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Un misterio bajo el hielo de Plutón: La depresión que desafía a la NASA

Un hallazgo inesperado en la superficie de Plutón ha puesto en entredicho lo que la NASA asumía desde 2015. Lo que parecía un simple cráter de impacto podría esconder una historia mucho más compleja, vinculada a un supervolcán de hielo que aún dejaría huellas de actividad reciente.

Cuando la misión New Horizons sobrevoló Plutón en 2015, el asombro científico se multiplicó con cada imagen enviada desde la periferia del sistema solar. Aquellas fotos parecían dibujar un mundo congelado pero sorprendentemente activo. Hoy, sin embargo, un nuevo análisis pone en duda una de las interpretaciones más aceptadas: la naturaleza de la depresión llamada Kiladze.

Un enigma geológico

Un misterio bajo el hielo de Plutón: la depresión que desafía a la NASA
© X/@MAstronomers.

Durante años, la depresión Kiladze fue considerada un cráter de impacto, producto del choque de un asteroide contra la helada superficie plutoniana. La clasificación parecía lógica: la forma circular y la hondura remitían a la huella de una colisión cósmica. Pero un reciente estudio publicado en The Planetary Science Journal, encabezado por Al Emran del Jet Propulsion Laboratory, cuestiona esta idea al señalar que el relieve no encaja con los patrones conocidos de cráteres.

Los investigadores detectaron que Kiladze alcanza unos tres kilómetros de profundidad, una cifra inusual para un cráter que, con el paso de millones de años, debería haberse rellenado de hielo y sedimentos. La ausencia de ese proceso erosivo abre la puerta a una hipótesis más inquietante: que Kiladze no sea el resultado de un impacto, sino de un colapso interno.

El rastro de un supervolcán de hielo

El equipo científico propone que la depresión sea, en realidad, la caldera de un criovolcán colapsado. En este escenario, una erupción de dimensiones colosales habría expulsado hasta mil kilómetros cúbicos de criomagma —agua helada mezclada con compuestos amoniacales—, debilitando el terreno hasta provocar su hundimiento.

La magnitud de la erupción se compara con los episodios más devastadores de Yellowstone en la Tierra, pero aquí el fuego es sustituido por hielo. Este material habría viajado más de 100 kilómetros, dejando huellas químicas y estructurales imposibles de explicar con la teoría del impacto.

Una Plutón más viva de lo pensado

El hallazgo más llamativo es la presencia de amoníaco en el material eyectado, un compuesto casi ausente en el resto del planeta enano. Su efecto anticongelante habría permitido que el criomagma permaneciera líquido durante más tiempo bajo la superficie, facilitando las erupciones.

Si la hipótesis se confirma, la última gran erupción pudo haberse producido hace apenas tres millones de años, un suspiro en términos geológicos. Esto implicaría que Plutón conserva calor interno suficiente para mantener episodios de criovolcanismo, lo que lo aleja de la imagen de un mundo muerto y lo acerca a la de un cuerpo aún dinámico en los confines del sistema solar.

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