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Ciencia

Tres pesqueros fueron atacados con drones cerca de Galápagos y ocho hombres siguen desaparecidos. Una investigación apunta ahora a un programa encubierto de la CIA

Durante meses nadie supo quién estaba detrás de unos ataques que parecían sacados de una operación clandestina: drones explosivos, un misterioso buque, pescadores encapuchados y trasladados hasta El Salvador. The Washington Post asegura ahora que los incidentes estarían vinculados a un programa secreto estadounidense.
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Durante meses, la historia tenía prácticamente todos los ingredientes de un thriller de espionaje menos uno: saber quién estaba detrás.

Tres embarcaciones pesqueras ecuatorianas fueron atacadas entre enero y marzo de 2026 en el Pacífico oriental, cerca de las islas Galápagos. Supervivientes describieron drones que lanzaban explosivos, hombres armados, detenciones durante días y un extraño buque azul. Ocho tripulantes del Fiorella, el primero de los barcos afectados, continúan desaparecidos.

Ahora ha aparecido una posible respuesta. Una investigación de The Washington Post, basada en fuentes conocedoras de la operación y análisis de datos de vuelo, asegura que los ataques habrían formado parte de un programa encubierto de la CIA. El periódico no ha establecido que agentes de la agencia ejecutaran personalmente los ataques: podrían haber intervenido otros organismos, fuerzas extranjeras o contratistas. La CIA y la Casa Blanca no habían respondido públicamente a las preguntas recogidas por EL PAÍS.

Primero apareció un dron. Después, el barco desapareció con ocho hombres

El misterio comenzó con el Fiorella.

La embarcación salió de Ecuador con diez tripulantes y perdió contacto el 20 de enero. El día anterior, familiares del capitán recibieron un mensaje en el que este aseguraba que estaban siendo seguidos por un dron. Dos tripulantes que se encontraban en embarcaciones auxiliares sobrevivieron; los otros ocho siguen sin aparecer.

Dos meses después ocurrió algo todavía más difícil de explicar.

El Negra Francisca Duarte II fue atacado el 17 de marzo y el Don Maca el 26. Sus tripulantes relataron que pequeños drones golpearon las embarcaciones con explosivos. Después habrían sido recogidos por un buque, donde hombres armados los esposaron, encapucharon y mantuvieron retenidos durante días antes de trasladarlos a El Salvador. Amnistía Internacional recoge esos testimonios y ha pedido a Estados Unidos y Ecuador aclarar qué ocurrió.

No se ha presentado públicamente evidencia de que esos pesqueros estuvieran transportando drogas.

Un misterioso avión de vigilancia conecta los tres episodios

La investigación de The Washington Post añade ahora una pieza especialmente llamativa.

El periódico rastreó un Cessna de vigilancia que operaba desde El Salvador y voló hacia las zonas donde se encontraban los barcos tanto antes como durante los días de los ataques. La matrícula utilizada por la aeronave no figuraba como un registro normal ante la Administración Federal de Aviación estadounidense: estaba reservada por una compañía cuya dirección correspondía a un buzón comercial en Virginia.

Eso tampoco demuestra que el avión efectuara los ataques. Pero se suma a unos testimonios que ya habían despertado suficiente preocupación como para llegar al Congreso estadounidense.

En junio, los congresistas Joaquín Castro y Bill Keating exigieron una explicación completa sobre los tres incidentes. Su carta cita relatos de supervivientes sobre personal que operaba desde un buque con bandera estadounidense y pregunta expresamente si pudieron participar agencias de inteligencia, contratistas privados u otros organismos federales.

El Departamento de Defensa, por su parte, había negado que las fuerzas estadounidenses realizaran ataques contra el Don Maca y rechazado su implicación militar directa en los episodios conocidos.

El detalle incómodo: Estados Unidos ya estaba operando con drones en esas mismas aguas

Todo ocurre, además, en una región donde Estados Unidos mantiene una intensa campaña antinarcóticos.

El Comando Sur reconoce operaciones de vigilancia e interdicción en el Pacífico oriental en las que participan aviones de patrulla, drones, helicópteros y guardacostas. Ya en operaciones anteriores documentó públicamente acciones contra embarcaciones sospechosas a poco más de 100 millas de Galápagos, aunque esos casos no son los tres pesqueros ecuatorianos investigados ahora.

Esa distinción es fundamental. Que Estados Unidos opere en la zona no demuestra por sí mismo que estuviera detrás de estos ataques.

Lo que cambia ahora es la investigación de The Washington Post: por primera vez, una fuente periodística de gran alcance conecta explícitamente los misteriosos episodios con un programa de acción encubierta de la CIA.

Mientras tanto, la cuestión más grave sigue sin resolverse. El Comité contra las Desapariciones Forzadas de Naciones Unidas intervino en el caso del Fiorella y Amnistía Internacional ha exigido esclarecer qué ocurrió con sus ocho tripulantes.

Durante meses, las familias solo tuvieron relatos sobre drones, aviones y barcos desconocidos. Ahora hay una pista sobre quién pudo estar detrás. Lo que todavía falta es saber quién dio la orden, quién ejecutó los ataques y dónde están los ocho pescadores que nunca regresaron.

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