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Ciencia

Un profesor encontró cuatro huellas gigantes en Dakota del Norte y resultaron ser algo que nunca habíamos visto: el primer rastro que permite seguir los pasos de un T. rex adulto hace 66,5 millones de años

Cuatro huellas de casi un metro conservan siete metros del recorrido de un probable T. rex adulto. La distancia entre ellas permite reconstruir su caminata y calcular que avanzaba a un ritmo similar al de una persona con prisa.
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Los esqueletos nos han permitido reconstruir prácticamente todo el cuerpo de Tyrannosaurus rex: sabemos cuánto podía medir, cuánto pesaba, cómo cerraba sus enormes mandíbulas e incluso podemos modelar su musculatura. Pero hay algo que un montón de huesos inmóviles difícilmente puede enseñar.

Cómo era encontrarse con uno caminando.

En 2025, Kent Hups, profesor de secundaria y voluntario en excavaciones paleontológicas, recorría las badlands del suroeste de Dakota del Norte cuando distinguió unas formas extrañas sobresaliendo del terreno. Aquellas rocas terminaron siendo cuatro enormes huellas de tres dedos distribuidas a lo largo de unos siete metros.

Un estudio publicado ahora en Journal of Vertebrate Paleontology concluye que el candidato más probable para haberlas dejado es un T. rex adulto. Y, si la identificación es correcta, estamos ante algo que nunca se había documentado: el primer rastro continuo conocido de un ejemplar adulto de la especie.

Cuatro huellas bastan para recuperar unos segundos de hace 66,5 millones de años

Un profesor encontró cuatro huellas gigantes en Dakota del Norte y resultaron ser algo que nunca habíamos visto: el primer rastro que permite seguir los pasos de un T. rex adulto hace 66,5 millones de años
© Andrey Atuchin.

Cada impresión mide aproximadamente un metro de largo por 80 centímetros de ancho. Hay dos pisadas del pie izquierdo y otras dos del derecho, separadas por zancadas cercanas a los cuatro metros.

No contienen suficiente detalle como para identificar al animal únicamente mirando la forma de los dedos: 66,5 millones de años de meteorización han hecho su trabajo. Pero tamaño, proporciones, edad y ubicación reducen mucho la lista de sospechosos.

Los hadrosaurios como Edmontosaurus también podían dejar enormes huellas tridáctilas, pero tendían a producir impresiones más anchas y con dedos más gruesos. Estas son alargadas, estrechas y están entre las mayores huellas de tres dedos conocidas. Además, la misma región de Hell Creek ha proporcionado numerosos huesos y esqueletos parciales de T. rex. Por eso los autores consideran que un tiranosaurio adulto es con diferencia la explicación más probable, aunque prudentemente no la presentan como una identificación absoluta.

Lo mejor viene de la separación entre las huellas. Con una zancada de unos cuatro metros y pies de ese tamaño, los modelos sitúan al animal moviéndose aproximadamente entre 1,5 y 2 metros por segundo, equivalentes a unos 5,4-7,2 km/h. Es decir, no estaba corriendo detrás de un Triceratops ni protagonizando una persecución. Simplemente caminaba a un ritmo parecido al de una persona andando rápido.

Un esqueleto dice cómo era el animal. Una huella cuenta qué estaba haciendo

Un profesor encontró cuatro huellas gigantes en Dakota del Norte y resultaron ser algo que nunca habíamos visto: el primer rastro que permite seguir los pasos de un T. rex adulto hace 66,5 millones de años
© Kent Hups.

Ahí está la verdadera rareza del descubrimiento. Ya existían huellas aisladas atribuidas a T. rex adultos. También conocemos rastros de tiranosáuridos más pequeños, producidos probablemente por juveniles u otras especies. Lo que faltaba era una secuencia suficientemente grande como para vincularla con un adulto y extraer información de su locomoción.

Tyler Lyson, conservador del Denver Museum of Nature & Science, lo resume con una diferencia importante: los huesos describen al animal, mientras que las huellas conservan un momento de su comportamiento. Con un rastro puede seguirse literalmente la dirección en la que se desplazó. Y este paseo ocurrió muy cerca del final.

El estrato se encuentra en la Formación Hell Creek y ha sido datado en aproximadamente 66,5 millones de años, solo unos cientos de miles de años antes de la extinción del final del Cretácico. El animal estaba caminando por un paisaje en el que todavía convivían Triceratops, Edmontosaurus y otros habitantes de uno de los últimos ecosistemas dominados por dinosaurios no avianos.

El científico que analizó las huellas ni siquiera necesitó viajar hasta ellas

Un profesor encontró cuatro huellas gigantes en Dakota del Norte y resultaron ser algo que nunca habíamos visto: el primer rastro que permite seguir los pasos de un T. rex adulto hace 66,5 millones de años
© Kent Hups.

El equipo escaneó todo el rastro mediante fotogrametría y modelos tridimensionales de alta resolución. Eso permitió que Peter Falkingham, especialista en huellas de dinosaurios de Liverpool John Moores University y autor principal del estudio, pudiera estudiar las pisadas desde Reino Unido sin haber pisado nunca el yacimiento. Incluso pudo recorrer los modelos mediante realidad virtual.

Ahora tres de las huellas serán retiradas mediante helicóptero y trasladadas al Denver Museum of Nature & Science para su conservación y estudio. Puede que futuras excavaciones descubran más pasos escondidos bajo la roca, aunque los autores advierten que hay una enorme cantidad de sedimento encima y no será sencillo.

Por ahora tenemos siete metros. Parece poco para un animal que pudo recorrer miles de kilómetros durante su vida. Pero son siete metros que convierten una criatura extinguida hace 66,5 millones de años en algo mucho menos estático: cuatro pisadas que permiten seguir, por primera vez, a un T. rex adulto mientras simplemente caminaba por su mundo.

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