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Ciencia

Un resplandor en la oscuridad: El James Webb capta el nacimiento de un mundo

Por primera vez, el telescopio James Webb ha conseguido observar directamente un exoplaneta en plena formación dentro de un disco de escombros estelar. El hallazgo revela secretos de la infancia de los sistemas planetarios y abre una nueva era en la búsqueda de mundos parecidos a la Tierra.
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El telescopio espacial James Webb continúa rompiendo barreras. En su último hito, ha logrado algo que los científicos llevaban décadas esperando: captar a un planeta mientras nace, oculto en un disco de polvo que rodea a una joven estrella. Este descubrimiento no solo es asombroso por su precisión, sino también por lo que revela sobre nuestros orígenes cósmicos.

Un planeta recién nacido atrapado por primera vez

Un resplandor en la oscuridad: el James Webb capta el nacimiento de un mundo
© A.-M. Lagrange and al.

Gracias a sus instrumentos de última generación, el James Webb ha detectado un exoplaneta llamado TWA 7b, oculto dentro del disco de escombros de la estrella TWA 7. La peculiaridad es que la estrella fue observada desde uno de sus polos, lo que permitió una visión inédita de sus anillos y estructuras internas.

TWA 7b, según los investigadores, es un planeta gaseoso de unas 30 veces menos masa que Júpiter y orbita a una distancia de 52 unidades astronómicas. Su imagen es una de las más precisas jamás obtenidas para planetas tan pequeños, y representa un paso clave en el objetivo de captar cuerpos celestes más parecidos a la Tierra.

El descubrimiento fue posible gracias a un coronógrafo que bloquea la intensa luz estelar para revelar los objetos cercanos. Hasta ahora, muchos huecos detectados en discos protoplanetarios se atribuían a planetas invisibles que despejaban su órbita. Pero nunca se había logrado observarlos con este nivel de detalle.

Un sistema de tres anillos y una fuente brillante

Un resplandor en la oscuridad: el James Webb capta el nacimiento de un mundo
© A.-M. Lagrange and al.

El sistema TWA 7 destaca por sus tres anillos claramente diferenciados. En el más estrecho de ellos, los científicos detectaron una fuente de calor que, tras varios análisis, fue confirmada como un planeta. Los planetas recién formados emiten calor, y eso es lo que permitió al James Webb detectarlo en el espectro infrarrojo medio.

Este “planeta bebé” se encuentra en una fase extremadamente temprana de formación, lo que convierte la imagen en una especie de fotografía de su nacimiento. En palabras del astrofísico Enric Pallé, es como observar a un bebé en sus primeros minutos de vida. Esta captura no solo confirma teorías previas, sino que también refina los modelos sobre cómo se forman los sistemas planetarios.

El primer paso hacia mundos como el nuestro

Para el investigador Francisco J. Pozuelos, el avance más importante no es solo haber visto un planeta, sino haberlo hecho con una técnica capaz de detectar cuerpos mucho más pequeños. Hasta hace poco, los únicos planetas visibles con imagen directa eran gigantes. Hoy, Webb ha permitido ver uno más pequeño que Saturno.

El hallazgo acerca a la ciencia al objetivo de detectar planetas similares a la Tierra en zonas habitables. Ya se están identificando sistemas candidatos para futuras observaciones. La esperanza es que, con el tiempo, nuevos instrumentos permitan ver planetas aún más pequeños y fríos, acercándonos al sueño de encontrar otros mundos como el nuestro.

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