Una ingeniera en software de Carolina del Norte logró evitar el uso de la IA en su trabajo, basándose en sus creencias religiosas.
Mientras el Canal de Panamá enfrenta límites cada vez más visibles por la sequía, México impulsa un ambicioso “canal seco” que conecta el Pacífico con el Golfo de México. La idea no es reemplazarlo, pero sí ofrecer una alternativa cuando el sistema más importante del comercio global empieza a tensarse.
La idea de fabricar gas natural sin perforar pozos ni depender de combustibles fósiles acaba de dejar de ser una teoría experimental en Europa. Una planta ubicada en Extremadura ya produce metano sintético renovable utilizando hidrógeno verde y dióxido de carbono reciclado, en un proyecto que podría cambiar la forma en que el continente entiende su independencia energética.
Una nueva “escuela” para robots comenzó a operar en Fujian con una misión muy distinta a la de cualquier centro educativo convencional. Allí, los humanoides aprenden movimientos básicos observando y repitiendo acciones humanas mientras cámaras y sensores registran cada gesto para entrenar sus sistemas de IA.
El dispositivo, capaz de captar imágenes detalladas desde 500 km de altura, marca un cambio estratégico: el espacio ya no es solo un entorno científico, sino un tablero activo en la geopolítica global.
El programa liderado por el Pentágono y Rocket Lab apunta a algo más profundo que un récord de velocidad. Se trata de dominar un terreno donde el tiempo de reacción se reduce al mínimo y donde la superioridad tecnológica puede decidir conflictos antes incluso de que comiencen.
La nueva fibra de carbono T1200 desarrollada por China soporta tensiones extremas con un peso muchísimo menor que el acero. El verdadero avance no es solo su resistencia, sino que Pekín consiguió algo que muy pocos países podían hacer: producir este material de forma estable y masiva.
A punto de cotizar en la Bolsa de Valores, la compañía busca equilibrar su histórica reputación como líder en seguridad con las exigencias de sus futuros accionistas
Un equipo de científicos ha logrado elevar y dirigir objetos microscópicos utilizando luz. El sistema, basado en metajets, abre la puerta a una forma de propulsión espacial que prescindiría completamente de los combustibles tradicionales.
Ingenieros del MIT demostraron que el propelente ASCENT puede funcionar tanto en motores químicos como en propulsores electrospray. La idea se probará en órbita con la misión Green Propulsion Dual Mode de la NASA y podría abrir el camino a CubeSats capaces de viajar más lejos con menos masa.
Un informe de UNU-INWEH advierte que la IA no solo exige electricidad y chips: también necesita agua, suelo, refrigeración e infraestructura. El problema no es una consulta aislada, sino una red global de centros de datos creciendo más rápido que las reglas que deberían controlarla.
El consumo de agua de la IA depende del modelo, la ubicación, la hora, el sistema de refrigeración y la fuente eléctrica. Pero los datos de Google, Microsoft y laboratorios independientes apuntan en la misma dirección: la infraestructura digital ya no puede tratarse como algo invisible.
El Brockovich Data Center recopila proyectos de centros de datos en Estados Unidos y reportes ciudadanos sobre conflictos locales. La iniciativa llega cuando la demanda eléctrica de estas instalaciones crece con rapidez y la IA empieza a tensionar redes, acuíferos y procesos de planificación urbana.
JAXA, Waseda, la Universidad de Tokio y Keio completaron una prueba de combustión en tierra para un vehículo experimental Mach 5. El avance es importante, aunque no significa que Japón ya tenga un avión hipersónico listo para despegar.
La empresa planea vender 555,6 millones de acciones a US$ 135 cada una y recaudar unos US$ 75.000 millones. La operación no solo superaría a Saudi Aramco: también pondría a prueba hasta dónde puede llegar la fiebre de Wall Street por la inteligencia artificial y el espacio comercial.
El primer F-39E Gripen producido en Brasil salió de la línea de Embraer en Gavião Peixoto. El logro no se entiende solo como una noticia militar: también muestra cómo el país convirtió décadas de política industrial en una capacidad tecnológica inédita para América Latina.
Investigadores de la Universidad de Duke diseñaron Argus después de simular más de 1.000 morfologías robóticas. En lugar de copiar animales, buscaron una geometría que pudiera acelerar el cuerpo de manera uniforme en todas direcciones. El resultado obtuvo una puntuación de isotropía dinámica de 0,91 sobre 1.
Mientras los grandes proyectos terrestres compiten por altura, tamaño o presupuesto, la EEI juega en otra liga. Sus módulos fueron lanzados por separado, conectados en órbita y mantenidos durante más de dos décadas por una alianza internacional que cambió para siempre la exploración espacial.
No existe todavía una máquina cuántica capaz de romper Bitcoin en minutos. El problema es otro: los investigadores ya estarían entrando en una zona donde publicar demasiado puede ser visto como entregar un arma.
El proyecto Gibberlink, ganador de un hackatón de ElevenLabs, demostró que dos agentes de inteligencia artificial pueden detectar que su interlocutor también es una máquina y pasar a un sistema de comunicación basado en señales sonoras codificadas para intercambiar información más rápido.