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Ciencia

Un agricultor estaba arando su campo cuando chocó contra una enorme masa de hierro. Era un meteorito de 60 toneladas y, un siglo después, sigue exactamente allí

El meteorito Hoba mide casi tres metros de lado y es el mayor meteorito intacto conocido en la Tierra. Lo más extraño no es solo su tamaño: cayó en Namibia hace decenas de miles de años sin dejar un cráter visible y jamás ha sido trasladado.
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En 1920, Jacobus Hermanus Brits estaba trabajando un terreno de la granja Hoba West, cerca de Grootfontein, en la actual Namibia, cuando su arado se encontró con algo que definitivamente no era una roca corriente.

Debajo de la tierra había una enorme masa metálica. Brits la excavó y documentó aquel mismo año. Con el tiempo quedó claro que se trataba de algo excepcional: unas 60 toneladas de hierro extraterrestre concentradas en una única pieza.

Hoy, más de un siglo después, el meteorito Hoba continúa en el mismo lugar. Y sigue ostentando un récord que ningún otro ejemplar conocido ha conseguido arrebatarle: es el meteorito intacto más grande encontrado en la Tierra, según la base oficial de la Meteoritical Society.

Una losa de casi tres metros que llegó desde el espacio

Un agricultor estaba arando su campo cuando chocó contra una enorme masa de hierro. Era un meteorito de 60 toneladas y, un siglo después, sigue exactamente allí
© Mary Evans / Natural History Museum.

Hoba no tiene la forma que normalmente asociamos con un meteorito. Es una especie de losa metálica aplanada de aproximadamente 2,7 metros de ancho, 2,7 de largo y unos 0,9 metros de grosor. Su masa actual se estima en unas 60 toneladas, aunque las primeras estimaciones llegaron a situarla alrededor de las 66.

Está compuesto principalmente por hierro y níquel, con pequeñas cantidades de otros elementos como cobalto. La clasificación moderna lo sitúa entre los meteoritos de hierro del grupo IVB, mientras que tradicionalmente también ha sido descrito como una ataxita debido a su elevado contenido de níquel.

Para hacerse una idea de su tamaño basta compararlo con otro gigante: Ahnighito, uno de los grandes fragmentos del meteorito Cape York expuesto en el Museo Americano de Historia Natural de Nueva York, pesa unas 31 toneladas. Hoba casi lo duplica y permanece entero sobre el terreno. Pero hay algo todavía más extraño alrededor de esta mole.

Un meteorito de 60 toneladas cayó allí. El problema es que no hay cráter

Hoba llegó a la Tierra probablemente hace menos de 80.000 años, pero alrededor del meteorito no existe un cráter de impacto conservado. El propio Museo Americano de Historia Natural señala que los científicos no pueden establecer con certeza por qué un objeto tan grande no dejó uno claramente reconocible.

Una de las explicaciones propuestas es que su peculiar forma plana y la resistencia de la atmósfera redujeran enormemente su velocidad antes de tocar el suelo. Algunos modelos estiman que un objeto metálico como Hoba podría haberse desacelerado hasta velocidades cercanas a Mach 1 durante la entrada, produciendo relativamente poca excavación al impactar.

Eso ayudaría además a explicar otra anomalía: sobrevivió prácticamente de una pieza. Su superficie, sin embargo, no permaneció completamente intacta. Durante décadas sufrió erosión, extracción de muestras científicas y vandalismo. El tamaño excepcional del meteorito terminó llevando a las autoridades de la entonces África del Sudoeste a declararlo Monumento Nacional en 1955.

Moverlo dejó de tener sentido: construyeron el museo alrededor

Un agricultor estaba arando su campo cuando chocó contra una enorme masa de hierro. Era un meteorito de 60 toneladas y, un siglo después, sigue exactamente allí
© Shutterstock / akoppo.

En 1987, el terreno que contenía el meteorito fue entregado al Estado con fines educativos. En lugar de intentar trasladar decenas de toneladas de hierro, se acondicionó el propio lugar.

Hoy Hoba se encuentra en el centro de un pequeño anfiteatro circular de piedra, que permite caminar a pocos metros de su superficie y contemplar la roca prácticamente donde apareció.

Eso convierte al meteorito en algo bastante peculiar incluso entre los grandes ejemplares conocidos. Muchos terminaron fragmentados, repartidos entre colecciones o trasladados a museos. Hoba hizo exactamente lo contrario. Llegó desde el espacio hace decenas de miles de años, quedó enterrado en una granja y, cuando finalmente lo encontramos, era demasiado extraordinario como para llevarlo a ninguna parte.

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