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Una superbacteria hospitalaria sigue el ritmo del día y la noche como si “supiera” qué hora es. El hallazgo argentino que revela su reloj interno podría cambiar la forma de tratar infecciones

Un estudio liderado desde Argentina ha demostrado que Acinetobacter baumannii, una de las bacterias más resistentes y problemáticas del entorno hospitalario, organiza su actividad siguiendo ciclos de casi 24 horas. El hallazgo sugiere que incluso una infección podría comportarse distinto según la hora del día.

Durante varias décadas dimos por hecho que las bacterias actuaban de forma continua, sin horarios. Infectaban, crecían y resistían antibióticos sin distinguir entre día y noche. Ese supuesto acaba de romperse. Un equipo de científicos del CONICET encontró que Acinetobacter baumannii, un patógeno habitual en infecciones hospitalarias, posee un ritmo circadiano: un reloj biológico interno que organiza sus funciones a lo largo del día.

El hallazgo, publicado en Communications Biology, no es un detalle curioso. Cambia la forma en que entendemos la fisiología de un microorganismo conocido por su capacidad para resistir antibióticos y sobrevivir en ambientes hostiles.

Un reloj que sigue funcionando incluso en la oscuridad

Las bacterias también “saben” qué hora es. Un descubrimiento del Conicet cambia cómo entendemos las infecciones
© Getty Images / Dr_Microbe.

Este estudio fue liderado por investigadores del Centro de Estudios Fotosintéticos y Bioquímicos (CEFOBI), junto a universidades nacionales e internacionales. Lo que descubrieron es contraintuitivo: la bacteria mantiene ciclos internos cercanos a las 24 horas incluso cuando permanece en condiciones constantes, como la oscuridad total.

Para demostrarlo, el equipo siguió la actividad de un gen clave, blsA, que actúa como sensor de luz azul. Mediante un sistema de luminiscencia —una especie de “señal brillante” cuando el gen se activa—, observaron cómo su actividad subía y bajaba de forma regular. El patrón persistía aunque la iluminación desapareciera, una de las señales clásicas de que existe un reloj endógeno. En otras palabras: la bacteria no solo reacciona a la luz. Anticipa.

Por qué esto importa en un hospital

Acinetobacter baumannii no es una bacteria cualquiera. Es responsable de neumonías, infecciones en heridas y cuadros graves en unidades de terapia intensiva. Su resistencia a múltiples antibióticos la convirtió en una de las mayores preocupaciones de la microbiología clínica.

Que este patógeno tenga ritmos circadianos introduce una variable que casi nunca se consideró: el tiempo. Si la bacteria no se comporta igual a todas horas, su susceptibilidad a los antibióticos tampoco tiene por qué ser constante. Los propios autores del trabajo sugieren que estos ciclos podrían modular la persistencia en el ambiente, la virulencia y la respuesta a tratamientos. No significa que exista una “hora mágica” para curar infecciones, pero sí que el momento del día podría influir en la eficacia terapéutica.

Ensayar la infección desde el punto de vista del patógeno

Las bacterias también “saben” qué hora es. Un descubrimiento del Conicet cambia cómo entendemos las infecciones
© Permingeat, V., Perez Mora, B.E., Migliori, M.L. et al. The critical human pathogen Acinetobacter baumannii exhibits light-regulated circadian rhythms. Commun Biol 8, 1385 (2025).

Uno de los aspectos más disruptivos del estudio es el cambio de enfoque. Tradicionalmente, la cronobiología se aplicó al paciente: sabemos que el sistema inmune humano sigue ritmos diarios, que la fiebre aparece más por la tarde o que ciertos fármacos funcionan mejor en determinados horarios.

Aquí ocurre totalmente lo contrario. El foco está puesto en el patógeno. La hipótesis que se abre es inquietante: ¿y si las bacterias sincronizan su reloj con el del huésped para infectar cuando están mejor preparadas? No hay respuestas cerradas todavía, pero sí una nueva arista para investigar infecciones que, hasta ahora, se analizaban como procesos atemporales.

Una dimensión olvidada que vuelve a escena

El descubrimiento no promete soluciones inmediatas ni antibióticos milagro. Lo que hace es algo más sutil y profundo: añade una dimensión temporal al estudio de las bacterias resistentes. Y eso, en ciencia, suele ser el primer paso para cambiar estrategias enteras. Si las bacterias “saben” qué hora es, quizá la pregunta ya no sea solo con qué tratarlas, sino cuándo hacerlo.

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