un estudio basado en muestras de partículas estratosféricas recogidas por aviones de investigación a gran altitud. El análisis detectó más de 20 elementos de origen aeroespacial en partículas de ácido sulfúrico de la estratosfera. Aproximadamente el 10% de las partículas analizadas mayores de 120 nanómetros contenían aluminio y otros metales vinculados inequívocamente a la industria aeroespacial: cobre, litio, plomo.

El aluminio no debería estar en esa concentración en la estratosfera de forma natural. Su presencia en esas partículas es la huella química de los satélites y cohetes que se han desintegrado en las últimas décadas. Y el dato del 10% de las partículas analizadas no es un trazador residual insignificante: es una señal que los autores consideran lo suficientemente relevante para llamar la atención de la comunidad científica sobre el fenómeno antes de que escale.

Estudio 2 (Geophysical Research Letters, 2024): 30 kilos de óxido de aluminio por satélite

SpaceX ya ha lanzado más satélites que todos los gobiernos, agencias y empresas del mundo juntos desde el Sputnik. Starlink y la reutilización del Falcon 9 explican un dominio que todavía puede crecer mucho más
© Shutterstock.

Un segundo estudio, publicado en 2024 en Geophysical Research Letters, fue más lejos en términos cuantitativos. Los investigadores modelaron el proceso de desintegración de un satélite típico de 250 kilogramos en la atmósfera y calcularon que genera aproximadamente 30 kilogramos de nanopartículas de óxido de aluminio (Al₂O₃).

Luego escalaron ese número a las constelaciones completas planificadas. Si todas las megaconstelaciones actualmente proyectadas se despliegan y renuevan sus satélites al ritmo previsto, las reentradas podrían liberar más de 360 toneladas métricas de óxidos de aluminio al año en la atmósfera superior. Para dar contexto: los meteoritos y micrometeoritos que naturalmente abonan la atmósfera con polvo metálico representan entre 40 y 60 toneladas al día en masa total, pero la composición química es completamente diferente.

El riesgo específico que preocupa a los investigadores es doble. Por un lado, los óxidos de aluminio pueden actuar como catalizadores en reacciones que involucran compuestos de cloro relacionados con la destrucción de ozono estratosférico. Por otro, esas nanopartículas tienen tiempos de residencia de años o décadas en la mesosfera antes de descender lentamente a la estratosfera, donde se concentra la capa de ozono. Eso significa que el efecto acumulativo de reentradas sucesivas podría persistir mucho tiempo.

La escala del problema: 609 satélites en seis meses, 15.000 aprobados en total

El informe de SpaceX a la FCC documenta 260 satélites retirados y 349 dados de baja en solo seis meses. Si cada satélite genera unos 30 kilos de óxido de aluminio al desintegrarse, ese período equivale a unas 18 toneladas de nanopartículas depositadas en la atmósfera superior. Y eso es solo Starlink, solo en seis meses, con la constelación a un tercio de su capacidad aprobada.

En enero de 2026, la FCC autorizó a SpaceX desplegar otros 7.500 satélites Starlink de segunda generación, llevando el total aprobado para esa fase a 15.000 unidades. La vida útil de los satélites Starlink actuales es de aproximadamente cinco años, lo que implica que en régimen estacionario la constelación de 15.000 satélites requerirá retirar y reemplazar unos 3.000 al año. A 30 kilos de óxido de aluminio por satélite, eso son 90 toneladas anuales solo de la constelación Starlink de segunda generación.

La incertidumbre científica sobre los efectos reales de esas partículas en la química de la estratosfera es genuina: los modelos todavía tienen grandes márgenes de error y el fenómeno no ha sido medido directamente a la escala que implicaría el despliegue completo de las megaconstelaciones. Como documenta la cobertura de La Vanguardia, el consenso actual es que la reentrada controlada sigue siendo preferible a dejar basura espacial en órbita, pero que la escala a la que está operando Starlink convierte un proceso antes considerado negligible en una variable que la ciencia atmosférica ya no puede ignorar.

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