Hay una carretera marítima en el extremo norte del planeta que durante buena parte del año prácticamente desaparece bajo el hielo. Y China acaba de decidir que quiere convertirla en una ruta comercial regular.
La Ruta Marítima del Norte recorre unos 5.600 kilómetros junto a la costa ártica de Rusia, desde el estrecho de Kara hasta el de Bering. Moscú lleva años intentando transformarla en una alternativa comercial entre Europa y Asia, pero las condiciones extremas, el hielo y los enormes costes habían frenado esa ambición.
El retroceso estacional del hielo, las sanciones contra Rusia y las interrupciones de otras rutas marítimas han creado una combinación inesperadamente favorable. Esta temporada, al menos seis navieras chinas planean más de 50 viajes por la ruta, principalmente entre China y Rusia. Y Sea Legend acaba de dar un paso aún más ambicioso: convertirla en un servicio estacional regular entre China y Europa.
China lleva años soñando con una “Ruta de la Seda Polar”. Ahora empieza a parecer menos teórica

Pekín no está improvisando. En su política oficial para el Ártico de 2018, China ya proponía construir una “Polar Silk Road” aprovechando las nuevas rutas marítimas del norte y animaba expresamente a sus empresas a realizar viajes comerciales que pudieran terminar convirtiéndose en servicios regulares.
El gran atractivo es el tiempo. Sea Legend anuncia conexiones entre China y Europa de alrededor de 20 días, frente a aproximadamente 40 días en determinadas rutas tradicionales. El Istanbul Bridge ya completó en 2025 un viaje experimental entre China y Europa utilizando el corredor ártico, y la empresa pretende ahora repetir la fórmula de manera estacional.
Otra naviera china, New New Shipping, también ha ampliado sus operaciones entre puertos chinos y rusos. Es un flujo especialmente conveniente para ambos: productos industriales chinos viajan hacia Rusia y materias primas rusas regresan hacia Asia. Y entre esas materias primas hay una especialmente importante.
Rusia tiene gas sancionado. China tiene un mercado dispuesto a comprarlo

La Ruta Marítima del Norte se ha convertido también en una salida para los hidrocarburos rusos. En mayo, el metanero rompehielos Christophe de Margerie realizó uno de los tránsitos hacia el este más tempranos registrados, transportando GNL asociado al proyecto Arctic LNG 2 y acompañado por un rompehielos nuclear durante parte del recorrido.
Arctic LNG 2 está fuertemente sancionado por Estados Unidos. Sin embargo, China se ha convertido en su único comprador conocido y ya había recibido 41 cargamentos, equivalentes a unos 2,6 millones de toneladas, desde agosto de 2025. Pekín preparaba incluso una segunda terminal para aumentar su capacidad de recibir ese gas ruso.
El petróleo sigue la misma dirección. En las primeras semanas de la temporada de navegación de 2026, siete cargamentos con unos seis millones de barriles de crudo ruso ya navegaban hacia Asia por el Ártico, casi la mitad de todo lo enviado por esta vía durante la temporada anterior.
Para Rusia significa encontrar clientes y rutas alternativas. Para China significa diversificar su suministro energético y depender algo menos de corredores como Malaca, Suez o las aguas de Oriente Medio.
El Ártico todavía está muy lejos de reemplazar a Suez
Hay un detalle que evita convertir todo esto en la próxima revolución logística de forma prematura: la Ruta Marítima del Norte sigue siendo minúscula frente a las grandes rutas mundiales.
El hielo continúa limitando la navegación a una ventana estacional para muchos barcos, las condiciones meteorológicas pueden cambiar rápidamente, existe poca infraestructura de rescate y determinadas travesías necesitan rompehielos. Incluso grandes navieras occidentales siguen considerando que la imprevisibilidad, las sanciones y los riesgos ambientales hacen difícil utilizarla como una alternativa estable a Suez.
Pero China y Rusia no necesitan que sustituya mañana al canal egipcio para considerarla estratégica.
En 2024, prácticamente todo el tráfico de tránsito relevante de la ruta ya se concentraba entre Rusia, China y puertos rusos: 34 viajes fueron de Rusia a China y 27 en sentido contrario. Lo que está ocurriendo ahora es el siguiente paso.
Una ruta que durante siglos estuvo cerrada por el hielo empieza a transportar energía sancionada, contenedores y materias primas entre dos potencias que quieren depender menos de las arterias comerciales tradicionales. Y cuanto más tiempo permanezca navegable el Ártico, más difícil será verlo únicamente como un océano congelado y no como uno de los próximos grandes tableros comerciales y geopolíticos del planeta.