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Ciencia

Un repelente contra los mosquitos utilizado por casi todos podría estar entrenándolos para que busquen alimentarse de tu sangre

Aparentemente, los mosquitos aprenden a vencer su odio al DEET
Por Ed Cara Traducido por

Tiempo de lectura 4 minutos

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La forma preferida de protección contra los temibles mosquitos podría tener un punto débil que no esperábamos. Un trabajo de investigación que se dio a conocer hoy muestra que los mosquitos pueden aprender a sentir afición por el DEET, un ingrediente común en los repelentes contra insectos.

En EE.UU. y Francia un equipo de científicos llevó a cabo experimentos de laboratorio con mosquitos Aedes aegypti, especie conocida por transmitir varias enfermedades como la fiebre amarilla y el dengue. Lograron revertir la aversión de los mosquitos hacia la sustancia química e incluso lograron que estuvieran más dispuestos a acercarse a un humano que se hubiera rociado con DEET. Aunque el DEET sigue siendo una valiosa medida contra los mosquitos, los hallazgos sugieren que hay que seguir las instrucciones tal como se indica en la etiqueta del producto, afirman los investigadores.

“El DEET sigue siendo la regla de oro en repelentes contra mosquitos”, le dijo a Gizmodo el autor del trabajo Clément Vinauger, profesor adjunto del departamento de bioquímica en Virginia Tech. “Nuestro trabajo sirve como recordatorio de que hay que leer las recomendaciones del fabricante en cuanto a dosis y frecuencia de aplicación para asegurar que los productos sean tan efectivos como sea posible”.

El misterio del DEET

Se conoce como DEET a la N,N-Dietil-meta-toluamida, desarrollada por entomólogos del ejército estadounidense en la década de 1940, y que desde entonces se utiliza ampliamente en el control de plagas. Es seguro para utilizar sobre la piel y la ropa, y puede mantener alejados a muchos invertebrados molestos como las pulgas, las garrapatas y los mosquitos.

Aunque el DEET es útil, todavía sorprende que haya detalles que no se conocen, como cuál es el motivo preciso de que repela a los mosquitos. Pero Vinauger dice que hay varias teorías al respecto.

Una es que el DEET resulta inherentemente tóxico al sistema nervioso del insecto, como sucede con muchos pesticidas. Otra es que hace que los mosquitos no detecten a las personas al bloquear su percepción de los químicos que emitimos. Y por último, otra teoría indica que el DEET podría despertar en los mosquitos los mismos receptores que utilizan las plantas como defensa química. Es decir que podría recordarles algo natural que les es especialmente desagradable a los mosquitos, sin dañarlos directamente. Tal vez, la explicación sea una combinación de varias teorías.

En investigaciones anteriores, en las que también trabajó este equipo, se encontró que la breve exposición al DEET puede debilitar el efecto repelente que tiene en los mosquitos que vuelven a percibirlo. Por eso los investigadores querían probar si era posible cambiar lo que el mosquito siente respecto del DEET, resultado que podría respaldar la tercera hipótesis.

En sus experimentos utilizaron el principio de Pavlov, o condicionamiento. La técnica se hizo famosa porque se usó para entrenar a unos perros para que relacionaran el sonido de un timbre (estímulo neutro) con la comida (estímulo no condicionado), que hacía que salivaran (respuesta no condicionada). Eventualmente, con solo oír el timbre (estímulo ahora condicionado), los perros salivaban (respuesta condicionada).

Para su estudio, se les dio primero a las hembras de los mosquitos sangre a través de una tolva cálida (a los mosquitos les atrae naturalmente el calor, por lo que funcionaba como estímulo no condicionado). Luego expusieron a algunos de los mosquitos al DEET y al calor al mismo tiempo que la sangre.

Eventualmente, muchos de los mosquitos aprendieron a relacionar el DEET con la posibilidad de alimentarse de sangre, y  más del 60% intentó alimentarse tras estar expuestos al olor del DEET solamente. El equipo replicó el mismo experimento usando DEET y azúcar, otra fuente de alimento para los mosquitos. Y los resultados fueron similares. Estudiaron además cómo se comportaban los mosquitos entrenados con DEET en torno a los brazos de un humano protegido con una barrera de malla.

“La atracción aprendida se observó también en el contexto de un voluntario humano que había rociado DEET sobre su piel”, dijo Vinauger. “Los mosquitos prefirieron el brazo con DEET en lugar del brazo que no se había rociado, lo que indicó que el DEET aumentaba el atractivo para los mosquitos que se habían condicionado”.

Los resultados del trabajo de este equipo se publicaron el jueves en el Journal of Experimental Biology.

Lo que significa para el uso del DEET

Vinauger señala que el estudio de este equipo representa un escenario experimental específico. Por eso no queda claro del todo si los mosquitos que no están en laboratorio podrían aprender a vencer su aversión al DEET. Hay formas plausibles en que sí podría suceder.

“Hay una posible situación en el mundo real, en que un mosquito pica a alguien que se aplicó DEET con mucha anterioridad, de modo que queda muy poco DEET sobre su piel. Es posible que el mosquito pique y aprenda la relación que hay entre la presencia de DEET y la posibilidad de alimentarse de sangre”, explicó Vinauger.

Dicho esto, los investigadores creen que probablemente se trate de una situación poco frecuente. Por eso este estudio no debería hacer que evitemos usar DEET. Lo que sí hay que hacer para evitar el riesgo es volver a aplicarse DEET con la frecuencia indicada en la etiqueta del envase.

Por su parte, el equipo está entusiasmado por las lecciones aprendidas en su investigación, ya que les acerca más a entender exactamente cómo funciona el DEET.

“Ese conocimiento será esencial para poder diseñar novedosos repelentes que sean complementarios al DEET en lugar de buscar a mayor costo y por mucho más tiempo una sustancia entre una lista de cientos de químicos que pudieran ser efectivos”, dijo Vinauger. “Diversificar el arsenal contra los mosquitos podría ayudar a reducir el riesgo de que los mosquitos se vuelvan resistentes, indiferentes o más astutos que nuestras estrategias de control”.

Sigue habiendo varios misterios más en torno al DEET y los mosquitos. El equipo planea estudiar por cuánto tiempo pueden recordar los mosquitos los recuerdos de su entrenamiento con el DEET y conocer si el EET puede afectar a otras especies de manera diferente.

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