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Ciencia

Su cuerpo es un laboratorio, su casa un centro futurista y su lema “no morir”: La cruzada de un multimillonario por crear la primera generación inmortal

Bryan Johnson ha convertido su vida en un experimento radical: monitoreado por 30 médicos, gasta dos millones de dólares al año para revertir su envejecimiento y ha diseñado un proyecto filosófico llamado Don’t Die. Su ambición va más allá de su cuerpo: sueña con fundar una era en la que la humanidad elija no morir.
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En Venice, California, Bryan Johnson vive en una casa que parece más un centro de investigación que un hogar. A los 48 años, ha hecho del rejuvenecimiento su profesión y de la inmortalidad su propósito vital. Con rutinas obsesivas y un equipo médico permanente, el creador del Proyecto Blueprint busca prolongar su vida más allá de los límites biológicos. Y, al mismo tiempo, convertir su lema “no morir” en la bandera de toda una generación.

El atleta del rejuvenecimiento

El multimillonario que quiere ser inmortal: 30 médicos lo vigilan cada día y ha convertido “no morir” en su religión personal
© CC/Katriece Ray for Kernel.

Johnson se define como un “atleta profesional del rejuvenecimiento”. Cada mañana dedica 6,5 horas a rutinas milimétricas: mediciones biométricas, suplementos, terapia de luz, sesiones de hipoxia intermitente y entrenamientos intensivos. Sus desayunos parecen fórmulas químicas más que comidas. Todo sigue un principio básico: reducir al mínimo la improvisación y concentrar su energía en lo que considera el verdadero reto de la humanidad, prolongar la existencia.

El Proyecto Blueprint

Tras vender su empresa Braintree por 800 millones de dólares, fundó en 2021 el Proyecto Blueprint, concebido para rejuvenecer cada órgano de su cuerpo. Con 30 especialistas monitoreando cada parámetro, presume de tener una edad biológica de 31 años y un corazón más eficiente que el de un veinteañero. Para Johnson, cada cifra es una métrica de victoria en su carrera personal contra el tiempo.

Métodos extremos y polémicos

El multimillonario que quiere ser inmortal: 30 médicos lo vigilan cada día y ha convertido “no morir” en su religión personal
© Dustin Giallanza.

Su arsenal incluye cámaras hiperbáricas, transfusiones de sangre (incluso la de su hijo adolescente) y experimentación con fármacos como la rapamicina. No todos sus ensayos han sido exitosos: abandonó algunos por efectos secundarios. Pero su régimen —que cuesta dos millones de dólares anuales— convierte su cuerpo en un campo de pruebas viviente y lo coloca en el centro del debate entre innovación y obsesión.

La ideología “Don’t Die”

Más allá de lo físico, Johnson busca instaurar una filosofía global: Don’t Die. Una propuesta política y espiritual que coloca la existencia como el valor supremo. Frente a un mundo en el que la inteligencia artificial avanza a mayor velocidad que nuestra capacidad de adaptación, su mensaje es simple y universal: nadie quiere morir. La pregunta es si esa aspiración puede convertirse en un movimiento colectivo.

IA y el “Bryan digital”

El multimillonario ya ha creado un “Bryan digital”, una inteligencia artificial entrenada con sus pensamientos y palabras. Su objetivo es que esa versión computacional prolongue su conciencia más allá de lo biológico. “La inmortalidad como la entendíamos quedará devaluada frente a la simple existencia”, asegura. Cuando se le pregunta si morirá, su respuesta es tajante: “Falso”.

Escepticismo científico

Expertos en envejecimiento señalan que es imposible atribuir “edades” precisas a órganos individuales y advierten que mezclar docenas de tratamientos impide conocer qué funciona realmente. Otros ven en Johnson un perfeccionista obsesivo más que un pionero científico. Él, sin embargo, insiste en que el verdadero riesgo no está en experimentar, sino en llevar una vida sedentaria, ultraprocesada y tóxica.

Lo básico frente a lo futurista

El multimillonario que quiere ser inmortal: 30 médicos lo vigilan cada día y ha convertido “no morir” en su religión personal
© Everett Collection.

Paradójicamente, detrás de toda la parafernalia tecnológica, Johnson repite consejos básicos: dormir bien, moverse cada día, comer sano, evitar vicios y cultivar relaciones sociales. “El sueño es la mejor medicina para la longevidad”, afirma. Son hábitos que cualquiera puede aplicar, aunque su cruzada extrema lo convierta en un símbolo de hasta dónde puede llegar la obsesión por desafiar el tiempo.

La paradoja de la inmortalidad

Para algunos, Johnson es un pionero que explora fronteras aún desconocidas; para otros, un influencer de la longevidad con más marketing que ciencia. Su historia, sin embargo, plantea una paradoja inevitable: quizás la verdadera clave no esté en huir de la muerte, sino en añadir vida a los años. Mientras tanto, él promete que no morirá. Aunque admite, con ironía, que lo hará de la forma “más irónica posible”.

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