El momento en que los neandertales y los humanos modernos se encontraron en Europa sigue siendo uno de los grandes interrogantes de la prehistoria. Durante miles de años, los neandertales dominaron el continente. Luego llegaron los Homo sapiens y, en algún momento, una de las especies desapareció. La cuestión que divide a los investigadores es simple y fascinante: ¿llegaron realmente a encontrarse en la Península Ibérica?
Un modelo científico para reconstruir la expansión humana
Un nuevo estudio publicado en PLOS One intenta responder a esa pregunta utilizando herramientas poco habituales en arqueología tradicional. En lugar de excavar un yacimiento concreto, el equipo desarrolló un modelo de simulación numérica capaz de recrear el movimiento de las poblaciones humanas durante miles de años.
El trabajo fue dirigido por Yaping Shao, del Instituto de Geofísica y Meteorología de la Universidad de Colonia, junto con el arqueólogo Gerd-Christian Weniger. Ambos investigadores integran este proyecto dentro de HESCOR, un programa interdisciplinar que combina arqueología, climatología y matemáticas para reconstruir la dinámica de las poblaciones humanas prehistóricas.
El modelo simula cómo crecían, migraban o desaparecían los grupos humanos entre hace 50.000 y 38.000 años, un periodo clave en la transición entre el Paleolítico Medio —dominado por los neandertales— y el Paleolítico Superior, asociado a la expansión de los humanos modernos.
El noroeste de la Península como posible punto de contacto

Las simulaciones muestran un patrón bastante claro. A medida que los Homo sapiens avanzaban hacia la Península Ibérica desde el sur de Francia, los neandertales se iban replegando progresivamente hacia refugios costeros. En la mayoría de escenarios simulados, ambos grupos apenas coincidían en el mismo territorio. Sin embargo, en algunos casos concretos el modelo sí permite un breve solapamiento entre ambas poblaciones.
Cuando eso ocurre, la zona donde el encuentro resulta más probable aparece en el norte de la Península Ibérica, especialmente en el noroeste.
Este territorio reúne dos condiciones clave. Por un lado, los humanos modernos habrían llegado relativamente pronto siguiendo la cornisa cantábrica, una ruta natural de expansión desde el sur de Francia. Por otro, algunos grupos de neandertales todavía podrían haber sobrevivido en esa región antes de su desaparición definitiva.
En ese contexto específico, el modelo sugiere la posibilidad de un contacto breve y limitado entre ambos grupos.
Un encuentro raro, pero posible
A pesar de lo llamativo de la hipótesis, los investigadores subrayan que la probabilidad de ese encuentro es baja. Solo alrededor del 1% de las simulaciones genera escenarios donde neandertales y sapiens llegan a coincidir en el mismo espacio y tiempo. Sin embargo, cuando ese contacto se produce, deja huellas significativas en el modelo.
En esos escenarios, entre el 2% y el 6% de la población simulada muestra rasgos genéticos compartidos, un resultado que coincide con lo que hoy sabemos a partir de los análisis de ADN: los humanos modernos conservan pequeñas proporciones de genes neandertales.
El estudio aclara que estos resultados no constituyen una prueba arqueológica directa. Se trata de una hipótesis plausible basada en modelos matemáticos, que ahora puede orientar futuras investigaciones en regiones concretas de la Península.
El clima también jugó un papel clave en la desaparición neandertal

El modelo también aporta una conclusión importante sobre el final de los neandertales. La desaparición de esta especie no se explica únicamente por la llegada de los humanos modernos.
Los investigadores señalan que los cambios climáticos extremos, especialmente los llamados eventos Heinrich, tuvieron un impacto decisivo en las poblaciones neandertales. Estos episodios de frío intenso redujeron drásticamente los recursos disponibles y debilitaron comunidades que ya eran relativamente pequeñas.
Cuando las poblaciones se vuelven demasiado reducidas, cualquier cambio ambiental puede romper el equilibrio y acelerar el declive. En ese contexto, la expansión de los sapiens habría añadido presión, pero no sería la única causa de la desaparición.
Nuevas pistas sobre las rutas de expansión humana
El estudio también identifica posibles rutas de expansión dentro de la Península Ibérica. Además del avance por la costa cantábrica, el modelo señala un corredor interior siguiendo el valle del Duero, que conectaría Cantabria con el oeste peninsular y Portugal.
Este camino podría ayudar a explicar debates abiertos sobre yacimientos como Lapa do Picareiro, en Portugal, y la rapidez con la que los humanos modernos se expandieron por el oeste de Europa.
En definitiva, el estudio no ofrece una respuesta definitiva al misterio del encuentro entre neandertales y sapiens en España. Pero sí reduce el mapa de posibilidades. Si ese primer cruce ocurrió en la Península Ibérica, las simulaciones sugieren que probablemente sucedió en el noroeste del territorio. Y si nunca ocurrió, el modelo ofrece una explicación igualmente plausible: ambos grupos llegaron demasiado tarde para encontrarse.