Viajar entre San Juan y la costa chilena tiene actualmente un momento en el que la carretera parece desafiar directamente a la geografía. El Paso de Agua Negra asciende hasta unos 4.780 metros sobre el nivel del mar, atraviesa un paisaje prácticamente deshabitado y depende tanto del clima que permanece cerrado durante buena parte del invierno.
Argentina y Chile llevan años imaginando una solución radicalmente diferente: no seguir subiendo los Andes, sino atravesarlos por dentro.
El proyecto del Túnel Internacional de Agua Negra propone excavar dos galerías semiparalelas de 13,9 kilómetros entre San Juan y la Región de Coquimbo. El diseño histórico sitúa la infraestructura a una altitud media cercana a los 3.800 metros y contempla una galería para cada sentido de circulación. La inversión estimada originalmente rondaba los 1.500 millones de dólares. Si algún día se completa, el actual recorrido de alta montaña dejaría de ser el cuello de botella de una ruta mucho más ambiciosa.
No se trata solo de unir Argentina con Chile

Agua Negra es una de las piezas previstas para el llamado Corredor Bioceánico Central, pensado para conectar el puerto chileno de Coquimbo con el centro de Argentina y continuar hacia Porto Alegre, Brasil.
La lógica económica es sencilla: ofrecer a parte de la producción argentina y brasileña una salida alternativa hacia el Pacífico y, desde allí, facilitar las rutas comerciales hacia Asia. La Entidad Binacional Túnel de Agua Negra (EBITAN), creada por ambos países en 2009, sigue definiendo oficialmente el proyecto como una infraestructura destinada a completar ese corredor entre ambos océanos. También resolvería un problema mucho más cotidiano.
El paso actual funciona de manera estacional. Solo en la temporada 2025-2026 registró más de 73.000 cruces de personas, pero las nevadas, derrumbes y condiciones de alta montaña obligan a cerrarlo cuando llega el invierno. En 2026 las autoridades de Coquimbo incluso tuvieron que impulsar trabajos para intentar recuperar la Ruta 41-CH y adelantar su reapertura después de los daños provocados por nieve y aludes.
El túnel fue concebido precisamente para evitar ese ascenso extremo y permitir tránsito durante todo el año. Los planes iniciales calculaban que además recortaría unos 40 kilómetros del recorrido actual.
Hubo dinero, empresas interesadas y hasta una licitación en preparación. Después todo se frenó

El proyecto llegó bastante más lejos que un simple dibujo. En 2017, el Banco Interamericano de Desarrollo aprobó una línea de crédito de hasta 1.500 millones de dólares y una primera operación destinada a iniciar la construcción. EBITAN incluso realizó el proceso de precalificación de empresas para una futura licitación internacional. Pero el túnel nunca llegó a perforarse.
Los años siguientes trajeron revisiones técnicas, cambios de prioridades políticas y el enfriamiento del esquema financiero. Por eso hay un matiz importante en algunas noticias recientes que hablan de que “las obras ya se reanudaron en Chile”.
No están excavando el túnel.
Lo que sí está ocurriendo del lado chileno son mejoras de la ruta existente, pavimentación y trabajos sobre los accesos al Paso de Agua Negra. Documentos oficiales de Coquimbo describen en 2026 obras como nuevos puentes y diseños para completar tramos de la Ruta 41. Al mismo tiempo, las autoridades regionales están intentando reactivar EBITAN, revisar compromisos y encontrar nuevamente financiación para la megaobra.
En 2026, el túnel ha vuelto a despertar. Pero todavía está muy lejos de atravesar los Andes
Ese es probablemente el punto más interesante de Agua Negra ahora mismo.
El proyecto no está muerto. Argentina mantiene formalmente a EBITAN dentro de su estructura pública y, desde Coquimbo, el Gobierno regional volvió a colocar su reactivación entre las prioridades de integración con San Juan. En reuniones recientes se habla explícitamente de recuperar el organismo binacional y definir una nueva hoja de ruta financiera. Pero tampoco existe todavía una tuneladora avanzando bajo la frontera ni dos enormes portales tragándose roca desde ambos países.
Por ahora, Agua Negra está en una fase bastante menos espectacular: volver a conseguir acuerdos políticos, financiación y una estructura capaz de lanzar nuevamente una obra que podría tardar cerca de una década en construirse.
La montaña sigue exactamente donde estaba. Lo que Argentina y Chile están intentando reconstruir en 2026 es el plan para atravesarla.