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Ciencia

El síndrome de Kessler ya comenzó: los satélites Starlink hicieron 300.000 maniobras de evasión en 2025 y un experto de Birmingham advierte que podría impedirnos abandonar la Tierra

Hugh Lewis, profesor de la Universidad de Birmingham y experto en basura espacial, advierte que el síndrome de Kessler, la cascada de colisiones que podría dejar la órbita terrestre baja inutilizable, ya ha comenzado. En 2025, los satélites Starlink realizaron 300.000 maniobras de evasión. Si el proceso no se detiene, la Tierra podría quedar rodeada por una "colmena" impenetrable de basura que pondría en riesgo los satélites, la banca, el GPS y cualquier futura misión espacial
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Hay un escenario que los ingenieros aeroespaciales llevan décadas intentando evitar: el síndrome de Kessler. Fue teorizado en 1991 por el astrofísico Donald J. Kessler y describe un proceso en cascada: cuando la densidad de objetos en órbita supera un umbral crítico, una colisión genera más fragmentos, esos fragmentos provocan más colisiones, que generan más fragmentos, y así sucesivamente hasta que la región orbital queda poblada por millones de trozos de metal viajando a 27.000 kilómetros por hora, destruyendo cualquier satélite o nave que intente atravesarla. Hugh Lewis, profesor de la Universidad de Birmingham y uno de los mayores expertos mundiales en basura espacial, tiene una advertencia: el proceso ya ha comenzado.

La señal más clara: 300.000 maniobras de evasión de Starlink en un solo año

Basura Espacial
© Frame Stock Footage – Shutterstock

Tal como reporta Lewis en el podcast Future Tech Feed, el experto apunta a un dato concreto para ilustrar el estado actual del problema: «Solo en 2025, los satélites Starlink realizaron unas 300.000 maniobras para intentar evitar colisionar con otros objetos en órbita». Eso es casi mil maniobras de evasión por día durante todo el año, cada una representando un riesgo real de colisión que fue evitado. Lewis reconoce que SpaceX está haciendo un trabajo notable en gestionar sus constelaciones, pero el volumen de maniobras necesarias es una señal clara de cuánto se ha saturado el espacio orbital bajo.

Esas maniobras tienen costos: consumen combustible de los satélites, lo que acorta su vida útil, y cuestan dinero a las empresas operadoras. Pero el costo mayor está en lo que revelan: la órbita baja terrestre está alcanzando niveles de tráfico y fragmentos donde evitar colisiones requiere esfuerzo activo constante.

Por qué el síndrome de Kessler amenaza la banca, el GPS y la exploración espacial

Constelacion De Satelites
© Shutterstock

Lewis pone el riesgo en términos concretos para la sociedad moderna: «Cuando realizas tus operaciones bancarias, probablemente también estés utilizando servicios satélite. Esos sistemas también nos proporcionan datos de sincronización, lo cual es realmente importante para cosas como la banca. Son muy vulnerables a las amenazas de los desechos espaciales». Los sistemas GPS, las comunicaciones, la navegación aérea y marítima, la observación meteorológica y la detección de desastres naturales dependen de satélites en las mismas órbitas que están siendo saturadas.

Pero Lewis va más allá. El síndrome de Kessler no solo amenaza los satélites actuales: podría impedir lanzar nuevos, porque cualquier cohete que intente alcanzar la órbita debería atravesar una nube de fragmentos a alta velocidad. En ese escenario, los planes de exploración lunar o marciana quedarían en pausa indefinida. Y Lewis plantea una consecuencia más extrema: si los seres humanos alguna vez necesitaran abandonar el planeta para evitar una extinción, una colmena de basura impenetrable podría impedirlo.

Las soluciones disponibles: brazos robóticos, redes y decisiones difíciles

Los científicos trabajan en varias aproximaciones para limpiar la basura espacial. Una de las más prometedoras son los brazos robóticos, tecnología ya conocida por su uso casi diario en la Estación Espacial Internacional. También se estudian redes gigantes capaces de capturar fragmentos y guiarlos hacia una reentrada controlada en la atmósfera. El problema, como señala Lewis, es la financiación: limpiar la órbita no genera ingresos directos, y nadie quiere pagar por retirar los fragmentos que otros dejaron. La regulación internacional sobre basura espacial, según Lewis, «podría ser mejor en todo el mundo».

Lewis termina con una nota de cautela optimista: «Vamos a tener que tomar algunas decisiones difíciles sobre lo que haremos en órbita. Y si lo hacemos, creo que entonces ese futuro comenzará a abrirse para nosotros». La clave es si la respuesta llega antes de que el proceso de cascada alcance un punto de no retorno.

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