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Ciencia

Un equipo tardó una década en encontrar el árbol más alto de Asia Oriental: mide 84 metros, tiene 1.000 años y los indígenas lo llaman ‘el árbol que toca la luna’

Para llegar hasta él, un grupo de escaladores tuvo que seguir el curso de un río durante 20 kilómetros y después trepar montaña arriba durante dos días completos. Cuando finalmente alcanzaron la copa y dejaron caer una cinta métrica hasta el suelo, el número que apareció superó incluso lo que había calculado el láser desde un avión: 84,1 metros, casi un edificio de 25 pisos escondido en las montañas de Taiwán
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Taiwán, conocida históricamente como Formosa, es uno de los pocos lugares del planeta capaces de sostener árboles verdaderamente gigantes, ejemplares que superan los 80 metros de altura. La isla, de apenas 36.000 kilómetros cuadrados, tiene 258 cumbres que superan los 3.000 metros y su punto más alto, el monte Jade, llega a los 3.952 metros. Esa geografía abrupta favorece una diversidad vegetal extraordinaria, con unas 5.000 especies distintas, y alrededor del 60% del territorio permanece cubierto de bosque, con una población estimada de 950 millones de árboles.

La explotación maderera desarrollada entre 1912 y 1991 acabó con buena parte de los bosques antiguos de la isla, pero las zonas montañosas más inaccesibles quedaron relativamente protegidas de esa devastación, conservando ejemplares que hoy los científicos recién empiezan a documentar en detalle.

Diez años buscando gigantes con láser y escaladores

Monte Jade
© U3photos – Shutterstock

Desde 2014, un equipo multidisciplinario conocido como Taiwan Tree Seekers, integrado por escaladores profesionales, ecólogos, geólogos y especialistas en teledetección, se dedica a localizar y documentar estos árboles colosales. Según relataron los propios investigadores en Frontiers, el terreno montañoso hacía prácticamente imposible una búsqueda tradicional, así que el equipo incorporó tecnología LiDAR, capaz de generar modelos tridimensionales del bosque mediante pulsos láser disparados desde el aire.

El problema fue que el relieve extremadamente accidentado generaba numerosos errores de medición automática. Para resolverlo, en 2020 el proyecto se abrió a la ciencia ciudadana: 372 voluntarios revisaron manualmente miles de imágenes candidatas, y encontraron que el 93% de las alturas calculadas automáticamente estaban sobreestimadas. Ese trabajo colectivo permitió publicar en 2022 el Taiwan Giant Tree Map, con 941 árboles confirmados de más de 65 metros de altura.

Veinte kilómetros de río y dos días de subida para medir un árbol

En enero de 2023, durante el feriado del Año Nuevo Lunar, el equipo fue tras el candidato más prometedor del mapa: un ejemplar de la especie Taiwania cryptomerioides, un conífero conocido entre el pueblo indígena rukai, que habita las montañas del sur de la isla, como el árbol que toca la luna. Llegar hasta él exigió seguir el curso de un río durante 20 kilómetros y después escalar durante dos jornadas completas por una pendiente pronunciada.

Al llegar a la copa, los escaladores dejaron caer una cinta métrica hasta el suelo del bosque. La medición final dio 84,1 metros, casi 5 metros más de lo que había estimado el LiDAR desde el aire. El árbol, bautizado Heaven Sword of the Da’an River (la Espada del Cielo del río Da’an), quedó confirmado como el más alto conocido de Taiwán y de toda Asia Oriental, con una edad estimada cercana a los 1.000 años. A modo de comparación, el árbol más alto del mundo sigue siendo Hyperion, una secuoya costera de California que mide unos 116 metros.

Los templos de gigantes: bosques enteros de árboles colosales

La búsqueda de un solo árbol récord terminó revelando algo todavía más sorprendente: comunidades enteras de árboles gigantes creciendo juntos, en zonas que los propios investigadores bautizaron templos de gigantes. Cerca del monte Benya llegaron a contabilizar 11 ejemplares de más de 65 metros en una sola hectárea de bosque. Al regresar a la zona del Gran Lago Fantasma, diez años después de su primera expedición allí, el equipo se topó con un bosque puro de unos 30 abetos Taiwania gigantes creciendo en un denso grupo ancestral.

Para comienzos de 2026, el equipo ya había escalado diez ejemplares distintos de Taiwania superiores a los 70 metros, dos de los cuales superan la barrera de los 80 metros. Un estudio de 2024 realizado en el valle conocido como Tao Tree registró además una densidad de carbono de 1.384,5 megagramos por hectárea, una cifra excepcionalmente alta que convierte a estos bosques en sumideros de carbono de relevancia global.

Gigantes bajo amenaza

Pese a su tamaño descomunal, estos árboles no están exentos de riesgos. Según los propios investigadores, enfrentan amenazas crecientes por la sequía, el ascenso de las nubes vinculado al cambio climático, tifones cada vez más intensos y la tala ilegal, factores que ponen en duda la supervivencia a largo plazo de ecosistemas que tardaron siglos, o directamente milenios, en formarse.

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