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Ciencia

Un estudio revela que el cerebro no borra el miedo: crea nuevas memorias para superarlo

Un estudio internacional identificó cómo interactúan distintas regiones del cerebro para formar nuevas memorias que neutralizan las respuestas de miedo. Este hallazgo abre el camino a terapias más eficaces contra la ansiedad y otros trastornos emocionales
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El miedo es una de las emociones más primitivas y poderosas, diseñada para garantizar la supervivencia. Sin embargo, cuando los recuerdos asociados a él se vuelven persistentes, pueden desencadenar trastornos como la ansiedad o el estrés postraumático.

Un equipo internacional de científicos acaba de publicar en Nature Human Behaviour un hallazgo clave: la extinción del miedo no borra la memoria original de amenaza, sino que crea una nueva memoria inhibitoria capaz de suprimirla. Este descubrimiento revela que nuestro cerebro no elimina las huellas negativas, sino que construye otra capa de información que modula la respuesta emocional.

El trabajo se realizó con 49 pacientes con epilepsia, a quienes se les practicaron registros intracraneales en hospitales de París y Guangzhou. Gracias a esta técnica de electroencefalografía intracraneal (iEEG), los investigadores accedieron con gran precisión a áreas profundas del cerebro como la amígdala, el hipocampo y la corteza prefrontal, regiones clave en la gestión del miedo.

Cómo se llevó a cabo el experimento

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© Pexels – Anna Shvets.

Durante la primera fase del estudio, los participantes observaron imágenes de objetos eléctricos que se asociaban a un estímulo aversivo: un grito acompañado de una expresión facial negativa. Con ello, el cerebro de los pacientes aprendió a vincular ciertos estímulos visuales con la amenaza.

Posteriormente, en la fase de extinción, los investigadores cambiaron las asociaciones y retiraron el estímulo aversivo. El objetivo era comprobar cómo los pacientes ajustaban sus expectativas y reconfiguraban sus respuestas emocionales.

Los objetos se presentaron en diferentes contextos visuales, siguiendo un paradigma ABC, lo que permitió evaluar el papel del entorno en la consolidación de memorias de seguridad. Los resultados mostraron que las personas eran capaces de aprender nuevas asociaciones que reducían el miedo, aunque la memoria original de amenaza no desaparecía por completo, coexistiendo ambas huellas.

A nivel neurofisiológico, se detectó un aumento de las oscilaciones theta (4–12 Hz) en la amígdala cuando los pacientes percibían estímulos seguros. Este patrón fue interpretado como una señal de confianza dependiente del contexto en que se aprendía la extinción, lo que contrasta con investigaciones previas que vinculaban estas oscilaciones principalmente con la adquisición del miedo.

La coordinación cerebral que modula el miedo

El estudio identificó que la extinción del miedo depende de la coordinación entre la amígdala, el hipocampo y la corteza prefrontal lateral. Durante el aprendizaje de extinción, la sincronización entre estas regiones aumentó, especialmente cuando los estímulos se presentaban en el mismo contexto donde se había entrenado la supresión del miedo.

Este hallazgo confirma que la extinción no es universal: su eficacia está fuertemente influida por el entorno. Cuando la memoria inhibitoria depende demasiado del contexto, el miedo puede reaparecer al cambiar de escenario, fenómeno conocido como “renovación”. Por el contrario, si la memoria de extinción logra generalizarse, las respuestas de seguridad se mantienen más allá del contexto original, reduciendo el riesgo de recaídas.

Los investigadores señalaron que este delicado equilibrio entre memorias de miedo y de extinción explica por qué los pacientes con ansiedad pueden mejorar en terapia, pero experimentar recaídas al enfrentarse a situaciones nuevas. La clave estaría en potenciar la generalización de la extinción, de manera que la memoria inhibitoria se consolide como predominante frente a la amenaza original.

Implicaciones para el tratamiento de la ansiedad

Tratamiento De Ansiedad
© RDNE Stock project – Pexels

Este descubrimiento tiene implicaciones directas en el diseño de terapias contra la ansiedad, las fobias y el estrés postraumático. Al conocer con mayor detalle los circuitos cerebrales que permiten suprimir el miedo, será posible desarrollar tratamientos más precisos, desde nuevas técnicas de exposición hasta intervenciones basadas en neuromodulación.

Según los autores, entrenar al cerebro para fortalecer la memoria inhibitoria y ampliar su generalización podría ser la clave para evitar recaídas y mejorar la eficacia de los tratamientos actuales. En otras palabras, no se trata de borrar el miedo, sino de enseñarle al cerebro a responder de manera distinta.

El hallazgo, fruto de la colaboración entre equipos de España, Alemania, Francia y China, confirma que el miedo es una memoria persistente, pero también que el cerebro tiene la capacidad de crear nuevos aprendizajes que lo neutralicen. Comprender esa dinámica abre la puerta a terapias innovadoras y a una visión más optimista sobre cómo la mente puede superar recuerdos dolorosos.

[Fuente: Infobae]

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