La materia oscura, esa sustancia invisible que conforma gran parte del universo, sigue siendo uno de los mayores enigmas de la física moderna. Nuevas teorías apuntan a un origen inesperado: un universo paralelo u oculto, un “mundo espejo”, que habría coexistido con el nuestro desde el inicio del tiempo cósmico.
Una sombra del universo que podría explicar lo inexplicable

Desde hace décadas, los astrónomos saben que la materia visible solo representa una pequeña fracción del universo. Galaxias y cúmulos de estrellas se mueven de formas que no se explican únicamente por la gravedad de la materia ordinaria. Así nació la hipótesis de la materia oscura, una masa invisible que ejerce atracción gravitatoria, pero cuya naturaleza aún escapa a la observación directa.
El concepto del “mundo espejo” va un paso más allá: no sería un único conjunto de partículas desconocidas, sino un universo paralelo, con su propia física, que habría interactuado de forma sutil con el nuestro durante los primeros instantes tras el Big Bang. Allí podrían haberse generado partículas espejo, responsables de la mayor parte de la materia oscura que vemos hoy.
Nuevas pistas en el borde del cosmos
Los investigadores creen que la huella de este sector oculto podría estar presente en la radiación cósmica de fondo o en las estructuras a gran escala del universo. Si esta hipótesis se confirma, permitiría unificar algunas incógnitas que hoy dividen a los cosmólogos: desde la cantidad exacta de materia oscura hasta las variaciones en la expansión del cosmos.
Aunque por ahora la idea es puramente teórica, abre una nueva vía para buscar señales indirectas de ese “mundo espejo”. Detectarlas supondría un salto histórico en nuestra comprensión del universo y de la propia materia que lo compone, revelando que lo que vemos no es más que la mitad de la historia cósmica.