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Ciencia

Durante 30 años, una roca de 10 kilos sostuvo la puerta de un granero. Cuando una geóloga la vio, supo que aquello no debía estar en la Tierra

Una roca de más de 10 kilos pasó décadas sosteniendo la puerta de un granero en Michigan. En 2018, una geóloga la examinó y descubrió que aquel objeto cotidiano escondía una historia nacida dentro de un asteroide.
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Cuando David Mazurek compró una granja en Edmore, Michigan, en 1988, entre todo lo incluido en la propiedad había un objeto particularmente poco sofisticado: una enorme roca utilizada para mantener abierta la puerta de un granero.

El antiguo propietario le contó una historia bastante más extraordinaria. Según su relato, él y su padre habían visto caer aquella roca durante la década de 1930, escucharon el impacto y posteriormente la recuperaron del terreno. Mazurek se quedó con ella y durante los siguientes 30 años continuó utilizándola prácticamente para lo mismo. Sus hijos incluso llegaron a llevarla alguna vez a la escuela para enseñarla.

Lo curioso es que la historia familiar acertaba en lo más importante. Aquella piedra realmente había llegado del espacio.

Otro meteorito cayó en Michigan y alguien miró el tope de la puerta de manera diferente

Durante 30 años, una roca de 10 kilos sostuvo la puerta de un granero. Cuando una geóloga la vio, supo que aquello no debía estar en la Tierra
© Central Michigan University.

En enero de 2018, otro meteorito atravesó el cielo de Michigan y sus fragmentos empezaron a venderse por cantidades considerables. Mazurek recordó entonces la enorme roca que llevaba décadas moviendo por su propiedad y decidió averiguar si realmente tenía algo especial.

Terminó llevándola hasta Central Michigan University, donde la examinó la geóloga Mona Sirbescu. Llevaba años recibiendo supuestos meteoritos que finalmente resultaban ser simples rocas terrestres. Esta vez la impresión fue distinta desde el principio.

Las pruebas confirmaron que el objeto pesaba 10,22 kilos y estaba compuesto principalmente por hierro y níquel. Sirbescu envió posteriormente muestras al Smithsonian Institution para una clasificación más detallada. El resultado terminó convirtiéndolo en el sexto meteorito más grande registrado en Michigan y en una pieza cuyo valor potencial llegó a estimarse entonces en unos 100.000 dólares.

En 2019 recibió oficialmente un nombre bastante menos misterioso: Edmore. La Meteoritical Society lo clasifica como un meteorito de hierro del grupo IIIAB, una familia de fragmentos metálicos asociados a cuerpos planetarios primitivos. Su superficie conserva además parte de una corteza marrón producida durante su paso por la atmósfera.

Cortarlo reveló algo que ninguna roca terrestre corriente debería esconder

Durante 30 años, una roca de 10 kilos sostuvo la puerta de un granero. Cuando una geóloga la vio, supo que aquello no debía estar en la Tierra
© Central Michigan University.

El verdadero espectáculo estaba dentro. Cuando los investigadores prepararon una sección del meteorito encontraron kamacita, taenita y schreibersita, diferentes fases y minerales ricos en hierro y níquel. Después trataron una sección pulida para revelar un patrón de Widmanstätten, esas estructuras geométricas entrecruzadas características de muchos meteoritos de hierro.

Esas líneas son mucho más que una curiosidad visual.

Los meteoritos de hierro proceden de regiones metálicas de antiguos asteroides. Para que hierro y níquel formen patrones de Widmanstätten, el material debe enfriarse extraordinariamente despacio durante enormes periodos de tiempo. En otras palabras, la estructura que apareció al cortar aquel viejo tope de puerta conservaba información sobre procesos que ocurrieron dentro de otro cuerpo del sistema solar mucho antes de que la roca terminara en Michigan.

Hay, eso sí, una pequeña corrección interesante a la leyenda. Aunque la historia transmitida entre los propietarios asegura que el objeto fue visto caer en 1939, el registro oficial de meteoritos marca el supuesto avistamiento como dudoso. Lo que sí considera sólido es que la pieza fue encontrada aquel año y que su naturaleza extraterrestre está fuera de discusión. Eso hace que la historia sea incluso mejor.

Durante décadas nadie necesitó saber exactamente cuándo había llegado aquella roca a la Tierra. Bastaba con saber una cosa mucho más práctica: pesaba 10 kilos y era excelente evitando que una puerta se cerrara. Hasta que alguien decidió mirar dentro.

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