Saltar al contenido

Un rastro de 126.000 años hallado en Sudáfrica revela cómo un pequeño mamífero dejó grabada una huella única del clima prehistórico

Investigadores descubrieron en la costa del Cabo una marca fósil única: el rastro de “arrastre de glúteos” de un damán roquero. Este hallazgo, documentado por Popular Science, ofrece nuevas pistas sobre el comportamiento animal y los ecosistemas del Pleistoceno, abriendo una ventana a la vida y el clima de hace más de 100.000 años.

A veces, las huellas más humildes son las que mejor conservan la historia. En la costa sur de Sudáfrica, un grupo de científicos halló algo insólito: un rastro fosilizado de un pequeño mamífero que, hace más de 126.000 años, se deslizó sobre la arena dejando tras de sí una marca tan peculiar como reveladora. Lo que parece una simple “huella de glúteos” se ha convertido en una pieza clave para entender cómo eran el clima, los suelos y el comportamiento de los animales que habitaron el Cabo durante la prehistoria.


Un hallazgo sin precedentes en la costa del Cabo

El descubrimiento se registró al este de Still Bay, en la región costera del Cabo, y fue liderado por un equipo del African Centre for Coastal Palaeoscience. Los científicos identificaron una impresión de 95 centímetros de largo y 13 de ancho, marcada por cinco estrías paralelas y una pequeña protuberancia central.

Según los autores, se trata del primer fósil conocido de “arrastre de glúteos” y fue probablemente producido por un damán roquero (Procavia capensis), un mamífero herbívoro de tamaño similar a un conejo, más emparentado con los elefantes que con los roedores.

La investigación, publicada en International Journal for Plant and Animal Traces y difundida por Popular Science, describe la impresión como un registro excepcional del comportamiento animal, capaz de ofrecer información sobre el entorno y las condiciones del suelo durante el Pleistoceno medio, hace unos 126.000 años.

Un rastro de 126.000 años hallado en Sudáfrica revela cómo un pequeño mamífero dejó grabada una huella única del clima prehistórico
© EarthArchivesHQ – X

Cómo se dató y qué revelan las marcas

El rastro fue fechado mediante luminiscencia estimulada ópticamente, una técnica que permite determinar cuándo los granos de arena quedaron expuestos por última vez a la luz solar. Esto estableció la antigüedad del depósito y confirmó que el fósil se formó en un periodo interglaciar cálido, cuando el nivel del mar y la vegetación eran diferentes a los actuales.

Dentro de la marca, los investigadores hallaron una protuberancia de dos centímetros de alto y diez de ancho que podría corresponder a un coprolito (excremento fosilizado). La disposición de las estrías y la textura del sedimento sugieren que el animal se arrastró suavemente sobre la superficie, borrando sus propias huellas mientras dejaba una impronta distintiva.

El equipo descarta que se trate de una marca producida por otro animal. Se analizaron hipótesis alternativas —como el paso de un leopardo, un humano ancestral o un elefante—, pero ninguna explicaba la morfología de la impresión ni la presencia del posible coprolito en su interior. La interpretación más probable, según los autores, es que un damán roquero se deslizó deliberadamente, dejando un rastro que quedó sellado por el tiempo.


El hyraceum: un archivo natural de la prehistoria

Más allá del gesto anecdótico, los damanes roqueros son ingenieros del registro fósil. Estos animales acumulan durante generaciones sus desechos en grietas y refugios rocosos, formando capas de un material oscuro llamado hyraceum: una mezcla cementada de orina y excremento que puede conservarse durante decenas de miles de años.

El hyraceum es una auténtica cápsula del tiempo ecológica: contiene restos de polen, vegetación y compuestos químicos que permiten reconstruir el clima y la flora del pasado. Popular Science destaca que estos depósitos son recursos no renovables, muy sensibles a la erosión y al cambio ambiental.

En el caso del Cabo, los investigadores también hallaron superficies rocosas pulidas por el roce de los damanes, huecos de “baños de polvo” y antiguos cúmulos de hyraceum. Todo ello conforma una red de rastros fósiles que ilustra cómo estos pequeños mamíferos interactuaban con su entorno y cómo su comportamiento se convirtió, sin quererlo, en un registro geológico.

Un rastro de 126.000 años hallado en Sudáfrica revela cómo un pequeño mamífero dejó grabada una huella única del clima prehistórico
© ramonovic09 – X

Un equipo y una región clave para la paleociencia

El hallazgo fue liderado por los científicos Charles Helm, Lynne Quick y Mathilde Stuart, junto al rastreador profesional Mike Fabricius, que ya había identificado otro posible sitio con huellas fósiles de damanes cerca de Walker Bay, datado en unos 76.000 años.

Ambos descubrimientos son únicos en el mundo: hasta ahora no existían rastros fósiles confirmados de damanes roqueros. La coincidencia de estos hallazgos en el Cabo sugiere que la zona fue un refugio climático durante las oscilaciones glaciales del Pleistoceno, con condiciones estables que favorecieron la preservación de huellas, madrigueras y sedimentos orgánicos.

El equipo propone reconocer el hyraceum como un tipo formal de rastro fósil, lo que abriría nuevas vías de conservación para este material biológico de alto valor científico.


Pequeñas huellas, grandes historias

Aunque pueda parecer trivial, el rastro del “arrastre de glúteos” es un recordatorio de cómo los comportamientos cotidianos pueden quedar grabados en piedra durante milenios. Estas marcas, junto con los depósitos de hyraceum, permiten a los científicos reconstruir ecosistemas antiguos, rastrear cambios climáticos y comprender cómo los animales se adaptaban a los ambientes cambiantes del pasado.

Cada huella, por modesta que sea, amplía la narración del planeta: la historia de un pequeño mamífero que dejó su firma en la arena y, sin saberlo, un testimonio duradero de la vida prehistórica.

Fuente: Infobae.

También te puede interesar