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Ciencia

Un Mediterráneo convertido en desierto y dos ríos gigantes: la reconstrucción que reescribe el origen del Éufrates

Durante décadas, el origen de uno de los ríos más influyentes de la humanidad permaneció envuelto en incógnitas. Ahora, una investigación internacional revela una historia inesperada de cambios geológicos, mares desaparecidos y fuerzas naturales que transformaron para siempre el paisaje de Oriente Próximo.
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El río Éufrates ha sido durante milenios un símbolo de vida, civilización y desarrollo humano. Sin embargo, su pasado resultó ser mucho más complejo de lo que los científicos imaginaban. Un nuevo estudio ha logrado reconstruir una historia que se extiende a lo largo de millones de años y que incluye mares casi evaporados, gigantescos ríos desaparecidos y movimientos tectónicos capaces de alterar el destino de continentes enteros.

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Dos ríos olvidados dieron origen a una leyenda

Un equipo internacional de investigadores consiguió reconstruir por primera vez la evolución completa del sistema que terminaría convirtiéndose en el actual río Éufrates. Sus conclusiones muestran que este famoso curso de agua no nació como un único río, sino como dos enormes sistemas fluviales independientes que recorrieron la región hace aproximadamente seis millones de años.

Para alcanzar esta conclusión, los científicos analizaron registros sísmicos del subsuelo marino, mapas geológicos detallados y sofisticados modelos informáticos. La clave se encontraba en dos enormes acumulaciones de sedimentos fosilizados descubiertas frente a las costas del Mediterráneo oriental.

Estas formaciones conservaban las huellas de antiguos ríos que los investigadores bautizaron como Paleo-Karasu y Paleo-Murat, en referencia a los principales afluentes que alimentan al Éufrates moderno. El hallazgo permitió resolver un debate científico que llevaba décadas abierto acerca de dónde terminaban realmente las aguas de estos sistemas ancestrales.

Lejos de desembocar en el Golfo Pérsico, como ocurre hoy, ambos ríos vertían sus aguas en una cuenca mediterránea que atravesaba una de las etapas más extraordinarias de su historia.

Cuando el Mediterráneo estuvo cerca de desaparecer

Hace entre 5,97 y 5,33 millones de años ocurrió un fenómeno geológico conocido como la crisis de salinidad del Messiniense. Durante ese período, el Mediterráneo quedó prácticamente aislado del océano Atlántico y gran parte de sus aguas se evaporaron.

Como consecuencia, el nivel del mar descendió entre 1,7 y 2,1 kilómetros respecto al actual. Amplias zonas del fondo marino quedaron expuestas, transformándose en vastas llanuras cubiertas de sal y sedimentos.

Fue en este escenario donde los antiguos Paleo-Karasu y Paleo-Murat transportaban enormes cantidades de agua hacia una cuenca mediterránea profundamente alterada. Los investigadores descubrieron que ambos sistemas fluviales depositaron gigantescos volúmenes de sedimentos que hoy permanecen enterrados bajo el mar.

La reconstrucción del paisaje resulta impactante. Donde actualmente existe un mar profundo, alguna vez se extendieron territorios secos atravesados por grandes ríos que recorrían cientos de kilómetros antes de alcanzar las zonas más bajas de aquella cuenca parcialmente vacía.

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El sorprendente poder de unos ríos gigantescos

Uno de los aspectos más llamativos del estudio es la magnitud que alcanzaron estos sistemas fluviales.

Mediante modelos especializados, los científicos calcularon la cantidad de agua y sedimentos que transportaban. Los resultados revelaron que, pese a poseer cuencas considerablemente más pequeñas que las de algunos grandes ríos actuales, su capacidad de transporte era extraordinaria.

Las estimaciones indican que el Paleo-Karasu movilizaba cerca de 139 millones de toneladas de sedimentos cada año, mientras que el Paleo-Murat transportaba alrededor de 56 millones.

Más sorprendente aún fue el cálculo de sus caudales. Incluso en los escenarios más conservadores, el Paleo-Karasu habría superado al actual Nilo en volumen de agua. El Paleo-Murat, por su parte, también mostraba valores comparables o superiores a los de importantes sistemas fluviales modernos.

Esta situación desconcertó inicialmente a los investigadores porque coincidía con uno de los períodos más áridos de la historia reciente de la Tierra. La explicación más probable apunta a lluvias extremadamente intensas y localizadas, además de un relieve mucho más accidentado que favorecía una rápida concentración del agua en los cauces.

La tectónica cambió para siempre el rumbo de las aguas

La transformación definitiva de estos antiguos ríos fue provocada por una fuerza invisible pero poderosa: la tectónica.

Los movimientos de las fallas geológicas activas en Anatolia comenzaron a modificar gradualmente el relieve de la región. A medida que bloques enteros de terreno se elevaban o desplazaban, los cauces originales fueron alterando su dirección.

El primero en desviarse fue el Paleo-Murat, hace unos 4,3 millones de años. Más tarde, alrededor de 2,8 millones de años atrás, el Paleo-Karasu también cambió de trayectoria. Finalmente, ambos sistemas terminaron convergiendo y formando una red fluvial unificada.

La evolución continuó durante cientos de miles de años hasta que el sistema adoptó una configuración similar a la actual, dirigiendo sus aguas hacia el Golfo Pérsico tras unirse al río Tigris.

Del mito a la evidencia científica

Durante siglos, diversas tradiciones atribuyeron el nacimiento del Éufrates a relatos mitológicos vinculados con los dioses de Mesopotamia. Sin embargo, la geología moderna ofrece una explicación basada en procesos naturales que se desarrollaron a lo largo de millones de años.

La investigación demuestra que los paisajes que parecen permanentes desde la perspectiva humana son, en realidad, estructuras dinámicas sometidas a continuos cambios. Montañas que se elevan, fallas que se desplazan y mares que desaparecen temporalmente pueden transformar por completo el destino de un río.

El trabajo también aporta nuevas pistas sobre las condiciones ambientales que existían antes del surgimiento de algunas de las civilizaciones más antiguas del planeta. Comprender cómo evolucionaron estos sistemas fluviales permite reconstruir el escenario natural que, mucho tiempo después, serviría de base para el desarrollo de las sociedades mesopotámicas.

La próxima vez que alguien observe el recorrido del Éufrates en un mapa, estará viendo únicamente el capítulo más reciente de una historia inmensa. Una historia que comenzó con dos gigantescos ríos separados atravesó un Mediterráneo casi desaparecido y fue moldeada lentamente por las fuerzas más poderosas de la Tierra.

 

[Fuente: La Brújula Verde]

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